Este año se conmemora el 220 aniversario del nacimiento de un escritor inmortal
Los cuentos del escritor danés se han traducido a más de 120 idiomas y sus historias han servido de inspiración a ballets, obras de teatro, e incluso películas de animación.
Los cuentos que nuestros padres nos leían antes de dormir cuando éramos pequeños son lo primero que se nos viene a la mente cuando oímos el nombre de Hans Christian Andersen. El conocido autor infantil danés, que nació un 2 de abril de 1805, era una persona bastante peculiar que detestaba a los niños y ni siquiera se consideraba un escritor de libros infantiles. Incluso se opuso a que le hicieran una estatua con niños a su alrededor.
De hecho, sus escritos le servían de refugio donde ahogar sus lamentos por un amor correspondido, algo que el destino le negaba constantemente. Andersen profesaba su amor tanto a hombres como a mujeres, pero siempre recibía la misma respuesta: una simple amistad.
«La vida en sí es el más maravilloso cuento de hadas» – Hans Christian Andersen

Una estancia por Europa
Andersen conoció a Charles Dickens cuando estuvo un tiempo en Reino Unido, y quedó cautivado por el potente realismo de la obra del autor danés. Además, Dickens le permitió encontrar un equilibrio entre realidad y ficción.
Entabló otra buena amistad con Alexandre Dumas. Sin embargo, tuvo una relación más tensa con otros escritores, como Víctor Hugo o William Makepeace Thackeray, por su actitud vanidosa y egocéntrica.
Entre 1835 y 1872, escribió 168 cuentos con personajes de la vida cotidiana, héroes mitológicos, animales y objetos animados. Todos ellos basados en sus propias experiencias, en el folclore y en la mitología alemana y griega.
La lectura de su obra deleitó más a un público adulto que a los más jóvenes, a pesar de que en un principio parecían cuentos infantiles. Los cuentos de Hans Christian Andersen, que tienen un extraño sentido de la comedia, tratan de las emociones y el espíritu humano en ambientes donde la fantasía forma parte normal de la realidad.

«El destino solo puede ser cambiado por aquellos valientes que se atreven a desafiarlo» – Hans Christian Andersen
Cuando Andersen visitó España en 1862, tenía grandes esperanzas de descubrir lo que le habían enseñado sobre la nación: un mestizaje de culturas, orientalismo sin adulterar, costumbres indómitas, damas despampanantes y vestigios de antiguas civilizaciones.
«¡Oh, quién pudiera estar en España, es como para ponerse verde de rabia por no poder estar allí!», había expresado Andersen en una serie de cartas años antes en 1842.

La princesa y el guisante (1835)
Uno de los grandes cuentos de hadas de Andersen es La princesa y el guisante. Este tiene un final feliz, en contraste con algunos de sus cuentos que tienen finales realmente trágicos, como El soldadito de plomo (1838), donde el protagonista muere quemado, La pequeña cerillera (1845), en el que la protagonista muere de frío en invierno, o La sirenita (1837), en el que la protagonista muere y no consigue ganarse el amor del príncipe y casarse.
Andersen narra la historia de un príncipe que busca una verdadera princesa para casarse, pero no logra encontrar a ninguna que cumpla con sus exigencias. Una noche de tormenta, llega al castillo una joven empapada que afirma ser una princesa.
«¡Solo una princesa de verdad podía sentir el guisante que puse debajo de tantos colchones!» – La reina en La princesa y el guisante
No obstante, para confirmar su autenticidad, la reina coloca un pequeño guisante debajo de 20 colchones y 20 edredones de plumas donde la joven debe dormir. A la mañana siguiente, la muchacha se queja de no haber podido dormir por una molestia en la cama. De esta forma, esta sensibilidad extrema demostraba que era una princesa de verdad, y el príncipe decide casarse con ella.
Según la interpretación, la sangre real es excesivamente sofisticada y no especialmente robusta. Este cuento transmite la idea de que los reyes son incapaces de adaptarse a situaciones (en este caso, un simple guisante) que otras personas pueden despreciar y disfrutar pacíficamente.
El patito feo (1843)
El patito feo es otro cuento clásico de Hans Christian Andersen que narra la historia de un patito que nace diferente a los demás. Dentro de su grupo, el patito es rechazo y los demás patitos se burlan de su apariencia.

Triste y solo, emprende un viaje en el que enfrenta el desprecio y la soledad, hasta que finalmente, al crecer, descubre que no es un pato, sino un hermoso cisne. Al ser aceptado por otros cisnes, el protagonista encuentra su lugar en el mundo y aprende que la belleza y el valor verdadero pueden revelarse con el tiempo.
Numerosas adaptaciones del cuento de hadas se han convertido en películas de animación, óperas y musicales. Andersen sintetiza las coyunturas clave de su vida en esta novela, que tiene su propia trama y no alude a otros cuentos de hadas, costumbres o folclore.
Asimismo, la expresión «patito feo» ha pasado a referirse a cualquier circunstancia o individuo que inicialmente es desaprobado o rechazado antes de evolucionar inesperadamente hacia algo muy superior.
«A veces lo que nos hace diferentes es lo que nos hace especiales» – El patito feo de Hans Christian Andersen
Sus últimos momentos
Andersen sufrió un trágico accidente en su casa a principios de 1872, cuando se cayó de la cama. Se hirió gravemente y nunca se recuperó del todo. Poco después empezó a mostrar síntomas de cáncer de hígado.
«La mayoría de las personas que caminarán detrás de mí serán niños, así que haz el ritmo con pasos pequeños», le dijo Andersen a un compositor poco antes de fallecer mientras hablaban de la música que quería que se interpretara en su entierro.

Tristemente, el 4 de agosto de 1875 falleció en una casa a las afueras de Copenhague llamada Rolighed, que significa tranquilo en danés.
Sin duda, Hans Christian Andersen, gran autor clásico de los libros infantiles con varias adaptaciones cinematográficas y televisivas, sigue siendo en 2025 uno de los autores más traducidos y publicados del mundo de la literatura infantil.
«La imaginación es el puente que conecta el presente con los sueños» – Hans Christian Andersen


