Marco Baliani recuerda los años del plomo en Italia a través del secuestro de Aldo Moro
Cuando en España se habla de atentados y Golpes de Estado, las figuras en las que primero pensamos son Carrero Blanco y Tejero. Cada país tiene su historia y cada familia recuerda su pasado. Si en Italia preguntáramos por uno de esos eventos que sacudió el país durante el siglo pasado nos hablarán del secuestro de Aldo Moro.
El 16 de septiembre de 1978, los miembros de las Brigadas Rojas asesinaron a los cinco escoltas de Aldo Moro en Vía Fani (Roma). Acto seguido secuestraron al Primer Ministro italiano cuando estaba de camino al Congreso. Moro, presidente de Democracia Cristiana, era defensor de una moción de confianza para formar un gobierno con el apoyo del Partido Comunista Italiano.

El 9 de mayo, 55 días después de sus secuestro, el cadáver de Aldo Moro apareció en el maletero de un Renault 4 de color rojo entre las oficinas de Democracia Cristiana y el Partido Comunista Italiano. Un símbolo del descontento de las Brigadas Rojas ante la unión de comunistas y cristianodemócratas. Un enlace que ni siquiera esta muerte pudo parar.
Lo cierto es que el secuestro del que fue Primer Ministro de Italia sacudió a toda Europa. Pero los que mejor pueden definir la conmoción que causó son aquellos que vivían en Roma en ese momento, por eso es que ‘Aldo moro, cuerpo de Estado’ es un testimonio con un valor incalculable.
«De Aldo Moro ¿qué sabemos? Dónde, cuándo, quién lo asesinó, quién lo secuestró y custodió, todo parece claro. Pero, al mismo tiempo, tenemos la sensación de y sabemos que no se ha dicho todo, que la verdad todavía está lejos»
Con una narrativa simple, Marco Baliani, actor y dramaturgo, nos lleva de la mano por todos los aspectos que rodearon el secuestro del «corazón del Estado» italiano. El autor de este texto realiza una radiografía de la izquierda revolucionaria italiana a través de sus propias experiencias.
Empieza por sus inicios como actor en el movimiento estudiantil durante la batalla de la facultad de arquitectura de Valle Giulia. Revisa las reuniones con sus camaradas antes de que algunos decidieran pasar a la clandestinidad. E incluso recuerda la forma en que los periodistas y políticos «celebraban el funeral de Moro por adelantado».
Los años del plomo
Que Marco Baliani decida hablar de Aldo Moro para ilustrar los años del plomo no es extraño. La década de los 70 fue una etapa sumida en luchas sociales y marcada por el terrorismo, tanto de grupos neofascistas como de izquierda.
Las Brigadas Rojas buscaban la revolución comunista armada en un país que trataba de limpiarse del recuerdo de Mussolini. Los radicales fueron expulsados del Partido Comunista y llevados a la clandestinidad. A mediados de los 70 este grupo atacaba a los símbolos del poder burgués, y Aldo Moro era el mayor símbolo en ese momento.

Mientras Moro abogaba por el compromesso storico (compromiso histórico) y esperaba formar gobierno con el PCI, las Brigadas Rojas vieron la oportunidad de asestar un golpe de magnitudes continentales.
Italia se paralizó, el país se echó a la calle y Europa esperaba el desenlace mientras en Roma los carabinieri buscaban al Primer Ministro hasta debajo de las piedras. Marco Baliani es capaz de mostrar un clima cargado de tensión con una mirada casi humorística. Enseña cómo incluso la búsqueda y los abusos de la policía en ese momento parecen absurdos y grotescos al mirar con los ojos del presente:
«La policía había dado el alto a un estudiante en moto en un puesto de control. Después de haber revisado los documentos, los policías le habían requerido que levantase el asiento y abriese el depósito para un control. El estudiante levantó el asiento, abrió el tapón del depósito, después miró dentro y dijo: «Aldo, sal, venga, que nos han pillado». Fue condenado por juicio sumario a seis meses de cárcel.
Una obra de teatro
Si la primera parte de este libro nos lleva de la mano a través de la revolución de una Italia insatisfecha, la segunda se desinfla. Marco Baliani nos habla de una obra de teatro, no de cualquiera, sino de una obra basada en el secuestro de Moro y representada 20 años después de su muerte en directo en televisión.
Pero es complicado seguir el ritmo sobre la figura de Aldo Moro cuando nos hablan de Polinicles y de la producción de una obra que no interesa tanto como el testimonio con el que ya nos hemos familiarizado.
No le quito mérito a Baliani, hay que tener valor para crear e invitar a la reflexión ante un evento como este. Pero es cierto que la lectura se pausa y nos aleja de la figura central según vamos terminando este libro. Y es que el protagonista ha dejado de ser Aldo Moro, ahora conocemos al actor.
Es necesario conocer nuestro pasado, no para evitar que se repita cómo se suele decir, sino para saber cómo hemos llegado al punto en el que estamos. Y a veces, en el individualismo nacional en el que nos sumergimos por lo trágico de nuestra historia, ignoramos lo que ocurrió al otro lado del Mediterráneo. ‘Aldo Moro, cuerpo de Estado’ es necesario, tanto para conocer esa historia, como para pensar en todos esos eventos sobre los que creemos saber todo y, aún así, sospechamos que algo se nos escapa.


