Los beats de Mitú traspasaron fronteras
El pasado viernes Mitú conquistó nuevos corazones con su propuesta sonora, incluso a pesar de dificultades técnicas. En una noche densa, el público se entregó a un set cargado de precisión, nervio y belleza electrónica.
Una noche que empezó complejo
La apertura fue discreta, casi tímida: las máquinas de sonido luchaban con interferencias y retrasos, y por momentos algunos graves se perdían. Sin embargo, Mitú entró al escenario Julián Salazar con esa calma casi ritual que lo distingue. Activó los primeros beats que hicieron vibrar el pecho de la audiencia, que enseguida comenzó a sumarse desde el entusiasmo más honesto.

Un recorrido intenso y emotivo
A pesar de los tropiezos en el audio, cada canción fue un mapa emocional. Mitú transitó sus paisajes sónicos: capas densas de sintetizadores analógicos, percusiones de selva contemporánea, beats bruscos e hipnóticos que recordaban bosques convertidos en techno. El público tímido al principio entró en un trance colectivo, con cabeceos, ojos cerrados, movimientos pausados que terminaban en pequeños bailes íntimos. Tracks de toda una vida como Solitario y Salta detonaron un coro que retumbó en toda la sala.
A mitad del concierto llegó el punto más alto. Ausencias sonoras parecían borrarse cuando la pista comenzó a vibrar de verdad con los bajos de Todos los Santo y otros cortes recientes. El sonido finalmente encontró su lugar: las cajas de ritmo y los teclados conectaron con los cuerpos presentes. Esa magia surgió cuando Mitú rompió la tensión. Con una presencia tranquila, agradeció la paciencia del público, y el aplauso estalló.

Un cierre de comunión tech-selvática
La recta final fue una secuela de momentos intensos, melodías profundas, pistas de baile que creaban un arco compartido entre el escenario y la audiencia, y un ambiente que, por inercia festiva, olvidó los problemas iniciales. Mitú cerró su set con un par de tracks cargados de fuerza, llevando al público a una energía desatada, con saltos, risas y sudor compartido.
Más allá de lo esperado
No fue el concierto técnico perfecto que algunos esperaban, pero fue uno con corazón y comunión. Mitú atravesó las fisuras del sonido para generar algo más grande: una noche de complicidad sin artificios, una experiencia estética y emocional que, pese a las imperfecciones, se alzó como una victoria colectiva de ritmo, resistencia y belleza sonora.

