La saga de Sam Raimi llega el 2 de agosto
Columbia Pictures cumple 100 años y para celebrarlo Sony relanzará a la gran pantalla todas las películas de Spider-Man, empezando por la saga de Sam Raimi. El debut de la trilogía llegará el 2 de agosto, la secuela el día 9 y, finalmente, el día 16 la tercera entrega. Cada película estará disponible durante una semana y se reproducirá la misma versión que hace 20 años, sin cambios en metraje ni doblaje. Tras el éxito de su relanzamiento en Estados Unidos, donde Spider-Man 2 incluso superó la recaudación de estrenos como Godzilla y Kong: El nuevo imperio, se espera que en España la taquilla también sea alta.
La trilogía de Raimi es mucho más que una serie de escenas de acción y un súper héroe salvando la ciudad de turno. Se trata de unas películas atrapadas en su época que han envejecido tan bien debido a la personalidad que desprenden. No se puede entender el Spider-Man de Raimi sin sus transiciones «dosmileras» que hoy en día serían catalogadas de cutres y los monólogos casi teatrales de sus personajes principales. Todo lo que rodea a la saga tiene que ver con lo humano y lo orgánico. Desde sus personajes hasta el montaje, todo pasa por un modo muy particular de hacer las cosas y que pasado el tiempo ha quedado como espejo de lo que era el cine en los 2000’s – no pueden olvidarse las referencias a Matrix en escenas emblemáticas de la cinta -.

Las claves
Cuando hablamos de películas de nuestra infancia siempre entra en escena el factor nostalgia. Todo tiempo pasado fue mejor, pero realmente esta saga tiene algo que la diferencia de sus sucesoras. La historia de este Spider-Man es especial porque, en realidad, habla de Peter Parker. Porque hasta el peor de sus villanos es en realidad una víctima del mismo sistema que pone contras las cuerdas al héroe. Porque al final del día, el mayor reto del súper hombre es llegar a fin de mes, ayudar a su familia y conservar sus amistades. La mayor dificultad que atraviesa es la de mantenerse coherente y aprender a lidiar con la venganza, la ira y la frustración.
Tal es la lucha que representan las dificultades del «mundo real» que por momentos parece que el traje es una escapatoria, una vía de liberación. La encarnación que hace Maguire de la araña encuentra su éxito y trascendencia en demostrar que la heroicidad de su personaje está en su versión humana. En definitiva, logra el objetivo que Stan Lee siempre quiso para su ópera magna, que cualquiera pudiera imaginar que es Spider-Man.

Los críos, ahora adultos, que vieron la saga hace más de 20 años volverán a ser durante unas horas aquellos chiquillos que salieron del cine jugando a lanzar telarañas. Y los niños de la sala, quizá hijos de esos mismos adultos, verán de la mano de sus padres las películas que transformaron para siempre la industria del cine de superhéroes. Durante unas horas, las salas de cine viajarán en el tiempo y Spider-Man se pronunciará con «i» latina. Por un momento, a oscuras, no se distinguirá al niño del adulto, al padre del hijo. Las sonrisas que se logren vislumbrar por el reflejo de la pantalla serán el legado de una película que siempre fue más que eso.
Lejos del debate caduco de qué versión del hombre araña es mejor, lo que está claro es que el público guarda un cariño especial a este clásico. El regreso de Tobey Maguire fue anhelado durante muchos años hasta la salida de No Way Home. Ahora los fans tienen la oportunidad de revivir sus películas en el cine, como el primer día. Porque, aunque todo haya cambiado, Spider-Man es un fenómeno que pasa de generación en generación como un amuleto. A partir del 2 de agosto, esas generaciones se encontrarán y miles de Peter Parkers soñarán, juntos, que son héroes que pueden salvar la ciudad.

