Con Recuerdos del río volador, el escritor colombiano culmina su Pentalogía (infame) de Colombia.
Diarios, cartas, fotografías y archivos conforman un ejercicio narrativo que ofrece a la realidad social de Colombia del siglo XX la oportunidad de narrarse por sí misma. Sobre los motivos, inquietudes y procesos literarios que desembocaron en Recuerdos del río volador habla Ferreira en su entrevista con El Generacional, donde también explora la controvertida relación entre ficción y hechos históricos.
Daniel Ferreira (Colombia, 1981) es escritor, bloguero y cronista. Por un lado, reflexiona sobre literatura en Una hoguera para que arda Goya, el blog que le mereció el premio de Difusión Cultural en Español concedido por el Instituto Cervantes. Por el otro, hace y novela historia en su Pentalogía (infame) de Colombia, el proyecto literario que inició con La balada de los bandoleros baladíes (2011) y continuó con Viaje al interior de una gota de sangre (2011), Rebelión de los oficios inútiles (2014) y El año del sol negro (2018). Su trabajo ha sido galardonado con múltiples premios como el Premio Latino – americano de Novela Alba Narrativa en 2011 o el Premio Clarín de Novela en 2014.

Un vistazo a Pentalogía (infame) de Colombia
En cada novela Ferreira explora una generación, una serie de personajes cuyas vidas fueron marcadas con un elemento común: la violencia. Desde la Guerra de los Mil días a comienzos de siglo hasta las revueltas campesinas de los años 70; el autor hace de la ficción una herramienta poderosa capaz de humanizar las cifras de desaparecidos, de adentrarse en el dolor de las familias y dar a entender la tragedia de un pueblo que durante décadas ha hecho lo imposible por transformar su realidad política y social.
Pregunta: Recuerdos de un río volador es la quinta y última novela de una pentalogía en la que ha trabajado por décadas, ¿se siente satisfecho o todavía guarda en su interior inquietudes literarias por resolver?
Respuesta: Guardo curiosidades, entusiasmos, asombros, indignación, experiencias y nuevas historias que espero poner por escrito. Uno empieza escribiendo un poco por osadía y sigue escribiendo por hábito.
P: En cierto modo, la escritura de su obra obliga a asimilar el dolor por el que pasan sus personajes, víctimas de todas y cada una de las formas de violencia que asolaron a la clase trabajadora de Colombia durante décadas. ¿Cuál ha sido el proceso más duro de todos estos años de creación de Pentalogía (infame) de Colombia?
R: Mi vida ha tenido más agobios por las obligaciones prácticas que debido a la escritura. A veces necesitas más tiempo que espacio, y a veces necesitas llenar la nevera y pagar los recibos. La escritura es una isla tranquila, pero también puede ser una isla sin nada, o una isla al azote del viento.
P: ¿Cuándo se lidia con hechos históricos cuál es el rol de la imaginación? ¿Le preocupa la verosimilitud en la historia o prefiere dejarse llevar por la ficción?
R: La ficción es otra forma de la verdad y la imaginación es su territorio. Aunque la memoria ha sido tan importante para estas novelas que conforman Pentalogía de Colombia como la imaginación, hace rato abandoné la omnisciencia, la objetividad y el archivo por las leyes de la ficción.
P: ¿Cómo ha de enfrentarse a su obra el lector que desconoce la historia de Colombia?¿Le ha tenido en cuenta durante la escritura de la novela?
R: No creo que haber vivido o no en Colombia represente una barrera para entender un libro, así como no ser francés o japonés dificulte leer a Le Clezio o a Murakami. Escribo una novela contemporánea, con el español de nuestra época donde incluso la geografía y el tiempo son tratados como ficción. Las generaciones cambian constantemente las formas de narrar pero amor, dolor, oprobio, injusticia, sigue siendo lo mismo.
Sobre Recuerdos del río volador
Alejandro Plata es un joven y romántico fotógrafo que se gana la vida como ingeniero en el Puerto del Cacique. Su desaparición el mismo 9 de abril de 1948, el día que se levantó el pueblo colombiano en el conocido “Bogotazo” tras el asesinato del candidato liberal a la presidencia Jorge Eliécer Gaitán; es la semilla de una novela que explora el enfrentamiento entre la violencia que asola un país y el amor que mantiene con esperanza a sus gentes. Recuerdos del río volador es la narración de una búsqueda inacabable, de una espera sin fin y de una infancia que se desenvuelve entre el conflicto, que crece y se afana en comprender sus raíces.
Se trata de una obra coral en la que la naturaleza es el escenario de ruinas que deja atrás el progreso que solo significa mejora para unas élites reducidas. El lector de Recuerdos del río volador viaja temporal y espacialmente por la cuenca del río Magdalena de Colombia, un viaje que el propio autor llevo a cabo y que fue fundamental en su creación. A lo largo de tres décadas (desde comienzo de los años 40 a los años 60) la novela retrata el desgarrador proceso de asentamiento de las industrias petroleras, que trae consigo la deforestación de las selvas y la despoblación de las comunidades cuya historia es la del río.

P: La narración de Recuerdos de un río volador recupera en múltiples ocasiones el mismo suceso, y lo hace cada vez desde una perspectiva completamente diferente. ¿No cree que exista una única verdad en torno a cada hecho histórico?
R: La literatura es una forma muy sofisticada de controvertir las verdades únicas. En este mundo donde ya no hay verdad sino interpretaciones la literatura puede ahondar un poco más en las realidades históricas o sociales.
P: En torno a cada personaje ha construido una historia de amor: entre madre e hijo, entre Lucía y Elena, Lucía y Alejandro… A veces se tratan de relaciones dolorosas, de abandono, de vacío profundo, y otras, conforman nidos de esperanza. En cualquier caso, son formas de amor que individualizan a los personajes, hacen que el lector más ajeno a Colombia se identifique con ellos y haga suya su tragedia. ¿Forma parte de su proyecto escapar de los arquetipos sociales e históricos que se forman en torno a los desaparecidos, a los asesinados, sus madres y esposas?
R: Recuerdos del río volador es la historia de un desaparecido y de aquellos que le amaron. Solo el amor puede preservar y restituir la identidad de aquellos que ya no están. Y esa es una instancia universal. En Argentina, en México, en España los desaparecidos son un vacío en la historia. En Colombia hay más de 80.000 contando solo el conflicto armado de la segunda mitad del siglo XX. Esta novela busca el efecto contrario que provoca la desaparición: restituir al borrado.
P: “Alejandro había dejado registro de lo que nadie quería ver, la prueba de la represión del gobierno contra el pueblo obrero…” ¿Recordar todo aquello que la gente quiere olvidar es una de sus razones para escribir?
R: Hoy tenemos más mecanismos de resistencia ante el perpetrador, ante el genocida, ante el censurador. El arte nos ha enseñado muchas estrategias para la resistencia de los pueblos.
P: Recuerdos del río volador es un homenaje a los familiares de los desaparecidos durante el periodo de la Violencia, pues retrata su búsqueda incansable ante la incapacidad de dar por terminado el duelo sin respuestas. Para usted, ¿Cuál es el camino que tienen que recorrer las instituciones colombianas en pos de conciliar el dolor de tantas madres y esposas, víctimas colaterales del conflicto?
R: Materializar la paz es una tarea de toda la sociedad. La última década en Colombia cambió el rol del Estado frente a la responsabilidad histórica. La memoria, la reparación, la verdad, la justicia transicional, todo ello son mecanismos de reconciliación que fueron posibles por los acuerdos de paz. La obligación del Estado es la implementación del acuerdo y alcanzar la Paz Total que ha propuesto el actual gobierno.
P: Por momentos, la novela resulta en un contraste enorme entre la belleza geográfica del territorio colombiano y las actuaciones atroces de la sociedad humana que lo habita, ocupa y explota. ¿Existe alguna intención de subrayar el lado más absurdo del progreso industrial?
R: Sí, cuestionar la explotación imperialista a cualquier costo, incluso el de la salubridad y soberanía de un país o la vida humana.
P: Para finalizar, la fotografía juega un papel fundamental en la obra. Alejandro se convierte en agente de cambio político gracias a la cámara y el lector se sumerge en ese proceso mediante la descripción de imágenes. ¿Qué poder representa para usted la fotografía que es incapaz de alcanzar la tradicional descripción literaria?
R: La fotografía es un documento valioso que a veces cuenta más que las palabras, pero las palabras son más poderosas porque pueden suscitar miles de imágenes. Pero no me crean, porque soy escritor, y mi oficio consiste en hacer que el lector pruebe, escuche, sienta, recuerde y que el pasado se haga presente a través de las palabras.
Recuerdos del río volador es un libro sobre la violencia, pero logra huir de ella con un lenguaje sumamente cuidado. La escritura de Daniel Ferreira reconstruye la identidad de la clase obrera colombiana en los puntos exactos en los que se perdió ante la necesidad de transformar su realidad social. Es cierto, el argumento lo lideran circunstancias arquetípicas del periodo de «La Violencia» en Colombia; sin embargo, la compenetración entre el conflicto social y el individual en los personajes nos adentra en sus corazones, pletóricos de amor y resistencia. Quien se dispone a leerla debe estar preparado para enfrentarse a un ambicioso proyecto del que se enamorará de principio a fin, que suscitará su conciencia sobre un país tan bello y tan azotado por la injusticia que trae la prosperidad industrial bajo el paraguas del capitalismo.


