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‘Princesas’: el amor no solo es que te vayan a buscar a la salida

La complicidad y la nostalgia se dan la mano en esta película protagonizada por Candela Peña y Micaela Nevárez

Películas que aborden el tema de la amistad hay muchas, pero pocas como Princesas, escrita y dirigida por Fernando León de Aranoa en 2005. Está disponible en Netflix y Amazon Prime Video.

La amistad no suele entender de clases sociales, situaciones personales ni diferencias. En general, simplemente une aquello que es afín y que presenta complicidad. Sin embargo, en milagrosas —y casi salvadoras— ocasiones, une todo aquello que está separado, o que no tiene motivo para anexionarse. Y es en esta película donde esta idea se refleja de manera acertadísima. A través de la atmósfera de decadencia y precariedad que envuelve toda la trama, Caye —interpretada por la siempre sublime Candela Peña— y Zulema —Micaela Nevárez— nos demuestran que la amistad verdadera es transversal a todas las facetas de la vida.

Lo que las une es, en un primer momento, su profesión. La rivalidad e inseguridad de su oficio, el más antiguo del mundo, hacen que ambas comiencen con mal pie, pero si no fuera por ello, casi sin lugar a dudas, nunca se hubieran llegado a conocer.

Ese es el nexo común que comparten. Pese a ello, cada una tiene, hasta que se conocen, vidas muy distintas. Caye encarna los sentimientos del desencanto, el aburrimiento y la melancolía. Esa melancolía producida por, como ella bien dice: «situaciones que nunca ha vivido». Zulema, por su parte, es víctima de la precariedad causada por una situación de inmigración irregular. Además, tiene que hacer frente a abusos por parte de un cliente que pierde el juicio por ella. Todo eso hace que viva en una situación de tensión constante, por no saber si va a llegar al día siguiente.

Ambas viven un aprendizaje mutuo. Las escenas en las que comparten mesa, acompañadas únicamente la una de la otra, con algún que otro cigarro de por medio, son las que más importancia tienen. Aprenden la una de la otra, desdibujan límites de realidades que hasta entonces creían conocer, y unen sus vínculos contra más cruda es la situación de cualquiera de ellas.

Experimentan lo que es que alguien se preocupe de manera genuina y verdadera por ti.  Ese amor melancólico que te hace aspirar a algo ideal queda relegado a un segundo plano. Así, aprenden que el amor no es solo lo que está representado en las películas o la literatura. Que el amor comprende muchas formas y realizaciones, y que llega cuando menos te lo esperas.

Que el amor no solo es que te vayan a buscar a la salida del trabajo, que también, sino que hay más realizaciones. Que el amor también es la ayuda incondicional y el sacarte del pozo. Implicarte para que otra persona alcance la felicidad que tanto anhela y merece.

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