El festival congregó a más de 14.000 personas, consolidando a la cultura urbana como un altavoz para las causas sociales
Anoche, el Auditorio Miguel Ríos de Rivas Vaciamadrid fue mucho más que un recinto de conciertos: fue un espacio de resistencia, arte y compromiso. El cartel reunió a algunas de las voces más influyentes del panorama nacional: Recycled J, Denom, Acqua Toffana, Disobey, Metrika, Faenna y un contundente DJ set de Yibril, uno de los rostros más visibles de la marca Grimey. La gran sorpresa de la noche llegó con la aparición de Gloosito, anunciado como “invitado secreto”, que desató la euforia en un público entregado de principio a fin.
Una noche de unidad y conciencia
Desde las primeras horas de la tarde, los accesos al auditorio ya anticipaban lo que iba a ser una cita histórica. La atmósfera fue eléctrica, pero cargada también de respeto, hermandad y una conciencia colectiva que se dejó sentir en cada rincón. Cada actuación fue un acto de entrega, cada verso una declaración de principios.
El público, diverso y comprometido respondió con una entrega emocional pocas veces vista. Hubo abrazos, pancartas, lágrimas y gritos de apoyo a Palestina que resonaron como un eco constante a lo largo de toda la noche.
Durante toda la jornada, se sintió una profunda conexión entre escenario y grada, entre música y causa. El festival fue un homenaje sonoro a la resistencia palestina, pero también un recordatorio del poder transformador de la cultura cuando se alía con la justicia.
Todo por Palestina
En un contexto marcado por la crisis humanitaria que atraviesa Palestina —con más de 50.000 víctimas mortales en la Franja de Gaza y Cisjordania, según datos de organismos internacionales—, el festival no se limitó a ofrecer un show. Fue, sobre todo, un acto de solidaridad directa.
Todo el dinero recaudado —la entrada tenía un valor simbólico de 6 euros— fue donado íntegramente a la organización Pallasos en Rebeldía, colectivo artístico y benéfico comprometido con la causa palestina desde hace años. Su labor en los territorios ocupados combina arte, denuncia y cooperación directa sobre el terreno.
Además del escenario, el festival contó con puestos informativos, stands solidarios y una fuerte presencia de organizaciones sociales, que ofrecieron materiales para profundizar en la comprensión del conflicto y fomentar una ciudadanía crítica y empática.

Cultura que late con el pueblo
Grimey x Palestina se consolida así como una de las propuestas culturales más significativas del calendario festivo ripense, no solo por la calidad de su cartel sino por la profundidad de su mensaje. En tiempos donde la cultura a menudo se ve despojada de su potencia transformadora, este festival demuestra que la música urbana sigue siendo un espacio de resistencia, memoria y lucha.
En un momento donde la neutralidad ya no es opción, el festival demostró que la música tiene memoria, conciencia y valentía. Lo de anoche no fue solo un evento: fue una declaración. Y más de 14.000 voces lo hicieron retumbar bien alto.


