Ritmos mutantes y la Latinoamérica que arde y baila por los Meridian Brothers
El pasado jueves sala Villanos sería punto de encuentro, con luces oscilantes y una atmósfera expectante, el público ya sabía que la noche no sería ordinaria. El concierto de los Meridian Brothers, comandados por el incansable Eblis Álvarez, arrancó con toda la intensidad desde el primer minuto. Bajo una luz oscura casi ceremonial, comenzó a sonar Salsa Caliente, seguida por un breve relato sonoro, marcado por platillos en solitario, que sirvió de prólogo perfecto.
El inicio del viaje al baile eterno
Le siguió la enérgica Metamorfosis, colaboración con el Grupo Renacimiento, un ejercicio de cumbia experimental con evolución sonora latente. Entonces llegó el estallido de la inconfundible Guaracha UFO (No estamos solos) que encendió la pista con luces desbordadas y un groove extraterrestre que puso a todos a bailar como poseídos.

El repertorio continuó con Bomba Atómica, explosiva como su nombre, y luego En el Caribe estoy triste, una de las nuevas piezas del álbum Mi Latinoamérica Sufre. Eblis la presentó como una creación bogotana influenciada por la champeta cartagenera, una especie de carta de amor y lamento a la región.
Versiones extendidas de una Latinoamérica diversa
Entre aplausos, Eblis saludó al público y compartió que, pese a un viaje largo y extenuante, estaban felices de haber llegado a tiempo. La siguiente canción, según explicó, es un viaje de África a Puerto Rico. Así interpretaron el cover de La Mujer sin Corazón, otro tema con el Grupo Renacimiento que profundiza en la línea entre lo ritual y lo digital.

Con Puya del Empresario, el sintetizador se apoderó del escenario acompañado de un juego de luces potente y desbordador. Pero uno de los momentos más celebrados fue la versión extendida de Los Golpeadores de la Cumbia, una fiesta infinita de percusión, psicodelia y baile frenético.
Composición perfecta de sonidos
Eblis presentó a la banda, María Valencia en la percusión, César Quevedo en el bajo, Mauricio Ramírez en percusión y Hernando Álvarez en teclados. Acto seguido, interpretaron Mándala, también del último disco, y , una crítica directa al abuso de autoridad durante el estallido social colombiano de 2021, con su ya icónico grito colectivo: “Mucha policía, poca diversión”.

Ya hacia el final, sonaron tres joyas cargadas de nostalgia y trance: Sé que estoy cambiando, Hipnosis y Desesperanza. El cierre fue apoteósico, con luces en modo infinito, solos instrumentales cargados de delirio, y un baile colectivo que se volvió rito.
Y así, con un último estruendo sonoro, Meridian Brothers se despidió. El escenario se oscureció, pero en el aire quedó flotando esa mezcla de crítica, ritmo y surrealismo tropical que solo ellos saben conjurar.

