Jhumpa Lahiri, célebre por sus relatos, amplia su género con un poemario único que abraza los afectos, la lengua y los orígenes
Nació en Reino Unido, tiene raíces bengalíes, se crio en Estados Unidos y vive en la capital italiana desde 2011; Jhumpa Lahiri es la escritora que comprende la identidad según las migraciones que han protagonizado su vida. Su primera novela, El intérprete del dolor (1999), le mereció el Premio Pulitzer a los treinta y dos años; desde entonces no ha dejado de consagrarse con abundantes galardones y reconocimientos. Sus relatos acostumbran a iluminar las realidades que quedan al margen de las narraciones mediáticas, sutilmente, incomodan al lector para regalarle nuevas perspectivas. Esta vez, Lahiri nos ofrece una obra única, mucho más personal. A través de un “yo lírico” ficticio potencia el reflexivo sobre sí misma y ahonda en sus temas fundamentales: los idiomas con los que se expresa, los lugares que habita y la familia que aún nutre sus raíces inquietas.
En las primeras páginas del libro, Lahiri nos detalla un singular hallazgo entre los cajones de la casa que le acogió al llegar a Roma: objetos conservados del anterior ocupante. Son papeles olvidados, broches, conchas… pero una foto de tres mujeres sonrientes y un cuaderno con el nombre Nerina escrito a mano llaman particularmente su atención. “No fui capaz de comprender si Nerina era el nombre de la autora, o de una destinataria, o bien una musa”. Así, mediante el viejo recurso narrativo del manuscrito hallado, los sagaces versos que llenan el cuaderno se convierten en el cuerpo de El cuaderno de Nerina.
Una ficción atravesada por la realidad
Quien conoce algún aspecto biográfico de Lahiri pronto se da cuenta de todo lo que comparten Nerina y su creadora. En realidad, provocar un misterio en torno a la identidad de la mujer del cuaderno es la vía idónea de resolver la suya propia. Lahiri da voz a un mundo anímico ajeno, el de un alter ego con el que juega a reflexionar con inteligencia y sensibilidad sobre lo cotidiano, lo doméstico; al tiempo que añora su pasado y piensa las formas en las que ama. El personaje de Nerina es la forma de ganar libertad en la exhibición de las inquietudes más internas.
El cuaderno de Nerina se divide en siete partes heterogéneas: Alfeizar, Evocaciones, Acepciones, Olvidos, Generacionesy Observaciones. En ellas encontramos poemas que abstraen los pensamientos de Nerina, anárquicos pero lúcidos sobre el papel. Así como el ejercicio de desglosar todas las realidades que puede acoger una palabra. Pesadilla significa: “no ser capaz de decir nada a nadie ante un peligro. Es decir, la cabeza llena de palabras, protestas que no salen”.
Quizás, lo más destacable sea la habilidad para versar las imágenes que comprende su vida. La doble de Lahiri escribe sobre los lugares que habita: casas de vacaciones, hospitales, bares, hogares… y los no-lugares que atrapan gran parte de su vida migrante: los aeropuertos, las estaciones de tren… Con todo, el cuaderno de Nerina aún guarda fuerzas para soportar grandes preguntas en torno al amor y la familia: ¿cómo se es buena madre?, ¿se puede ser buena hija lejos de quiénes nos dieron la vida?, ¿qué dejamos atrás cuando migramos?, ¿qué abandonamos en los objetos materiales que no escogemos llevar con nosotros?… En efecto, las respuestas se encuentran en los versos preocupados por el paso del tiempo, el olvido y el recuerdo, atravesados por la subjetividad femenina de la mujer casada, la madre y la hija que intuimos que es Nerina, que sabemos que es Lahiri.

La lengua como determinante de las versiones de una misma
Lo mejor de Jhumpa Lahiri es su preocupación por el lenguaje. No solo sus versos son exquisitos, sino que los completa con una deliberación filológica que no deja escapar detalle. En pos de encarnar a su alter ego lector, crea a Verne Maggio, una especie de detective filóloga experta en poesía italiana. Gracias a ella se impone y disfruta del comentario erudito de los poemas que pretende no haber escrito. Con El cuaderno de Nerina, la políglota Lahiri demuestra una vez más su pasión febril por las palabras.
A la hora de conjeturar sobre la misteriosa propietaria del cuaderno, la elección de términos, los dejes gramaticales y las complejidades sintácticas resultan ser las pesquisas más significativas. Se trata de una investigación psicoanalítica que dignifica la obra y nos demuestra la importancia de los términos que escogemos en nuestra expresión y los significados que les atribuimos.
Lahiri ha asegurado que está es la primera vez que escribe sobre su pasado en italiano; la lengua a la que trasladó sus producciones literarias cuando el flujo de la vida les instaló a ella y a su familia en Roma. Allí, movida por el afán de la artista por crear siempre al borde de un precipicio, comenzó a escribir en una nueva lengua, que no era la de su infancia, ni la de su memoria. Entonces, El cuaderno de Nerina supone la reescritura de su existencia. Lahiri deja de materializar sus recuerdos en la lengua materna, y eso le permite adoptar perspectivas inéditas de su pasado y escoger un nuevo instrumento para pensar su presente. Es la reflexión explícita que nos plantea la obra: el lenguaje como una cuestión inexorable a la identidad.
Asimismo, Lahiri no olvida a sus maestros. El libro es una amalgama fantástica de referencias a grandes de la literatura. Desde Elsa Morante, Pessoa, Calvino o Leopardi; a los clásicos italianos Dante y Ariosto. La pseudopoeta Nerina establece un diálogo de agradecimiento con todos aquellos que le ayudaron a vislumbrar sus impulsos literarios.
Leer a Lahiri es aprender a amar las palabras. La edición bilingüe (español-italiano) de El cuaderno de Nerina ya está disponible gracias a la editorial Lumen y a la maravillosa traducción de Carlos Gumpert.


