Najwa Nimri vuelve al cine y se estrena con una película magistral
La Virgen Roja es un viaje por la contradicción humana y la revolución, en el que lo sublime y lo trágico se entrelazan en un vals hipnótico y, a la vez, doloroso. Paula Ortiz, a través de la psicología y las emociones de sus personajes femeninos, representa cómo fue la vida y la muerte de Hildegart Rodríguez Carballeira, una joven española del siglo XX que representó la lucha interna y el feminismo de la época.

La trama
La película no refleja únicamente una biografía, carga también un gran simbolismo en el que se contrastan las heridas psicológicas y filosóficas, representadas en el personaje de Aurora Rodríguez, la madre de Hildegart. Ofrece una reflexión sobre el amor, el poder y cómo las ideologías, llevadas al extremo, pueden llegar a destruirlo todo a su paso.
Paula Ortiz señala que “La Virgen Roja no refleja un aspecto negro del feminismo, sino que muestra cómo cualquier idea, por luminosa que sea, al volverse rígida, dogmática y totalitaria, es susceptible de desembocar en un acto destructivo y violento. No me gusta mucho la palabra empoderamiento, porque su raíz es poder, y siempre hay que cuestionar el poder. El poder implica competición, y el feminismo es un proyecto de integración, de igualdad real y de libertad real. Ahora también se están engendrando muchos monstruos como Aurora, y creo que es de esa manera que la película dialoga de manera muy escalofriante, y muy hiriente con nuestro tiempo”.
La película es una oda a lo contradictorio: por un lado, un mundo estético, armonioso, metódico y racional que busca simplemente la perfección, como menciona la directora, en oposición a la hostilidad exterior repleta de injusticias, dolor y sangre.

Su reparto
Najwa Nimri, que interpreta a Aurora Rodríguez Carballeira, es la que se encarga de cruzar la línea hacia la locura y, mediante una representación rígida e imponente, consigue transformar la armonía con la que había educado a su hija en un vínculo y en un fanatismo destructivo, que no está representado desde una perspectiva de insania, pero que intenta reflejar el fervor extremo que llevó a Aurora a matar a Hildegart. La actriz realiza una interpretación profundamente emocional y muestra una gran maestría en lenguaje no verbal, que queda latente en el desenlace de la película. “Un disparo al sexo, simbolizando a Freud; otro al corazón, por Nietzsche y, finalmente, un tercero en la cabeza, por Marx”.
De esta forma, Paula Ortiz da vida a la joven como una estatua perfecta construida por el fanatismo de su madre y que, a medida que deja de cumplir con los estándares que se le han establecido, el espectador puede observar como “el plan Hildegart” se va destruyendo poco a poco y culmina con tres disparos que acaban con la vida de la joven.

La estética
Visualmente, la película destaca por su atmósfera trágica, pero bella, a su vez. Estos dos aspectos representan el contraste entre el plan ideal y perfecto de Aurora, con el gran caos violento del mundo exterior. Las imágenes de la película, según indica Ortiz, “son nietzscheanas, buscan la armonía, pero siempre enfrentándose a las imperfecciones y las injusticias que surgen en la vida real”. La directora también ha destacado que “cada encuadre, cada movimiento de cámara está pensado como un acto de creación e imaginación. El cine en realidad no puede ser histórico porque el cine elige, tú eliges el plano, eliges lo que encuadras, y en esa elección hay un acto de creación, de imaginación, de conceptos, de ideas.”
Mención especial a una de las escenas finales en la que Aurora se dirige a matar a Hildegart en silencio, mientras que, a su paso, las cortinas de la casa danzan al compás del aire que entra en el interior. Existe un lenguaje visual que nos traslada a una atmósfera fantasmal avanzándonos que algo terrorífico está a punto de suceder.
En definitiva, Paula Ortiz representa a sus personajes como seres con luces y con sombras. Seres humanos complejos que no actúan ni como villanos, ni como héroes, sino como personas que defienden sus ideologías y que, como todo lo que se radicaliza en la vida, los lleva a situaciones muy peligrosas y a cometer grandes errores. Una historia real que, por mucho tiempo que pase, siempre resultará escalofriante.


