El gran director lo ha vuelto a hacer
El pasado 22 de diciembre se estrenaba West Side Story de Steven Spielberg. Esta nueva versión profundiza más en los personajes y en la realidad social en la que se sitúan, resultando en una de las mejores películas que nos ha podido dar el 2021.
En un momento marcado por la nostalgia de antiguas producciones cinematográficas y televisivas, Spielberg presenta su versión de la diez veces oscarizada West Side Story de 1961. Podría haber hecho una réplica exacta de la misma, pero el director ha preferido darle su toque personal, enfocándose en los personajes, a quienes presenta como seres reales con problemas sociales que no se alejan de la realidad en la que vivimos hoy en día.
Las buenas historias deben ser contadas una y otra vez, y tragedias como Romeo y Julieta pueden ser completamente revolucionarias y novedosas según el enfoque y perspectiva del momento en el que se vive. West Side Story refleja el odio entre dos bandas rivales: los Jets, estadounidenses, y los Sharks, puertorriqueños; y como de este profundo y triste odio nacerá el amor entre Tony y María.
Una película de absoluta verdad, sobre amor, vida y muerte, que presenta valores actuales con los que uno se da cuenta de lo poco que hemos avanzado como sociedad. West Side Story es grande, es joven, es increíble. Muestra como el amor transforma el mundo, pero también como este no abarca todas las amenazas que se presentan en un momento concreto. En un contexto de odio, racismo y pobreza, el amor es peligroso, y el tener aceptado esto es la verdadera tragedia de la película.
Una película generacional
Con una nueva perspectiva sobre la original, la película no trata de arreglar aquella de 1961 sino, por el contrario, dar cuenta de por qué se está contando de nuevo: el racismo y el nativismo siguen presentes a día de hoy, y si no se impugnan destrozaran aquello que nos hace ser una sociedad.
Tony Kushner, quien ya había trabajado con Spielberg en películas como Lincoln o Múnich, es el encargado de realizar el guion de la película y, respetando el original, introduce su propio punto de vista y características. En esta nueva versión, el contexto y el lugar toman un mayor papel protagonista, con barrios enteros siendo destruidos y personas que se ven obligadas a ser desplazadas.
Spielberg aporta a la película un enfoque realista, pero teniendo siempre presente que la película se trata de un musical, un género al que nunca se había adentrado y que, tras West Side Story, muestra que debería haberlo hecho hace mucho tiempo. Logra elevar canciones como America, que mantiene su esencia alegre y divertida, pero muestra de una manera más feroz el debate que realmente presenta: aquellos puertorriqueños que sienten haber encontrado su lugar en Nueva York, contra aquellos que han resultado desilusionados por todas las barreras sociales y económicas con las que chocan todos los días.

Lo mismo hace con I feel pretty, cambiando el lugar de trabajo de María, espacio en el que se lleva a cabo la escena. María trabaja como limpiadora por las noches en unos grandes almacenes, una labor menos romántica que aquella que tenía en la original pero que, tristemente, muestra las pocas oportunidades laborales a las que una persona racializada puede llegar.
El verdadero peso argumental
Un gran acierto de la película son los personajes. Adentrándose no solo en la historia y destrucción del lugar físico en el que se desarrolla el filme, se reinventa cada personaje, pasando a tener una historia individual que motiva sus acciones y a ser como son, algo que se perdía en la original. Por ejemplo, cuando se nos presenta a Tony —interpretado por Ansel Elgort—, se menciona que acaba de salir de prisión, un suceso que le ha cambiado y que le hace buscar lo bello en la oscuridad, mostrándolo como un personaje capaz de amar y que no se avergüenza de ello.
Spielberg ha logrado reunir a un reparto de lujo, diverso y energético que aporta autenticidad y, sobre todo, juventud. Mike Faist interpreta a Riff, el líder de los Jets, y es otra de las grandes maravillas de la película, con un tremendo potencial que hace que disfrutes de todo su tiempo en pantalla.
Para los Sharks nos encontramos con actores y actrices que cuentan al cien por ciento de raíces latinas, algo que era imprescindible para el director y una de las razones por las que el proceso de casting duró casi un año. Aparece así un fantástico Bernardo interpretado por David Álvarez, quien logra aportar realidad al personaje haciendo que no caiga en un mero estereotipo.

Pero si realmente hay algo memorable de esta versión son los personajes femeninos. Son ellas quienes realmente cargan con el peso y las consecuencias de las brutas acciones llevadas a cabo por los hombres, cuidando la sociedad que ellos mismos se empeñan en destrozar.
María, la gran protagonista de esta historia, es interpretada por Rachel Zegler en su primer papel cinematográfico. Esta es una de las mejores elecciones que ha podido tener la película, pues no solo actúa de manera sublime, sino que su poderosa voz envuelve a las canciones de una manera brutal. Zegler es extraordinaria como María. Se siente que conoce al personaje. Que conoce el porqué de su historia de amor con Tony, y logra transmitir esto al espectador fantásticamente, haciendo que la historia no caiga en clichés bobos de jóvenes. Su María es una revelación, que incita a saber más sobre la actriz y a tener el ojo puesto en lo próximo que pueda hacer.
Otro gran personaje es Anita, interpretada de manera asombrosa por Ariana DeBose y que no tiene nada que envidiar a la original de Rita Moreno. Este es un personaje fuerte, feroz y con un profundo amor por la vida. Anita ama Nueva York pero, sobre todo, ama las oportunidades que la ciudad le puede ofrecer, así como la mujer en la que se puede y quiere convertir. Es otro gran pilar en la historia que, según avanza y se vuelve más y más dramática, obtiene un grandioso peso argumental, rompiéndote el corazón mientras la ves darse cuenta de que, ese Nueva York idealizado, no acoge a aquellas que no se adapten al molde de mujer blanca sumisa.
Con todo esto, Spielberg demuestra su asombrosa capacidad para contar historias a través de los personajes, pero todavía cuenta con una última sorpresa: el personaje interpretado por Rita Moreno. La actriz de 90 años, quien ganó el Oscar por su Anita en la película de 1961, interpreta a Valentina, la dueña de la tienda en la que se refugia Tony. Ella es la voz de la razón pues, como puertorriqueña viuda de un estadounidense, muestra lo bueno de ambos grupos, así como la bondad y lo emotivo que resulta apostar por el amor en una sociedad plagada de odio.
Un amor para toda la vida
Lo sorprendente de West Side Story es que, por mucho tiempo que pase y por mucho que las cosas cambien, el mensaje y aquello que quiere transmitir se mantiene. El amor trasciende los prejuicios y la intolerancia, y la historia pasa de tener un tinte romántico a uno cultural y, en cierto modo, político.
El racismo y la xenofobia, la pobreza, el mal y las consecuencias del colonialismo siguen presentes sesenta años después de la creación del musical. Es una historia de amor, sí, pero también es una alegoría a todo lo que pasa en aquellos sistemas que rechazan a los que no son blancos: el odio toma poder. Aun así, la esperanza, el amor y el sentimiento de comunidad están presentes en todo West Side Story. Como en la vida misma. A pesar del horror, los seres humanos tratan desesperadamente de romper las barreras con amor.

Resulta bastante triste que, sesenta años después del estreno del musical, este mensaje siga siendo necesario y relevante. Que el racismo siga presente y que historias como estas sigan teniéndose que contar, no para mostrar lo terrible de épocas pasadas, sino lo terrible de posibles épocas futuras, es devastador. Es un mensaje quizá más relevante a día de hoy que cuando lo era en 1957.
Vivimos en un mundo de división y desconfianza, que resulta en acciones repletas de odio y violencia. West Side Story es una tragedia pero, a través de su espectacular escenografía, sus maravillosas actuaciones y su inmejorable banda sonora, se deja ver que tanto la esperanza como el amor pueden nacer del horror.
Una vez vista, y contrariamente a lo que te puedes pensar, la película logra hacerte sentir que el amor trasciende, que lo importante es no rendirse y luchar ferozmente por aquello que deseas y amas. Esto es lo que una película debe hacerte sentir, y West Side Story es todo aquello que el cine puede dar.

