Lucía Serrano publica nuevo libro infantil sobre el impacto negativo de poner etiquetas a las personas
¡Fuera etiquetas!, un nuevo álbum ilustrado de Lucía Serrano que invita a reflexionar sobre las etiquetas. Las consecuencias de poner etiquetas a las personas son más de las que pensamos y en este libro se analizan todas. Un nuevo libro hecho para pensar sobre un tema fundamental.

Pregunta: El libro está escrito e ilustrado como si fuera una clase, ¿cómo se decantó por este enfoque?
Respuesta: Esta introducción la hice porque al comenzar el libro, sobre todo, pensaba en mis peques y en la manera de ponerlas en situación sobre cómo es el lenguaje. Con esto, pensaba en cómo podía transmitirlo para que en el libro también llegara esa esencia a los lectores y a las lectoras. Las etiquetas, cuando las emplean las niñas y los niños, lo hacen en el contexto de una clase, y ahí pensé que ya tenía una vía para conducir al libro.
Normalmente, las etiquetas nunca van de peques a adultos, sino que se están utilizando las etiquetas con sus iguales. Por eso pensé que era una buena manera: así ellos pueden imaginar situaciones concretas de su día a día. No es tanto en casa donde se crean esas etiquetas, aunque sí que las dicen en casa casi siempre.
P: ¿Ha escrito e ilustrado el libro para crear conciencia de respeto y prevenir escenas de acoso escolar?
R: Principalmente, fue para que los niños entendiesen el concepto de etiquetas más que con la idea del abuso escolar. El libro anterior que hice, que se llama Nos tratamos bien, sí que estaba enfocado desde la prevención del acoso escolar.
Este libro fue más pensando en que entendiesen el concepto y por qué les hace daño que alguien les ponga una etiqueta. El libro está enfocado para la etapa de infantil y a lo mejor sus primeros ciclos de primaria.
Por ejemplo, tú les hablas a un niño de una etiqueta y enseguida van a buscárselas en la ropa. No entienden que hablo sobre las etiquetas que se les pone a las personas. Sin embargo, si alguien utiliza muy repetitivamente una palabra para dirigirse a ellas y a ellos, sí que tienen ese malestar. Por eso, mi idea está enfocada en la identificación.
¿Por qué les molesta y por qué duele? ¿Y cómo defenderse de esas palabras repetitivas? Creo que sí, que tiene una aplicación luego para el acoso escolar, porque al final todo este tipo de motes derivan en el bullying.
P: ¿Cree que se mantienen un poco algunos de los métodos de enseñanza de las generaciones anteriores?
R: Yo creo que ha cambiado, somos más conscientes de todo. Es verdad que creo que todavía hay cosas vigentes. O sea, seguimos tratando en muchas ocasiones a las niñas y a los niños, como no trataríamos a una persona adulta. A un adulto no le decimos que es un desastre, pero a un niño sí se lo decimos. Además, creo que hay que respetar a una niña y a un niño igual que a una persona adulta.
P: ¿Qué opina sobre los roles de géneros en los niños?
R: Esta parte es complicadísima, lo tenemos muy complicado en la sociedad en general. Ahora mismo, en las tiendas no hay una que no esté separada por género: el rosa y el azul.
En las tiendas parece que nos guían hacia lo que les tienen que gustar, en lugar de dejarlos libremente a que escojan lo que quieran. Le hablo a mis hijos y en el libro de esto y yo creo que ahí vas como plantando esa semilla. La vas regando para que en un futuro tengan las herramientas para comprender el mundo que les rodea. Es imposible ir al cien por cien en contra de estas etiquetas de género, porque están por todas partes, pero sí que podemos plantar la semilla de la crítica.
P: ¿Se le da la importancia que merece a los libros infantiles? ¿Qué le diría a las personas que no lo valoran?
Bueno, yo me dedico a esta profesión porque uno de los recuerdos que más que me quedaron grabados de mi infancia fue con libros infantiles. Tengo momentos grabados en mi memoria de mi madre y mi padre leyéndome por las noches. Desde bien pequeña, pensaba que esos momentos eran de lo más importante del mundo, esos cuentos.
Lo que le diría a las personas que no lo valoran es que por qué perderse algo tan bonito y tan importante como generar ese espacio y ese tiempo con las niñas y los niños. Un espacio para hablar, para discutir, para que ellas y ellos puedan contarles también sus cosas. Al final, los libros infantiles son un lugar de encuentro entre de la familia y va mucho más allá de las 16 páginas con el texto y los dibujos es. Pues al final acaba siendo un lugar de estar juntos y es algo muy valioso.
P: ¿Ha tenido una experiencia de primera mano o en su entorno del impacto negativo de las etiquetas que fue el detonante para decidir hacer este libro?
R: La iniciativa fue tomada un poco por la editorial. Me propuso hacer este tema, pero la razón por la que por la que dije que sí, fue en realidad de que había problemas que me interesaban sobre las etiquetas.
Mi hija mayor tuvo su primera experiencia en el cole, de que le estuviesen diciendo algo de manera repetitiva. Sabía cómo abordar este tema en el libro, así que decidí hacerlo. Es como ponerme a hablar a las niñas, a los niños, desde su misma altura, por lo que sea es como me sale escribir. Además, me imaginaba planteándoselo a mi hija y eso facilitó mucho.
P: ¿Cómo fue el proceso creativo?
Al principio, caí de que las niñas o los niños no sabían lo que significaba la etiqueta. Entonces, fue donde más me rompí la cabeza para ver cómo enfocarlo, por dónde empezaba explicando.
Por eso en el libro se crean metáforas como la del papelito de la etiqueta que estaba cada vez más grande y al final es como una sábana que se iba a tapando a la persona. Pensé en la explicación desde la emoción que se siente cuando te ponen una etiqueta, aunque no entiendas el conflicto. Así al comprenderlo, puedan defenderse y tener herramientas.

