Las ideas de Hegel aún se imponen a tecnologías tan punteras como la IA
La capacidad de la IA para contribuir al alcance de la ciencia y la tecnología es elogiada cotidianamente. ChatGPT, Gemini y demás inteligencias artificiales siguen desarrollándose y hacen temblar a humanistas, estudiantes de ciencias sociales y hasta de exactas o naturales, temiendo la pérdida de sus empleos. Pero, de ser tan eficiente y mayúscula como se cree, ¿cómo es posible que no haya conseguido dominar un método descrito en el siglo XVIII por Hegel?
¿Qué es la dialéctica hegeliana?
Nacido a finales del siglo XVIII, se puede considerar a Georg Hegel el último pensador de la modernidad, dando inicio al pensamiento contemporáneo. En sus obras, el filósofo alemán planteó una manera novedosa de concebir la realidad. Para él, el progreso social e intelectual parte del conflicto entre conceptos opuestos que, tras pugnar entre sí, dan lugar a una realidad superior. Basa su proceso dialéctico en tres partes: tesis, antítesis y síntesis. La primera consiste en postular una afirmación inicial sobre un fenómeno. Un ejemplo podría ser: existe la libertad absoluta.
La antítesis se plantea como contradicción u oposición a la tesis, generando el necesario conflicto. Este choque es fundamental para generar una nueva perspectiva que cuestione la primera. Ejemplo de antítesis podría ser: sin leyes morales, la libertad individual dañaría a la comunidad. Y finalmente, aparece la síntesis superadora. Esta reconcilia las dos ideas opuestas creando un fenómeno o idea que asimile a ambas a la vez que las supere. El ejemplo final sería la libertad concreta: en ella el individuo disfruta de su libertad de elección en el contexto de unas reglas sociales.
El impacto de la dialéctica hegeliana
El pensamiento de Hegel ha tenido un impacto tremendo en el conocimiento occidental. Su dialéctica ha permitido analizar los procesos de evolución histórica de las ideas en múltiples disciplinas: la historia, las ciencias políticas, la filosofía, la sociología… De hecho, sin su doctrina sería imposible entender el existencialismo de Jean-Paul Sartre, el materialismo histórico de Marx y Engels, el desarrollo del ego de Jacques Lacan o la teoría cultural de Adorno y Walter Benjamin.
La dialéctica hegeliana, a ojos de Byung-Chul Han, sería altamente erótica, puesto que invita al individuo a ir más allá, a acercarse a lo otro, a lo desconocido y descubrirlo. Tiene mucho de Eros y, también, mucho de Logos. Tiene mucho de narrativa y de hermenéutica, pero no por ello pierde su influencia en las ciencias exactas o naturales. De hecho, se podría considerar el paso de la física clásica de Isaac Newton a la teoría de la relatividad de Albert Einstein como un proceso fácilmente explicable mediante la dialéctica hegeliana. La primera es la tesis y, tras advertir sus contradicciones en un proceso de antítesis, Einstein dio con la segunda como síntesis.

¿Podría la IA llevar a cabo un proceso así?
Se presume cotidianamente del avance de la IA, se la elogia como nuevo sumun del conocimiento y se alerta a humanistas y científicos, tanto sociales como naturales, del ocaso de su labor, pero ¿acaso puede la IA proponer algo? ¿Puede descubrir o sintetizar? Partiendo de la base, una IA carece de voluntad propia, es decir, de tener la capacidad de generar una tesis (que sí la tiene) necesita que un usuario se la solicite. Es capaz de producir un planteamiento inicial previa solicitación a raíz de sus bases de datos, eso es cierto.
Para el momento de generar una antítesis, se podría considerar que es capaz de hacerlo, puesto que puede comparar la afirmación inicial con una infinita cantidad de fuentes que saquen a relucir sus contradicciones. Pero ¿es eso realmente poder comparar? Siempre realizará este ejercicio con respecto a una base de datos preexistente, su capacidad de creatividad es nula y, por lo tanto, inútil para la generación de nuevo conocimiento. Más aún, al momento de plantear una síntesis, la ineptitud de la IA queda verdaderamente de manifiesto. Para esto debería poder asimilar aspectos fundamentales de ambos postulados iniciales en una alternativa superior y novedosa. Esto requiere, además de la capacidad de comprensión profunda y ambivalente de ambas posturas, poder innovar y trascender, cosa que la IA es incapaz de hacer.
¿Por qué la tecnología más puntera no supera a un señor del 1770?
La dialéctica hegeliana implica comprensión y resolución, no basta con acumular datos como hace una IA, sino que se debe generar una tensión abstracta entre ideas. Una inteligencia artificial calcula y opera a partir de unos patrones, es incapaz de comprender nada y mucho menos de sintetizarlo de manera autónoma. Lo único que puede hacer es remitirte a otro autor anterior que no necesariamente aportará nada a este método de generación de conocimiento que viene desarrollándose en nuestro mundo desde el siglo XVIII.
Una IA es fundamentalmente una herramienta de búsqueda hacia lo que ya existe, jamás podrá crear o generar nada. Se basa en encontrar lo que se solicita en una base de datos gigantesca, pero no tiene capacidad de reflexión o creatividad. La ciencia, en cualquiera de sus disciplinas, como demuestra Hegel, precisa de la improvisación, de la innovación y del raciocinio. Todas ellas, características inalcanzables para una inteligencia artificial, puesto que están solo a disposición de la inteligencia humana. Quizás, lo que delaten las ideas hegelianas es que siempre, contra todo pronóstico, va a hacer falta el cerebro humano para transformar nuestra realidad.


