El estudio Ufotable lo vuelve a hacer: su nueva entrega de las aventuras de los cazadores de demonios es otro hito en la historia de la animación japonesa, y un banquete sensorial para fans (y no tan fans) de la serie
La adaptación del manga original Kimetsu no Yaiba de Koyoharu Gotōge inicia su final. En una trilogía de películas, el popular anime concluirá su saga por todo lo alto, adaptando el último arco argumental previamente dibujado sobre papel: la Fortaleza Infinita. Manteniendo su inconfundible estilo, su excelencia visual y sus deslumbrantes combates, la esperada conclusión de esta historia no ha hecho más que comenzar.
¡OJO! Reseña libre de spoilers.
Guardianes de la noche: Kimetsu no Yaiba – La fortaleza infinita se proyectará -de forma exclusiva- en salas españolas a partir del próximo viernes 12 de septiembre.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
La exitosa serie de animación viene cosechando, desde el estreno de su primera temporada una popularidad sin precedentes. Todo comenzó en 2019, cuando los primeros 24 episodios lograron situar la marca Guardianes de la Noche en lo alto de todas las listas de fanáticos del anime. Al año siguiente, le siguió la película Tren Infinito (Mugen Train), que no sólo confirmó su imparable ascenso, sino que dio un paso más y se convirtió en la película de anime más taquillera de la historia, con hasta 507 millones de dólares de recaudación global.
Continuarían la historia tres temporadas más, con una recepción similar: el arco del Distrito del Entretenimiento (2021-2022), el arco de la Aldea de los Herreros (2023) y el arco del Entrenamiento de los Pilares (2024), desarrollando más los personajes, ofreciendo memorables enfrentamientos, y preparando el terreno para el desenlace final.
El relato original parte de Tanjirō, un débil pero valiente niño que pierde todo lo que ama a manos de los demonios. Jurando defender el mundo, a la vez que protege a su hermana mestiza, hace amigos y se une a la sociedad de los Exterminadores, cazadores de demonios, compuesta por los doce poderosos Pilares, guardianes de la noche. Así, está cada vez más cerca el duelo final contra el cruel Muzan, señor de los demonios, que se oculta en lo más profundo de una dimensión desconocida: la Fortaleza Infinita.

Un despliegue indescriptible
La trilogía, al igual que las anteriores entregas de la serie, está a cargo del estudio de animación Ufotable. Responsables también de la franquicia Fate, su reputación precede a sus trabajos. Ya desde la primera temporada quedaba patente un estilo visual único, sobresaliente en todos sus aspectos, y especialmente en sus secuencias de acción.
Cada técnica de combate utilizada por los protagonistas brilla en la pantalla, y cada «respiración» de espada define a sus personajes. Combinando técnicas de animación digital con trazos que evocan la estética tradicional japonesa, en Guardianes de la noche han logrado una seña artística única: la mezcla de estilos de animación ofrece un contraste entre lo clásico y lo moderno que distingue a la serie frente a otros animes. Añadiendo la inmaculada integración del 3D para traducir a la pantalla las estructuras imposibles de la fortaleza (de forma más efectiva que Tren Infinito), esta última adaptación es, sin duda, la obra magna del estudio.
No se trata solo de diseño, sin embargo. Las escenas de acción brillan en su dirección, tratándose de auténticas coreografías visuales. La cámara fluye como el agua, corta abruptamente ante el shock, gira y se desplaza con un dinamismo nunca antes visto en la gran pantalla. El escenario elegido también suma: nunca, en las dos horas y media de metraje, se vuelven monótonas las ubicaciones de la fortaleza, tratándose de niveles cambiantes, espacios verticales y fantásticos, convierten cada enfrentamiento en un despliegue visual monumental.

¿Para quién es La Fortaleza Infinita?
Es probable que los fans de Kimetsu no Yaiba no necesiten recomendación alguna para acudir a los cines a ver esta nueva película. Sin embargo, si algún espectador casual se encuentra leyendo estas líneas, sin haber visto la serie ni la película que la preceden, ha venido al lugar correcto.
Porque esta primera parte de La Fortaleza Infinita es todo un espectáculo. Es emoción. Es un escalofrío continuo que recorre la espalda, de miedo, de adrenalina, de alegría y catarsis, un auténtico bombardeo de los sentidos, una montaña rusa como tan solo el anime puede lograr. Los numerosos flashbacks informan adecuadamente de eventos anteriores de la trama, permitiendo seguir sin problemas la historia y centrarse en el que es el plato fuerte de la sesión: una imparable tromba de sentimiento, acción, emoción y amor por contar historias.
Los fans de la saga se deleitarán viendo de nuevo a sus personajes favoritos: el miedoso Zenitsu, el bruto Inosuke, y los pilares Giyū, Gyomei y Shinobu, carismáticos héroes con estilos de lucha tan diferenciados que ni un solo segundo de metraje parece repetido. ¿Y aquel que no reconozca uno sólo de estos nombres? La película se encarga de facilitar información acerca de cada uno, sus deseos, sus fortalezas y debilidades, y cualquier otra pregunta que podría surgir.
Eso sí, ahí queda la recomendación: volver atrás y disfrutar, de todas formas, de una de las mejores series del anime contemporáneo.

Y una vez vista, ¿qué hay después de La Fortaleza Infinita?
Estrenada en julio, en Japón ya ha roto casi todos los récords disponibles: la Fortaleza Infinita ha contado con el fin de semana más taquillero, el primer día más taquillero, y una recaudación sin precedentes en sus primeros cuatro días de proyección. En el panorama internacional, ya supera los 209 millones de dólares, sumándole la preventa de entradas. A pesar de su larga duración, en comparación con otros grandes éxitos de anime, los espectadores no retroceden y las ganas crecen.
¿Logrará superar el rotundo éxito de Tren Infinito (2020)? Por lo pronto, y mientras esperamos a su segunda y tercera partes, ya sabemos que la Fortaleza Infinita es historia viva del anime, otro hito más en la cultura popular nipona, y una nueva razón para visitar las salas de cine y experimentar, de primera mano, todo aquello que un artículo periodístico no basta para transmitir.

