8.4 C
Madrid
jueves, 18 diciembre, 2025
8.4 C
Madrid
jueves, 18 diciembre, 2025

Entre «Something» y «Layla»: la historia detrás del mito

La historia entre George Harrison, Pattie Boyd...

‘La bella durmiente y el bosque escondido’, magia estas Navidades

Jana Producciones adapta a musical el cuento...

Estudiantes vence pero no convence (86-96)

El equipo de Toni Ten esta teniendo...

Pablo Katchadjian, autor de ‘Gracias’: «La literatura te pone en movimiento»

Con Pablo Katchadjian la literatura no tiene límites. A raíz de Gracias, el autor nos demuestra que cada novela abre una nueva vía de exploración y movimiento.

En una isla indefinida y en un tiempo indeterminado, un esclavo es comprado por el señor de un castillo. Allí, se ve obligado a cumplir y soportar las órdenes y abusos de su amo hasta que encuentra el impulso para lograr su libertad. Así, a pesar de los oscuros sucesos que componen la trama, Gracias se erige como la palabra idónea para titular esta obra.

Así nació Gracias

Pregunta: ¿Cómo nació Gracias?

Respuesta: La verdad que no sé bien cómo surgió. Surgió de haber escrito un libro antes, de haber leído libros. Yo antes había escrito otra novela, que se llama Qué hacer, que en España la editó H&O. Cuando escribí esa novela, avanza como en una especie de espiral que se va alargando muy lentamente. Hay mucha repetición y variación de motivos y va pasando algo, pero capítulo a capítulo la variación es mínima.

Eso me dio muchas ganas de escribir una novela que fuera como un trazo grueso, que fuera para adelante. Y, después, hay otras cosas ahí como, por ejemplo, la forma de la alegoría. Estaba pensando en escribir una alegoría. En esto de la alegoría que se toca bastante con Cuentos filosóficos de Voltaire, cosas en que los personajes no tienen psicología, son tipo medio vacío. ¿Viste que es casi que pueden representar conceptos? El esclavo sería como un concepto. Obviamente la novela no es una alegoría, porque no sé cuál es la enseñanza y los personajes tampoco son un concepto, porque el nivel psicológico al menos sí es como existencial.

También había leído una novela, que es Michael Kohlhaas de Heinrich von Kleist. Es una novela que avanza rapidísimo y me dieron ganas de escribir una novela que avanzara muy rápido, más rápido que lo que uno puede asimilar. Pasan tantas cosas, pero concadenadas en una trama, que la trama avanzara con tantas cosas importantes ocurriendo una detrás de la otra que uno tuviera que estar todo el tiempo pendiente de no estar perdiéndose algo. Y fue eso. Hacer un planteo inicial. Un esclavo llega y es comprado, y después no tenía ningún plan. Escribo sin ningún tipo de plan. Voy descubriendo a medida que avanza.

Escribir improvisando

P: ¿Improvisabas mientras escribías?

R: Siempre hago eso.

P: ¿No tenías una idea de cómo podía desencadenarse la historia?

R: No, para nada. De hecho, me acuerdo de cuando la terminé. El final me sorprendió. Estaba escribiendo y de repente pensé «¡oh no! ¡está terminando!». Empezó a terminar y yo pensaba que faltaba todavía. Empezaba a ver ya como una idea, pero muy vaga. La isla se estaba llenando de ceniza, no va a terminar muy bien. Pero, me acuerdo de que el final se aceleró mucho. ¿Viste que se acelera al final de la novela? De repente no sigue narrando al mismo ritmo. Casi va recordando de a cachos, como de momentos grandes. Una cosa que podría haber durado tres páginas dura tres líneas.

La agilidad narrativa, una de las principales características de Gracias

P: Precisamente esta agilidad narrativa es uno de los elementos clave de esta novela. No te da tiempo a similar lo que ha ocurrido porque ya está sucediendo otra cosa.

R: Sí. Eso me fascinó con Kleist y pensé «esto me encanta». Como que no llego a procesar lo que está pasando. Ese tipo de cosas.

P: Los personajes sufren una serie de catástrofes y de experiencias traumáticas y esas experiencias se tratan desde la lejanía. Va tan rápido todo que la novela no se detiene en el sentir de los personajes, en cómo les afecta. Va todo de forma tan ágil que se mantiene un poco la distancia con el sentir de los personajes.

R: ¿Cómo una frialdad? ¿Cómo una insensibilidad? ¿Algo así?

P: No sé si lo definiría como frialdad. Más bien me refería a que el lector, como espectador, no puede llegar a entender bien cómo les afectan esos sucesos a los personajes.

R: Totalmente. No hay mucha psicología. No explica mucho las motivaciones. El protagonista ni siquiera tiene nombre. O lo tiene, pero no está dicho. Muchas cosas no se saben. Yo tampoco las sé. No es que las escondí. Sí, totalmente. Estoy de acuerdo. Hay como una distancia. Como que los mismos personajes no pueden procesar muy bien su alrededor. Por momentos son casi como unos muñecos, como si fueran marionetas.

P: Y, sin embargo, hay bastantes reflexiones por parte del protagonista.

R: ¿Qué tipo de reflexiones? Recordá, me llamó la atención.

P: Cuando se comía las raíces y entraba en los agujeros negros, empezaba a reflexionar sobre cuál es su yo real.

R: Sí, porque se desdobla ahí. Hay un yo que él no conoce. Hace cosas fuertes el yo que no conoce.

A interpretación del lector

P: ¿Qué pasó al final con la ceniza? ¿La ceniza se tragó el mundo?

R: Yo no tengo idea. No sé qué es lo que le hacen hacer. No sé cómo terminan las frases que acaban en puntos suspensivos. No se nada, porque de repente yo iba inventándome y lo que no ponía no aparecía en mi cabeza. Eso es interesante porque permite imaginarte cualquier tipo de continuación. Podés imaginar cualquier tipo de cosa de lo que le obligaban a hacer. Hay como pequeñas pistas, pero no hay mucho en imagen. Yo no la tenía y me gustaba mucho no tener una imagen. Como si hubiera incluso agujeros negros para mi en lo que ocurrió. Como que inventas un mundo y hay zonas que no podés proceder.

P: Zonas que quedan a interpretación del lector.

R: Y del autor.

Algo simple, pero con «un efecto enorme»

P: De alguna forma esos puntos suspensivos son una invitación para el lector, para que tome parte activa en la narración.

R: Eso me dijeron, y yo creo que pasa un poco eso. Se puede interpretar de muchas maneras, ¿no? Como una invitación, como una broma… A mí lo que me pasaba es que empezaba a escribir una oración y luego no me daban ganas de seguirla. Pensaba que si yo no tengo ganas no la tengo que seguir. Y la dejaba en puntos suspensivos. Yo tengo esa idea de que un escritor tiene que ser muy sensible a qué es lo que no quiere hacer. No hay reglas. La regla es que te parezca bien a vos.

P: Parece que es para que el lector tome una parte proactiva en la novela, pero veo que es mucho más simple que eso.

R: Es más simple pero el efecto es enorme. Vos podés tocar un tema y decidir hacerlo muy rápido porque estás con ganas de ir impaciente o acelerado en un recital y los que están escuchando lo sienten. Es una invitación hacia el juego, a saltar y volverse locos.

Origen del título de Gracias

P: ¿De dónde vino el título de Gracias? Realmente, la palabra gracias a penas se menciona a lo largo de la novela.

R: Yo no tengo una respuesta muy clara. algunas novelas las escribo y ya veo que tienen un título, aparece. Acá me pasó que la terminé y no tenía. Empecé a pensar títulos, no me gustaba ninguno. Pensando y pensando de repente apareció la palabra gracias y me gustó porque armaba como un vínculo mío con la novela nuevo. Está esa idea de que un título es como un color más. Aportaba una cosa a la novela que tampoco entendía muy bien qué era. ¿Gracias por qué? ¿Gracias a qué? Gracias está bien. Gracias al lector, gracias al título de la novela, gracias al personaje por haberse salvado, gracias por todo esto que pasó.

P: Pero es una palabra que contrasta mucho con el carácter de la obra, porque realmente, es una sucesión de catástrofes.

R: Es una sucesión de catástrofes, pero, a pesar de todo, el protagonista al principio de la obra es un esclavo y al final de la obra no. Hay un movimiento ahí. Se salva a través de toda una serie de catástrofes.

La libertad, ¿origen de una catástrofe?

P: Sí, pero al final su libertad desencadenó la desaparición de la isla.

R: Es un desastre, sí. Pero, ¿qué desencadenó el desastre? ¿Lo que él hizo, lo que ya había…? Ya estaba mal la isla. Estaban todos los esclavistas. Había un problema ahí. Él tuvo un impulso que estaba bien, deshacerse de todo eso. Una vez que arranca el impulso liberador va a cualquier lado. Se llama Gracias, pero sí, es un desastre lo que pasó. Pero no sé si le echaría la culpa a él.

P: Sí, pero, realmente, a través de su libertad puede tomar decisiones y es esa toma de decisiones la que genera una especie de condena para la isla.

R: Totalmente, pero aparte quiere tomar decisiones que están bien, pero son medio imposibles todas. También lo que pasa es que él tiene buenas intenciones pero no tiene control. Eso no lo había pensado antes. Empiezan a pasar un montón de cosas que se escapan totalmente del control de él.

Elegir como desencadenante

P: Esta última idea la he relacionado con otras de tus novelas. Por ejemplo, en Una oportunidad está esa idea de que elegir es un problema. En Gracias, cuando el esclavo empieza a poder elegir es cuando se desencadenan esas catástrofes.

R: Sí, es verdad. Están en las dos la idea de que elegir es un problema. En Una oportunidad lo mejor que puede pasar es que las cosas se decidan solas. Llevar las cosas hasta la situación en las que se deciden solas. En Gracias él quiere tomar decisiones, poder elegir. Sí, estoy de acuerdo.

P: Además, él toma el mando del castillo. Él es realmente quién tiene más peso para poder decidir.

R: Pero él no quiere. De repente el es el rey y, ¿cómo que el rey? Es muy raro eso. Hay una serie de temas, por decirlo de alguna manera, que van apareciendo libro tras libro. Y, el de la elección, la libertad… Están en todos los libros. Hay uno que se llama La libertad total, que es justo la novela que vino después de gracias. La primera frase es “La libertad total no existe”. Es un diálogo, y el otro dice “¿Ah no?”. Y, después, “No”, “¿Y la parcial tampoco?”, “No”.

Yo creo que lo interesante de estos temas es que es muy difícil entender qué es la libertad, qué es una decisión. Yo creo que las decisiones que más me gustan son las que se toman solas a partir de cosas que yo hice. Tal vez no es decidir, es hacer cosas que te lleven a un lugar.

Juega con el lector pero, sobre todo, con él mismo

P: ¿Disfrutas jugando con el lector?

R: ¿Jugar con el lector? ¿Cómo?

P: Porque cuando las cosas van a ir por un sitio, al final van por otro.

R: Pero eso es lo que me pasa a mí cuando escribo. No me quiero aburrir, entonces tengo que hacer algo para sorprenderme yo también. Para sentir que está pasando algo que yo no había previsto para nada. No es tanto jugar con el lector, sino jugar conmigo. Creo que cuando uno escribe así, inventando a medida que escribe, o dejando que ocurra, está casi en el mismo plano que el lector.

La literatura como innovación

P: ¿Disfrutas mezclando lo real con lo imaginario?

R: Me encanta, sí. Pongo un castillo, pero me muevo en moto. De repente se abre algo nuevo. No sabes bien qué puede haber y qué no. En general termino ambientando todo en lugares que no se sabe bien qué son. Solo no lo hice así en Una oportunidad. Casi que lo hice deliberadamente al revés. Mar de Plata, Cancún… Pero, el Mar de Plata y el Cancún que aparecen en la novela no existen.

P: ¿La literatura es para ti una vía de experimentación?

R: Sí, pero también es como en los sueños. ¿Viste que se mezcla todo? Algo que te pasó con algo totalmente fantasioso. Pero, la palabra experimentación es rara. Me alejaba de la palabra porque experimental puede ser como un experimento que salió mal. Pero, al mismo entiendo qué quiere decir experimental. Como estar probando cosas. Probando cosas no solo de la literatura, sino también de uno mismo.

P: Hay un sentido de innovar, de probar cosas nuevas.

R: Sí, totalmente.

La carrera literaria de Pablo Katchadjian empezó con la música

P: ¿Qué es para ti la literatura?

R: Está bien la pregunta. ¿Qué es para mi escribir literatura? La verdad que no se bien. Yo empecé estudiando música y tocando música. Recuerdo cuando empecé a tocar, a los 15 años. Tocaba punk. Fue una apertura a un mundo increíble. Un mundo en el que lo que yo sentía podía tener un sentido y podía hacer sentir a otro. De escribir letras de canciones terminé escribiendo poesías, novelas… Son formas de lidiar, de organizar, de dar un sentido a lo que ves, lo que escuchas… Es una definición muy sencilla, pero yo creo que es eso. Probar las tensiones que sentís, ver qué significan, ver a dónde van.

También es una forma, que esto lo descubrí más recientemente, que tiene más que ver con lo experimental, de que probando cosas llego al lugares que no se qué significan y son como cosas que arrojo hacia delante y que después tengo que ir a buscar, porque no se qué son ni dónde cayeron. Ahí algo ahí que me interesa. Es una forma de proponer y de proponerme cosas. Son movimientos más basados en la intuición que en la reflexión.

La literatura también es movimiento

P: ¿Te has ido conociendo a ti mismo a raíz de escribir tus libros? ¿Has explorado otras zonas de ti mismo?

R: Eso. Más que conocerme a mi mismo, se abrieron zonas de mí que no se si estaban ya ahí o no. Llegas a un lugar y el lugar te puede sorprender y algo te hizo tirar hacia ese lugar. Más que conociendo o descubriendo, te vas moviendo.

P: ¿La literatura como movimiento?

R: Sí. La literatura como movimiento, la vida como movimiento y ese juego entre los dos movimientos. Tanto al leer como al escribir. Muchas veces yo me leo un libro y me lleva a un lugar totalmente inesperado. Cuando yo tenía 15 o 16, en la librería encontré un libro de Artaurd, Heliogábalo o el anarquista coronado, y lo compré tan solo porque decía anarquista. Leí el libro, que me sigue pareciendo increíble, y pensé “¿cómo se puede escribir esto?”, y miras a un mundo enorme. La literatura te pone en movimiento.

Escribir es como vivir «en una especie de telaraña»

P: ¿Cuál es la obra con la que más has disfrutado escribiendo?

R: No sé si disfrutado es la palabra. No es disfrutado ni no disfrutado. Para nada diría que escribir o el trabajo es una pesadilla, pero tampoco diría que es un placer escribir. Es que, mientras estoy escribiendo una novela, sigo trabajando, haciendo cosas que no tienen que ver directamente con escribir la novela, pero de alguna manera la novela organiza todo. Es como si vivieras en una especie de telaraña, porque cualquier cosa que te pase te puede servir para algo que va a la novela. De alguna forma, todo tiene un sentido de dirección. Entonces no es ni disfrutar ni no disfrutar, pero está buenísimo.

Hay mejores momentos, pero en general es cuando estoy en medio de la novela, no en las primeras páginas, que apenas entiendo. Después de las primeras páginas y hasta que termina, estás viviendo ahí, con eso en la cabeza todo el tiempo.

No hay ninguna novela con la que disfrutara más en particular. En general, cuando no es del todo así, son novelas que no publico. Tengo varias, que las termino, las corrijo y no publico. Ahí, me doy cuenta de que el proceso en general fue distinto. Pasó algo distinto que no fue tan bueno.

Para publicarse, tiene que convencer

P: ¿Qué fue distinto para que no te guste la novela?

R: Por ejemplo, en la anterior a la que estoy trabajando ahora no me convenció. Por ejemplo, por un montón de cuestiones más personales, en lugar de estar mirando y abriendo la novela, ver qué pasa hoy y cómo se desarrollaba, me apoyaba un poco en la novela y como que la aplasté. Como si la hubieras usado para algo la novela, en el sentido de pedirle algo a la novela. En vez de ir caminando de la novela, me colgaba de la novela.

El caballo y el gaucho

P: ¿Hay alguna obra por la que sientas más cariño?

R: Más cariño no. Pero si hay un libro, que se llama El caballo y el gaucho, en el que me gusta mucho el proceso, porque son relatos cortitos de una, dos, tres páginas. Escribí entre 250 y 300 relatos a lo largo de muchos años. A menudo escribía una novela y después seguía escribiendo esos relatos. Los he escrito a lo largo de 7 u 8 años y en un momento dije “ya está” y elegí los que más me gustaba, más o menos la mitad, y me dediqué a ordenarlos y corregirlos. Fue un proceso tan largo que cuando reviso los relatos puedo recordar más o menos los momentos en los que escribía uno u otro. No es que le tenga más cariño, pero tiene algo como de abarcar muchos años. Me acompañó más tiempo.

P: ¿Dentro de esos relatos hay una evolución personal? Porque si ha pasado tanto tiempo…

R: Hay, hay. Hay, totalmente. Después los ordené, no cronológicamente. Los ordené por cómo me gustaba que fueran pasando uno tras de otro. Están separados por un asterisco, sin título. Lo podes leer todo de corrido. Hay relatos que tienen ocho años de diferencia de escritura.

El origen de una idea

P: Todas tus novelas tienen algún elemento que les diferencia del resto. Antes de comenzar a escribir, ¿piensas cuál va a ser ese elemento diferenciador o simplemente te dejas llevar?

R: No. No pienso de antemano. Lo que sí puede pasar es que aparezca una mínima forma de algo que me atraiga mucho. Por ejemplo, había escrito Qué hacer y me sentí muy atraído por los relatos que van muy para adelante y sin parar. Después de eso me estaba ya preguntando por la figura del narrador y escribí Libertad total, que no tiene narrador. Es todo con personajes que hablan. Escribí estas primeras líneas de las que te hablé y pensé “esto me gusta”.

Por ejemplo, ahora estoy terminando una novela y no se si va a prosperar o no. Faltan pocas páginas para terminar la que estoy escribiendo ahora, pero se me ocurrió una cosa que me gustó, que era una novela que empiece “Señoras, señores, bienvenidos”, y que fuera una conferencia. Me gustó esa forma, como de conferencista. Me imaginaba que era un conferencista de extrema derecha, por ejemplo. Un poco por todas estas apariciones de extrema derecha que hay por todos lados. No sé. Hay algo ahí, como una forma y algo que estás viendo del mundo, como “¿qué es esta gente que habla así?”. Un poco para explorar todo eso.

Mucho trabajo y una letra minúscula

P: Sobre tu libro Mucho trabajo, ¿por qué decidiste ponerle esa letra tan pequeñita?

R: Yo había escrito una novela que en formato normal tendría 250 páginas. La terminé, la leí y dije que no quería publicarla. Justo yo estaba probando cosas con letra minúscula. Me empezó a gustar la letra mínima. Además, me encontré con un amigo, Ezequiel Alemián, que estaba armando una editorial de libros muy finitos, que se llamaba Spiral Jetty. Me dijo: “¿tenés algo para la editorial? Y pensé en publicar la novela que acabo de terminar en letra muy chiquita.

Empezamos a probar la letra más chica que se podía leer sin que se rompiera al imprimirlo. Descubrimos que era Times New Roman 2.1, que es una letra muy chiquita. 2.21 no existe. Pero con una lupa, o, si uno tiene muy buena vista de cerca, se puede leer. Y de ahí, de repente el título tenía un nuevo sentido, que era mucho trabajo leerlo y el ¿vale la pena leer esta novela? Hubo gente que la leyó. Quedó en ocho páginas con esa letra.

P: ¿Y por qué en un principio no querías publicarla?

R: No sé bien. La terminé, la leí, pero no me interesaba como novela. No tenía nada. Creo que me dejé llevar un poco por la idea de qué debe ser una novela. Me dejé llevar por algo que no era lo que yo tengo ganas de hacer, por cumplir con unos requisitos por hacer una novela… Algo de eso era.

La próxima novela de Pablo Katchadjian

P: ¿En qué proyecto andas metido ahora?

R: Estoy terminando una novela y es como una mezcla de cosas. Es un novela en primera personas de un tipo que, no se sabe en qué siglo, va de Europa, no dice de qué país, tampoco dice Europa, pero se entiende, al Nuevo Mundo. Tampoco se sabe a dónde. Va escapando de las drogas. Lo cual, cronológicamente, no tiene ningún sentido. Va buscando quién es, se hace duelos, después se hace soldado, cree que es un indígena… En eso estoy.

P: ¿Nos vas a volver a sorprender?

R: Ojalá. Yo me sorprendí bastante escribiéndola.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

Karina Sosa: «Somos piezas en las manos de alguien que está moviendo todo»

En Orfandad, Karina Sosa escribe desde una herida abierta, pero también desde una profunda necesidad de recordar (y de sanar) La novela, publicada en México en 2024, se construye como un cruce entre lo íntimo y lo colectivo: una narradora...

DJ LI4M y Kaze lanzan ‘Me Miran’, un manifiesto sonoro de alta intensidad

El productor y DJ madrileño LI4M presenta Me miran, una nueva colaboración de alto voltaje emocional junto a Kaze DJ LI4M, conocido por su dedicación a la música electrónica y su constante evolución dentro de los géneros electrónicos y urbanos,...

El Gobierno anuncia ayudas en gafas y lentillas para los menores de 16 años

Sánchez anuncia un real decreto con ayudas directas de 100 euros para los menores de 16 años que necesiten estos productos sanitarios, con independencia de la renta familiar El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este lunes, 26 de...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo