Disney Channel se crea, pero no se destruye, se transforma
El pasado 30 de julio Disney+ cerraba la segunda temporada de HSMTMTS. Una tanda de doce capítulos que durante tres meses, cada semana, nos ha traído una sesión de amistad, música y amor.
Con esta premisa, corta y básica, que se podría extrapolar tanto a la primera temporada de la serie como a cualquier otro musical adolescente, y no tan adolescente, pasamos a ver qué tal ha sido, sin muchos spoilers, la segunda temporada de la serie.
Esta temporada se aleja de las películas de High School Musical, preparando el musical de La Bella y la Bestia. Sin embargo, esto les sienta de maravilla, pues lo que se puede ver de la actuación y los ensayos, además de las canciones, es una hermosura y no evita la eliminación de referencias a la trilogía.
A esto se le une la consolidación de la esencia en su primer capítulo. La alegría y la melancolía de la felicidad al saber que estas en el punto álgido donde todo a tu alrededor te es conocido, bueno y estable, justo antes de tomar una decisión que cambiará tu futuro. Como toda producción de instituto que se sitúa en los últimos cursos, sus personajes deben pensar en lo que les espera más allá. Qué estudiar, qué profesión tomar, seguir sus sueños o ser pragmáticos a la hora de elegir. Continuar la tradición familiar o salirse del molde, sin olvidar la eterna búsqueda del yo mismo, de quién es cada uno como persona, basándose en las decisiones y momentos cruciales que en esos años se viven.
Un caleidoscopio humano
Sin embargo, la temporada no se centra especialmente en esos temas. Depende del afectado o el momento, pero consigue variar en su dinámica. Todos los asuntos que se tocaban en la trilogía original, y algunos nuevos, se van desmenuzando desde otro punto de vista en esta tanda de episodios que hacen evolucionar a sus personajes.
Una chica mala que, deconstruyéndose, se reinserta en un grupo donde la lealtad y el amor lo es todo. Un chico guapo y deportista, normativo y, a primera vista, básico, que al igual que la anterior va mostrando cada vez más su lado afectivo y gracioso. La empollona que quiere ser una estrella de futuro brillante, con la persona que más le completa a su lado. El chico bondadoso y tierno cuyos sueños, quizás más pequeños, pero igual de importantes, nos recuerdan que la gente buena existe. Los dos chicos que juntos forman un equipo de estrellas como el día y la noche, cada uno con sus prioridades y vidas, pero con algo en común: el comienzo de algo nuevo, hermoso e importante. La joven empoderada y segura de sí misma, con las ideas claras, pero que duda ante su corazón.

Todos ellos personajes que han destacado por encima de la pareja principal, Ricky y Nini. Ver la segunda temporada de HSMTMTS es fijarse en cómo los actores que hacen de la pareja protagonista, Joshua Bassett y Olivia Rodrigo, funcionan en pantalla después de toda la historia de su relación fallida que se puede escuchar desde el punto de vista de Olivia en su álbum debut, Sour.
¡Luces, cámara y… corten!
No es la primera vez, ni será la última, que una relación romántica en la ficción traspasa la pantalla y, aunque rota en la realidad, el espectáculo debe continuar. A veces se nota y otras no. En ocasiones es el propio guion quien los separa para siempre, o siguen el típico ahora sí, ahora no.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero a veces a uno le apetece crear un poco de caos, por lo que voy a hablar de un ejemplo bastante sonado, el de Ian Somerhalder y Nina Dobrev. Estos actores interpretaban a Damon Salvatore y Elena Gilbert en la exitosa serie Crónicas Vampíricas. Cuando rompían en la ficción, volvían en la vida real y viceversa. Una montaña rusa de emociones que nunca se notó. Sólo se vislumbró una vez en pantalla, en el último capítulo, después de ocho temporadas y en el regreso de Nina que había dejado la serie en la sexta. Un reencuentro que supo a poco, pero que estuvo ahí.
En el caso de HSMTMTS en su segunda temporada, más por el guion que por los propios actores, el cambio en lo que una vez fue la pareja protagonista es cuesta abajo y sin frenos. La relación se ve perdida desde el principio, con un Ricky cuya trama gira en torno a ella, y su casi obsesión por algo que es improbable que se pueda recuperar. Por otro lado, tenemos una Nini que intenta aclararse y buscar su camino, pero que siempre se nota incómoda con su novio. No es agradable y es casi exasperante. No obstante, es solo una mínima parte de todo lo que tiene ofrecer la serie.
La oscuridad de la luz
Pero antes de resumir todo lo bueno voy a seguir con lo negativo que, aunque muy poco, lo tiene. A la desastrosa relación mencionada, se le añade un final, si podemos llamarlo así, abrupto y desconcertante, más un final de capítulo que de temporada. Por no mencionar la caída de la importancia y relevancia de los antagonistas. Al principio, la temporada parece que se va a centrar en la batalla entre East High y North High, sin embargo, conforme se va llegando al final se deja de lado y, de una forma anticlimática, se usa como elemento conciliador y de refuerzo de la importancia de la amistad. No obstante, lo negativo se compensa e incluso llega a eclipsarse con lo positivo.
Como he mencionado antes, los personajes secundarios la salvan y son la serie. Se convierten en las auténticas estrellas, junto con su profesora, cuya ambición y sueños se ven cumplidos en la sonrisa de sus alumnos y el sentirse segura y querida. Quizás su trama amorosa sea algo redundante y cliché, pero en una serie de este estilo, no entorpece su desarrollo.

La serie es un Glee moderno. Un Glee diverso, tratando temas de actualidad y naturalizando aquello que Disney siempre intenta ocultar y que, sorprendentemente, en este caso enfoca a plena luz. No es suficiente, no compensa todo el daño que hace, pero es algo necesario e importante que te ofrece en bandeja. Carlos y Seb no son el cliché de la homosexualidad audiovisual. No es salir del armario, no es Love, Victor, es aún más ordinario, más común. No hay conflictos sobre quienes son o sobre quienes han ocultado ser. Son ellos mismos encontrando el amor en los ojos del otro. Cantando sus sentimientos, hablando sus inseguridades.
El regreso de lo que nunca se fue
No hay situaciones o personajes turbios, momentos que te dan escalofríos solo de recordarlos. No es una parodia de ella misma. Es un producto que a mi yo de catorce años, y menos, le hubiese gustado ver. Es una serie a la que agradecer su simpleza, su esfuerzo a la hora de reflejar la diversidad aún dentro de una normatividad. Una serie que se va abriendo paso, muy poco a poco, a esa normatividad diversificada.
Es el legado Disney Channel, el canal que mostraban temas como el racismo en Raven y la anorexia en Lizzie McGuire. Ha vuelto, quizás más light, pero ahí sigue la esencia de lo que fue y puede llegar a seguir siendo, ahora en Disney+, con una música que recuerda a los temas originales de la trilogía en la que se basa la serie, pero también de otras producciones originales como las Cheetah Girls o Camp Rock, con un toque de la nueva década.
HSMTMTS es fresca, divertida, amena, entusiasta, agradable y un refugio al que acudir en un mundo que cada vez va a peor. Hace 15 años que el East High abrió sus puertas y esperemos que sigan así mucho más, porque fue necesaria en su momento, y lo sigue siendo ahora.


