‘Uno debe morir’, un arquetípico thriller con mensaje

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Foto de la portada en USA | Fuente:https://www.amazon.es/s?k=all+your+twisted+secrets&hvadid=80470603872320&hvbmt=bp&hvdev=c&hvqmt=p&tag=bingamazonest-21&ref=pd_sl_42k5i4pyra_p

Hay decisiones que cambian vidas, y decisiones que las quitan

El pasado seis de mayo, la editorial Obscura publicaba Uno debe morir, escrito por Diana Urban, y traducido al español por Scheherezade Surià. Un libro juvenil en el que la autora indaga en el interior de los personajes para exponer una situación extrema, cuyo final es un mensaje que nunca está de más recordar.

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Es universalmente sabido que, si un fenómeno funciona, se debe exprimir hasta la última gota. Tomemos Crepúsculo. Esa novela cuya portada estaba conformada por un adjetivo, un título, normalmente blanco o rojo, con un elemento visual portador de los mismos colores, en un fondo negro. Ese estilo de portada llenó miles de estanterías. Aquella combinación de colores era la representación física de lo que trataba la novela: vampiros y amor adolescente.

De esta forma, de los vampiros y los sustantivos rojos o blancos, pasamos a los colores más llamativos en sagas como La Selección y sucedáneos, y/o al añadido de un adjetivo, como en la saga Los habitantes del aire y derivados. El esquema siempre es el mismo. Márketing puro y duro. Pero, a la vez, es una facilidad. El lector muchas veces quiere leer algo en específico. Un libro que le evoque los sentimientos o recuerdos que avivó en él una novela ya leída. Quiere la misma sensación, pero una diferente historia. De esta forma, siguiendo el esquema, encontrar ese libro es tan sencillo como guiarse por los tres elementos de la portada.

Portada de la novela en USA | Fuente:Yalsa.ala.org

Así, Uno debe morir entra dentro de las novelas que llamaré, tanto por lo que se ha dicho de ellas, como por la sensación que me da al leerlos, Agatha Christie con Twitter. Unos thrillers donde sus protagonistas están sacados de El club de los cinco, pero cambiando, en algunos casos que no en todos, parte de sus personalidades. Es un fenómeno en alza en los últimos años, con títulos como Alguien está mintiendo (Karen M. McManus), Alguien es el siguiente (continuación del anterior), Hay alguien en tu casa (Stephanie Perkins) o Asesinato para principiantes (Holly Jackson) y su continuación, Desaparición para expertos. Novelas adictivas, que enganchan y te hacen pasar un rato ameno y entretenido.

Una combinación calculada

De esta manera, Uno debe morir es el libro adecuado para empezar con este tipo de literatura, o un buen ejemplar con el que sumergirte en ella. En una historia donde seis jóvenes creen haber conseguido una beca para pagarse sus estudios y su futuro. Al reunirse en un restaurante para la celebración y la entrega de cheques se encuentran encerrados en un salón con una jeringuilla, una bomba y una nota; deben matar a uno de ellos en menos de una hora o todos morirán. De esta forma, empieza una partida contrarreloj en la que pasado y presente se juntan para decidir quién se queda sin futuro.

La reina abeja, el porreta, el deportista, la compositora, la rarita y el empollón son los personajes representativos de ficción adolescente que Diana Urban usa para exponer diferentes tipos de problemas y tratar la moralidad del ser humano, de una manera básica y superficial, desde diferentes puntos de vista. Si bien es cierto que es capaz de darle más profundidad a algunos personajes tan manidos, es verdad que en ocasiones no va más allá y se queda en las características típicas y clásicas de tales personajes, al igual que algunas tramas en las que se desarrollan.

El libro es esquemático. Esto quiere decir que tiene todos los elementos propios de una novela de misterio y, a la vez, todos los ingredientes para elaborar un libro para adolescentes. Sigue todas las pautas que encontramos en las novelas mencionadas anteriormente, por lo que funciona muy bien a la hora de dar lo que ofrece: una novela sin pretensiones que con otro enigma a resolver en un pueblo de Estados Unidos. Sin embargo, el que sea tan esquemático lo hace predecible y falto de originalidad. Aquellas revelaciones que deberían ser impactantes se quedan a medio gas, apoyadas solamente por el deseo de saber cómo acabará el destino de los seis adolescentes.

Un toque especial

Sin embargo, la falta de originalidad y la sensación anticlimática en la resolución y descubrimiento de la verdad se compensa por la sensación de angustia e impotencia al leer el libro. Como ya se ha mencionado, los personajes y las tramas se han visto antes, ya sea en libros parecidos o en millones de películas estadounidenses que por mucho que se consuman jamás se entenderá cómo funciona el sistema educativo propio del país. Y si bien esto perjudica a la hora de sorprender al lector (en la mayoría de casos, pues si no se es familiar con este tipo de ficción, esta novela es un buen comienzo ya que recoge casi todos los aspectos principales base de todas esas historias), favorece en el momento en el que se tiene que empatizar con ellos. Las razones por las que se encuentran en esa situación, la decisión que se tienen que tomar… Puede que seas un lector, pero vas a querer que alguien muera en esa sala, y que sufra. Vas a replantearte lo que harías en su lugar, si llegarías a matar, o si, simplemente, te quedarías quieto. Junto con esto, la novela lanza un mensaje, y la manera en la que el libro te hace reflexionar, unido a la reafirmación de ese mensaje que nunca está de más recordar y enfatizar, hace que el libro sea una grata experiencia.

El libro es cercano para el público al que va dirigido, a ese rango entre la adolescencia y el joven adulto. Toma escenas cotidianas y detalles del día a día de muchas personas, por muy estadounidense que sea la ambientación. El estrés por un futuro, a la vez que se intenta manejar el presente, la música que algún personaje escucha, al igual que el lector que oye la misma melodía justo en el momento en el que lee la novela, la jerga y bromas internas de las redes sociales, etc.

Todo forma un mundo conocido y afín, con unas personas que quizás ni te caigan bien, pero que llegará un momento en el que estés tan sumergido en su mundo y sus problemas que solo querrás llegar a la última página para ver cómo han salido de la situación que les ha tocado vivir. A esto se le suma el toque de intriga que la autora deja en algunos momentos, acertando en el cuándo, pues si el libro consigue una cosa, es no aburrir. Puede que creas saber lo que va a pasar, y seguramente sea así, pero hasta que no lo leas no lo descubrirás, y vas querer descubrirlo.

Así, Uno debe morir es un libro anticlimático que consigue sus objetivos, el de entretener y lanzar su mensaje, en lo que es una lectura amena, sistemática y reflexiva con puntos de presión que, si bien se desinflan, más que explotar, no defraudan.

 

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