La vida es mejor compartida
El pasado 2 de diciembre, Netflix estrenaba la segunda temporada de El baile de las luciérnagas (Firefly Lane). Nueve capítulos que continúan la historia de Kate y Tully, dos mujeres tan opuestas en personalidad, como unidas en corazón.
La amistad. Es un concepto conocido y necesario en el día a día. Nos necesitamos los unos a los otros. Sin embargo, la gente parece restarle importancia a algo tan significativo y especial. ¿Cuál es la diferencia entre el amor romántico y la amistad? Una pregunta filosófica que, en mi caso, la única diferencia sería la atracción físico-sentimental. No sé la respuesta. Simplemente sé que una verdadera amistad es aquella que requiere de un esfuerzo, trabajo y constancia, pero de una manera tan sutil y, a la vez, obvia. De esta forma, cuando te das cuenta de la base formada, ya está tan arraigado en ti ese sentimiento eterno de cariño, amor y confianza. Todo esto se habla en El baile de las luciérnagas.
El regreso de una estrella apagada
En febrero de 2021 regresó a nuestras pantallas la infame Katherine Heigl. Es conocida por su papel como Izzie Stevens en Anatomía de Grey (Shonda Rhimes, 2005-Actualidad) y su famoso, pero corto reinado de comedias románticas como 27 vestidos (Anne Fletcher 2008), La cruda realidad (Robert Luketic, 2009), Como la vida misma (Greg Berlanti, 2010), Noche de fin de año (Garry Marshall, 2011) y demás éxitos similares. Sin embargo, su popularidad fue cayendo en picado y cada vez más sus películas fracasaban en taquilla. En 2017 desapareció y, cuatro años más tarde, resurge para una película, Fear of Rain (Castille Landon, 2021) y la serie de la que hablamos, El baile de las luciérnagas (Maggie Friedman, 2021-Actualidad).

Esta serie está basada en el libro homónimo escrito por Kristin Hannah. Traducido al español por Laura Vidal Sanz, de la editorial DEBOLSILLO, el libro trata, al igual que la serie, de la historia de Tully (Katherine Heigl) y Kate (Sarah Chalke, La otra Missy, Feliz día de la madre). En los 70, cuando las dos son unas adolescentes, Tully se muda con su madre a Firefly Lane, donde residen los Mullarky, la familia de Kate. En ambientes muy diferentes, ambas chicas se hacen grandes amigas y, a través de flashbacks y flashforwards, vemos su amistad en tres momentos vitales de su vida: adolescencia, jóvenes adultas y adultas. Sin embargo, desde el principio, el espectador sabe que en la última etapa pasará algo que hará que rompan su amistad, pero no se sabrá el qué hasta avanzada la serie.
Lo mejor de los dos mundos
De esta forma, la serie trata temas tan triviales como importantes de la vida misma. Temas íntimos, personales, generales y universales. Toman a dos mujeres únicas, que se toman la vida cada a una a su manera, con diferentes metas y aspiraciones, pero que se manejan para estar unidas a pesar de los cambios y las posibles riñas y enfrentamientos morales que pueden surgir de una amistad entre dos personas tan opuestas.
Tully es la extrovertida con una infancia y adolescencia disfuncional que aspira a ser alguien de renombre en la vida persiguiendo su carrera periodística. Una mujer con una coraza de acero, que ama a su manera, pero a la que más ama es a ella, y a Kate.
Kate es la introvertida con una infancia y adolescencia normal, dentro de lo que cabe, con una familia que la quiere y le apoya, aunque no sean perfectos. Una mujer sensible que ama con todo su corazón, razonable y enamoradiza, con Tully primera en su corazón.

Una red llamada vida
Así, los 19 capítulos que conforman las dos temporadas, por ahora sin confirmación de una tercera, son un caleidoscopio de historias sentimentales y humanas que les ocurren a ellas y a los que les rodean. La verdad es que la serie podría considerarse una producción de domingo por la tarde. No obstante, la forma en la que se enfocan y tratan los temas es de tal delicadeza que va más allá. Las relaciones amorosas que tienen, las decisiones laborales, el cambio entre el contexto de una época a otra y cómo influye al desarrollo de sus vidas. Nos encontramos con tristeza y alegría, niñerías y crecimiento personal. Es un melodrama tan bien hecho que te sentirás un vecino más de los 70, 90 y principios de los 2000.
Si no fuese Netflix, sería el canal norteamericano Hallmark quien llevase la marca de la serie, sin embargo, vemos la calidad visual de Netflix. También su formato y duración, más la ambientación. Todo ello y el reparto que se suma a las actrices principales elevan a la serie a lo que es. Los personajes que encarnan son profundos y cercanos. Te pueden caer mejor o peor, pero porque son personas que te podrías encontrar en tu día a día.
Como ya se ha mencionado trata diversos asuntos, desde un punto de vista u otro, con un contexto de aquí y allá. Seguramente, algunos podrían estar tratados mejor, pero al verlos no sientes que flojeen, es lo que se quería contar y cómo se quería contar. La vida de estas dos amigas ya de por sí entretenida que engancha al espectador. La guinda es el ‘misterio’ que recorre gran parte de la serie. Lo mejor que trata es el tema de la amistad.

La mejor opción
En una amistad hay peleas, hay malentendidos, hay conversaciones incómodas. Sin embargo, uno acepta, cede, se impone y la otra persona hace igual. Se entienden, se complementan de una manera para pasar por esta vida juntos, compartiendo historias y anécdotas, experiencias vitales y nuevos conocimientos. Parece una relación de pareja, pero es que lo es, simplemente que de una forma algo distinta. Y, todo esto, es lo que se plasma en El baile de las luciérnagas. Por eso, la pregunta ‘¿Qué fue lo que podría separar a estas dos amigas?’ juega un papel importante. Al final es algo predecible conforme se avanza, pero no le quita emoción, ya que es algo creíble y lógico. La serie se desarrolla de una manera orgánica. Lógica y realista, quitando quizás algunos elementos de tensión para el melodrama del guion, la producción es exquisita.
Perfecta para estas navidades, sin ser de temática navideña, El baile de las luciérnagas es el plan perfecto para tomar una taza de algo caliente, bajo la manta, la lluvia en el exterior y pañuelos a mano. La oportunidad para celebrar la amistad y la vida, con sus idas y venidas.


