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Alexandra Roma: «He sentido el amor al escribir este libro»

En Tantas veces como respiro, Alexandra Roma se adentra en el universo de los rodajes y el fenómeno fan para construir una historia que va más allá del romance juvenil

Ambientada en el set de una serie de éxito, la novela sigue a Sadie Sanders y Dacre Stewart, dos actores obligados a fingir una relación que poco a poco empieza a desdibujar la línea entre la ficción y la realidad. Entre focos, giras y presión mediática, la autora plantea una reflexión sobre la identidad, la ambición y las emociones que surgen cuando interpretar deja de ser solo un papel y se convierte en algo real.

Pregunta: ¿Qué fue lo primero que se te ocurrió: los personajes o la historia?

Respuesta: Esta historia me lleva rondando —y vas a alucinar— desde hace muchísimos años, desde que se estrenó Crepúsculo. Yo trabajaba de becaria de cultura, así que me tocó cubrirlo. Y recuerdo que Crepúsculo era una historia cuya primera película no tenía muchísimo presupuesto; no se esperaba el superfenómeno.

Vino a España parte del cast y, de repente, se formó todo lo que fue ese gran fenómeno. Aquello fue algo que me hizo reflexionar muchísimo, porque yo decía: madre mía, ¿cómo se pueden enfrentar estos chicos tan jóvenes a algo tan grande como lo que les viene?

Tengo muchos temas que sé que en algún momento quiero escribir y, cuando me decidí —después de Las alas que inventamos— a abordar el siguiente proyecto, pensé: es que incluso ahora es más complicado.

Porque en aquel momento había que actuar en lo que es la serie y en lo que es la promoción, pero aún mantenías tu parcela de vida privada. Ahora, en cambio, tu vida privada está tan documentada que es como si tuvieras que estar constantemente. Entonces pensaba: es que ahora mismo un fenómeno es incluso más… hay más presión. Así que fue cuando me atreví y me lancé a escribir esta biología.

Además, he intentado meter muchos guiños a lo que son los rodajes, incluso en los nombres. De hecho, en los nombres —que es algo que suele llamar la atención— he metido muchos guiños. Yo creo que cualquier generación puede encontrar el suyo: desde alguien que ha visto Titanic y, de repente, reconoce que está ubicado en Chihuahua Falls, porque me llamaba mucho la atención un error de raccord de James Cameron, que hablaba de un lago que se construyó después del hundimiento.

En ese sentido, el texto está repleto de pequeñas pinceladas que son un extra para el lector, pequeños detalles pensados para sacarle una sonrisa cuando los detecte.

P: ¿Qué dirías que hace diferente esta historia respecto a tus anteriores libros?

R: Creo que hay dos cosas. La primera es que he intentado que esta historia sea una experiencia porque, además de la propia narrativa, la he intentado nutrir de extras para que la persona lo pueda sentir un poco más, ¿no?

Me refiero: tienes las escenas de la serie que están rodando, pero también me parece muy interesante ver la visión de la prensa, de los blogs que la están siguiendo, y luego tienes la escena de verdad que está ocurriendo. Me parece que esa dualidad funciona muy bien.

Luego, por otro lado, creo que es una novela que tiene menos carga dramática. Por lo menos, en mis últimas novelas había mucha carga dramática, hasta un punto muy doloroso. Creo que esta tiene, como toda historia, sus conflictos, pero no llega a ser tan desgarradora; por lo menos, esa es mi intención.

Luego, cuando me puse a escribir esta novela, después de haber pasado por dos historias tan heridas, lo que quería era pasármelo bien. Siempre que termino una historia digo: “me gustaría que lo sintáis”, pero esta vez añadiría: me gustaría que lo paséis muy bien.

Además, yo cuando empecé a escribir esta novela, lo que quería era sentirla, porque me lo quería pasar bien y quería que fuera muy realista. Entonces, yo me hice la serie, pero la intención jamás era publicarla porque yo quería que todo fuera real.

Siempre digo que me he escrito la historia de Dacre y Sadie, pero que también me he escrito la de Libe y Jude, porque en mi cabeza, por lo menos, estaban las dos. Así que lo he disfrutado doblemente.

P: La historia se desarrolla en el entorno de los rodajes y la fama. ¿Cómo fue el proceso de documentación para reflejar ese ambiente de forma tan realista?

R: Mira, el primer proceso fue toda la parte en la que yo trabajé en prensa, en cultura, y eso me permitió tener esa visión. También fui becaria —yo estudié dirección y guion— y estuve de becaria en dirección en una serie. Eso me tocó un poco por casualidad y, ahí, lo que hacía era estar con los actores, así que me dio otra visión.

Luego, la parte que me faltaba, que digamos que era anterior a todo eso, la completé el año pasado, que fue lo último que hice. Estudié producción en una escuela que se llamaba Escuela Metrópolis, que además forma actores. Entonces les pedí que si me dejaban asistir a sus clases para observarlos.

Y eso me permitió ver lo vocacional que es, lo complicado que es y cómo hacen las transformaciones. De verdad que creo que con esos alumnos, que para mí eran increíbles, es con quienes más he aprendido todo lo que es el proceso de transformarte. De repente ser, imagínate, Sadie y transformarte en Libe, que es el personaje que ella interpreta. Todo eso lo vi con los estudiantes y me pareció maravilloso.

P: ¿Qué querías contar sobre la industria del entretenimiento más allá del romance?

R: Lo que quería era dar una visión, sobre todo, global, porque creo que se tocan todas las partes bonitas —que también las hay—, pero también las partes que lo son menos, como la presión, la rapidez y el sometimiento que a veces tienen estos actores que de repente se convierten en la cabeza visible y llevan mucha carga sobre sus espaldas.

Eso sí que lo quería mostrar. Sobre todo cuando es algo tan grande como esto, se acaba idealizando a los actores. Y era recordar, en cierta manera, que son personas.

Ha pasado, por ejemplo, con Leonardo DiCaprio con Titanic, o con Robert Pattinson. Al final era un nivel de estrés que creo que a veces se nos olvidaba: que eran humanos. Y es un poco lo que intento mostrar.

P: ¿Te interesaba mostrar la fama como un sueño… o como una jaula?

R: Pues creo que las dos cosas, porque yo no creo en lo bueno y lo malo, creo en lo gris. Creo que la fama tiene sus partes muy buenas.

Al final, la proyección, sobre todo para Sadie, porque Sadie llega allí vocacionalmente; a Dacre le gusta el dinero, a Sadie le gusta la actuación. Yo creo que es un poco el resumen. Entonces creo que la fama te puede permitir muchas cosas, te abre muchas puertas y te puede permitir seguir trabajando de lo tuyo. Piensa que, al final, en una serie hay muchísimos personajes y, cuando pasan los años, a lo mejor son dos los que siguen trabajando. Y eso te lo permite la fama: la fama te permite vivir tu sueño.

Ahora bien, también la parte negativa es que puede ser tu jaula. Mira, esto lo explico muy bien con los representantes. Para mí, Shonda Davis era un personaje muy importante, porque yo creo que un buen representante, hablando de la fama, te puede exprimir en el momento en que estás en la pirámide como una naranja, dejarte completamente vacío, sacarte todo el jugo y luego tirarte a la basura sin más miramientos.

Pero uno al que de verdad le importes, esa es la parte buena de la fama: lo que hace es trabajar contigo, aprovechar ese instante para que te labres una carrera y para que tu sueño nunca se apague. Entonces creo que muchas veces todo depende de en qué lado de la fama estás.

P: Si Averno fuese real, ¿qué actor o actriz tendrías en mente para interpretar a Sadie y Dacre?

R: Te prometo que siempre he tenido a algún actor o actriz en mente y esta es la primera vez que no. Sí que tengo muy claro que el chico tendría que tener los ojos verdes porque creo que es la seña de identidad de él.

Esa advertencia que siempre pone Disney, que lo hace a propósito: siempre que quiere señalar a un villano introduce algo verde en los ojos, algún detalle. Entonces sí que creo que ese es un punto importante. Pero la verdad es que esta vez no tengo actores. Creo que lo que cada persona imagine está bien; bueno, siempre está bien, pero esta vez aún más. No puedo dar ninguna indicación.

P: ¿Qué cambia en la historia cuando piensas en ella como dos libros y no como uno solo?

R: Pues a ver, la historia siempre fueron dos libros porque son dos momentos que yo creo que son muy importantes. Sí que es verdad que me cuesta hablar del segundo —y eso que va a salir el 1 de julio— porque creo que es desvelar demasiado.

Pero digamos que, mientras el primero trata el momento de ebullición, el segundo aborda otro momento: cuando todo ya se ha parado. Entonces, ¿qué queda? Cuando ya ha hervido todo, ¿qué hay?

Y yo, personalmente —aunque no lo debería decir—, creo que mi favorito es casi el segundo libro. Creo que el primero es apasionante, pero el segundo, para mí, contiene mis escenas románticas favoritas de todas las que he escrito.

P: Los lectores que han terminado el primer libro ¿Qué se van a encontrar en la segunda parte?

En la segunda parte han transcurrido años y los actores tienen un reencuentro de la serie y cada uno de ellos está en un punto distinto. Y, por cosas de la vida, tienen que volver a juntarse en ese reencuentro, en el que han pasado años, en el que están más maduros y en el que todo está más en calma. Porque, al final, cuando vienen de una promoción, yo creo que no te da tiempo ni a pensar muchas veces; no saben ni qué día es como para saber lo que esta ocurriendo entre ellos. 

De hecho, eso pasaba en las promociones a las que yo asistía como prensa: tú los veías y decías “vale, ayer estuvieron en Roma, pero es que antes de ayer estaban en Alemania”. Sin embargo, en los reencuentros, como pasa siempre en la ficción, es echar la vista atrás, pero ya desde otra perspectiva: estás más tranquilo… o no.

Creo que se van a encontrar eso, y creo que también se van a encontrar mi escena favorita de todos los tiempos y la última frase que más me gusta de todas las novelas. La frase con la que termina esta biología es, claramente, mi favorita, y cuando lo leáis lo entenderéis todo.

P: ¿Qué has aprendido tú como autora escribiendo esta bilogía?

R: Como autora, escribiendo esta biología, he aprendido a ser libre. Yo creo que llega un momento en el que al final empiezas a escribir para publicar, ¿no? Porque quieres estar ahí, porque es tu sueño, porque es tu anhelo.

Y entonces, de repente, con esta novela me dije: “mira, vas a tratar los dos temas que más te han apasionado en tu vida, que son la ficción y la literatura. Tienes que pasártelo bien, sé libre”.

Sí, no vas a dar tantas cajas de pañuelos como con otras novelas, pero vas a hacer que la gente, a lo mejor, sonría o que, a lo mejor, se enfade. Sé libre, haz lo que te nazca. Y eso es lo que hice.

P: ¿Qué emoción esperas que le dure al lector cuando cierre el libro?

R: El amor. Creo que, cuando cerré este libro… siempre que termino de escribir acabo llorando. Y con este tardé como tres horas en darme cuenta de que realmente lo había terminado. Porque, cuando lo pensaba, era como: “es que he sentido el amor”. No sé, era algo raro, suena muy mío, pero era así: lo he sentido de verdad. Y cada vez que pienso en ellos, lo hago con muchísimo cariño, con mucha diversión y con un amor muy grande.

P: ¿Qué crees que hace especial a esta bilogía dentro del romance actual?

R: No te sabría qué responder… creo que, quizá, lo diferente es que está ubicada en algo muy novedoso y que, además de la historia, es una experiencia. De verdad que creo que, cuando terminas de leer Tantas veces como respiro, sientes que has estado en un rodaje, que lo has vivido. Y creo que cualquier persona que haya amado las series juveniles y que haya soñado alguna vez con estar ahí, lo va a sentir. Entonces creo que eso es lo diferente: que lo vas a vivir, que vas a leer una historia, pero que además vas a estar presente.

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