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‘Blow Out’ de Brian De Palma: la consagración de un estilo

Tras el éxito superlativo de Carrie yVestida para matar, el 24 de julio de 1981 se estrena, en Estados Unidos, Blow Out

El catorceavo largometraje del cineasta norteamericano es uno de los grandes olvidados dentro de su filmografía. Sin embargo, esta película de culto cobra una importancia singular en la estilización de su concepto y en la acreditación del mismo. Desde una idea minimalista, centrada en el sonido como piedra angular, De Palma hace uso de su variedad fílmica para intrigar, estremecer y emocionar. 

Probablemente Brian De Palma haya sido uno de los directores que mejor ha sabido interpretar la obra de Hitchcock desde un punto inspirativo. El arte no está en replicar sino en interpretar. En este sentido, la figura del neojerseyés como intérprete, y no como director, de la obra del maestro británico es vital para la comprensión de su trabajo. El uso de la tensión como recurso impredecible no se encuentra tan presente por su mensaje, que también, sino por su forma. La estética es el principio y el final. El propósito y la meta. Y la delgada línea entre el efecto y el exceso que muchas veces suele causar opiniones divididas. No obstante, hay una cosa clara y es que la huella de De Palma en el thriller norteamericano contemporáneo es imborrable.

En cierta medida, existen dos grandes influencias que trascienden en el desarrollo de este título e incluso llegar a tener cierta autonomía en el meollo del relato. En primer lugar, la enigmática Blow-up (1966) de Michelangelo Antonioni, la cual se encuentra estrictamente referenciada desde el propio nombre de la cinta. De hecho, incluso se le podría llegar a atribuir cierta autoría al italiano, puesto que, los nexos que hay entre los dos filmes son claros y visibles. La imposibilidad de la resolución del caso convirtiendo esa claridad en algo disuasorio y poco esclarecedor a medida que transcurre la trama. Es casi un homenaje. Por otra parte, contamos con La conversación (1974) de Francis Ford Coppola. Y es que en realidad estas tres películas conforman un tríptico cinematográfico que se podría llegar a desglosar como tres estilos distinguidos de abordar un concepto.La trilogía del silencio. Cine en pocas palabras.

Jack Terry descifrando el contenido de la cinta de audio / Fuente: Filmways Pictures
Jack Terry descifrando el contenido de la cinta de audio | Fuente: Filmways Pictures

Jack Terry (un colosal y sorprendente John Travolta) es técnico de efectos sonoros para películas de terror. Una noche, durante una jornada de grabación en el exterior, presencia un accidente de coche en el que se ve involucrado uno de los principales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. Con el paso de los días, las condiciones que rodean al suceso parecen no ser muy fiables. Sin embargo, la única prueba real de lo que verdaderamente pasó se encuentra en la cinta de grabación recogida por nuestro protagonista. 

A raíz de ese pequeño sumario se empiezan a esquematizar una serie de incidentes que llevan a Jack, nuestro (no) detective, a obsesionarse hasta un punto de no retorno. Escucha la cinta una y otra vez. No hay respuesta. Apenas un pequeño golpe en el que no se llega a descifrar la verdad. Solo se percibe el chisporroteo del ruido blanco. Es atronador, irritante. Escucha la cinta de nuevo y… nada. Esa meticulosidad con la que el protagonista trata el caso se transmite directamente a la cámara. La incertidumbre se apodera del filme, solo queda lugar a la desesperación. Lo que empezó siendo un imprevisto se ha convertido en algo personal. Ya no hay vuelta a atrás.

Una vez situados en esta nube de confusión, la obra del cineasta se agranda todavía más si cabe con la inclusión de constantes temáticas que atacan a los personajes. El voyerismo, el ocultismo, la corrupción… Es la bola de nieve que empezó siendo un copo. La película escoge un concepto para mostrarnos la realidad desde los ojos del director. Esa conspiración que rodea al sistema político estadounidense y que por cosa del azar acaba repercutiendo sobre los hombros de un simple técnico sonoro. Algo inevitable de lo que ni el propio cine puede huir. De esta forma, no son tanto los temas a tratar sino las inquietudes dispuestas desde la mente del cineasta. Aquello que le quita el sueño.

Brian de Palma y John Travolta durante la grabación de Blow Out / Fuente: Filmways Pictures
Brian de Palma y John Travolta durante la grabación de ‘Blow Out’ | Fuente: Filmways Pictures

Pero en la realidad la gracia de la película llega aquí, tras un final devastador en el que de modo imperativo la cámara ajusticia dictaminando quienes son los buenos (no tan buenos) y los malos, llega una de las confesiones más puras y honestas que se hayan visto nunca en la pantalla grande. Si bien lo fácil hubiera sido terminar con la escena de los fuegos artificiales, debido a su inmensa tristeza poética. De Palma no quiere tener cargo de conciencia y toma parte de la culpa, como cineasta claro. El cine muchas veces es algo tan lígrimo que obviamos la crudeza de su origen. Para reclamar esa pureza que se exige a veces hay que pagar un alto precio. Nada es gratuito. Y aunque esto sea ficción, es una confesión directa del mismo autor. Una testificación del poder y el riesgo de filmar.

No sabría determinar si nos encontramos ante la mejor película de Brian De Palma, puesto que otros títulos como Carlito’s Way o Carrie me lo impiden, pero, sin duda que es la película donde su sello autoral se implanta de una manera más sentida y natural. El De Palma más suelto y atrevido, pero también el más intenso y obseso. Aquí no hay filtros que valgan, la relación cineasta-espectador sentida desde la fisicidad del impacto. Nunca mejor dicho.

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