Miyuki Miyabe, la escritora de misterio número 1 en Japón, regresa a las librerías de nuestro país
Con La mano que mueve los hilos, Miyabe escribe una historia policíaca ambientada en el Tokio de los noventa que le hinca el diente a muchas de las flaquezas de la sociedad actual.
Los últimos días de verano, el momento idóneo para leer algo ligerito antes de la vuelta a la rutina. Quizá un romance con tintes de comedia, o un paseo por algún reino de la fantasía. Aunque puede ser que otros se decanten por un brazo amputado, metido en una bolsa, en un parque de Tokio.
Una novela de éxito en Japón
Mohōhan (El imitador), publicada originalmente en 2001 en Japón, se convirtió en un fenómeno superventas con millones de ejemplares vendidos. Llegó a la gran pantalla con Copycat killer (2002), una película dirigida por Yoshimitsu Morita. Pero lo que le puede ser más familiar al público español es El asesino mediático (2023), una serie distribuida por Netflix que se basa en la novela de Miyabe.

La editorial Salamandra apuesta por la novela negra japonesa con esta traducción que titula La mano que mueve los hilos. El perturbador hallazgo de un brazo y la aparición de un bolso perteneciente a una joven desaparecida solo son el principio de un thriller que recorre el paisaje más urbano del Japón de los noventa.
Miyabe no se detiene en el ir y venir de los detectives en la comisaría de Bokuto, sino que se preocupa por la sociedad en la que el crimen ha sido cometido. A lo largo de la novela, se suceden nuevos asesinatos cuyas víctimas siempre son mujeres muy jóvenes.
Los medios se hacen eco de la historia y pronto programas enteros cubren la oleada criminal que azota a Tokio. Aprovechándose del bullicio televisivo, el asesino realizará llamadas en directo a los programas de información.
Una crítica articulada a través del misterio
Miyabe usa este misterio como estructura. Sin embargo, el verdadero escenario de la novela se construye a través de sus subtramas.
Shigeko Maehata es una periodista que se subestima a sí misma. Recién casada, se le van echando encima los artículos que escribe para revistas femeninas: recetas, consejos para la vida doméstica y demás miscelánea.
Al encontrarse el panorama desolador de las recurrentes desapariciones de mujeres, se decide a elaborar un reportaje sobre la razón tras la ausencia repentina de alguien. Antes del cadáver existe una desaparición que, sin el componente cruento del asesinato, no siempre se hace notar en la opinión pública.

A través de escenas de aparente sencillez, pero que engloban un trasfondo de peso, Miyabe confecciona una discreta crítica a la violencia patriarcal. Quiero pensar que su escritura es irónica y que su disección analítica radica en lo desapercibida que pasa la desigualdad en la novela.
Voces femeninas relevantes, la madre de una de las desaparecidas, por ejemplo, son olvidadas durante gran parte del relato sin que su ausencia sea notoria. La historia de Mariko Furukawa, la primera desaparecida que presenta la trama, transcurre a través de la mirada de su abuelo. Su madre desaparece del plano en un inoportuno – e innecesario – accidente.
Desde la sexualización de menores que culpabiliza a la propia menor hasta las presiones matrimoniales bajo el ideal de ser una buena esposa. Una variedad de detalles sutiles y silenciosos impregnan la novela de las desdichas de la misoginia cotidiana.
La dimensión mediática del crimen
La investigación de Shigeko se topa con dos gigantes de la información, demasiado corpulentos para la labor de una periodista independiente. Entre la televisión generalista japonesa y la información recabada por las autoridades policiales se va fraguando una batalla.
La entrada del asesino al terreno mediático mediante las llamadas telefónicas a programas en directo incentiva la sed de espectáculo del canal HBS. Importantes giros de guion se suceden alrededor de la burda y deshumanizante cobertura de los medios tradicionales.
Mientras tanto, Shigeko coincide con el adolescente que encontró el brazo amputado, Shinichi. También él fue víctima de un asesino que se llevó a toda su familia por delante. Su historia y los personajes que le rodean se incluyen a la estructura coral de la novela.
Miyabe inserta un afilado repaso al sensacionalismo de los 90, que no se distancia mucho del actual, al olvidar que tras las pantallas hay vidas que confluyen más allá de los medios. Lo que puede hacer un crimen a la sociedad es lo que la sociedad está dispuesta a recibir, insinúa en un pasaje uno de los detectives protagonistas.
Miyabe explora el llamado crimen por imitación o por contagio mediático. El crimen se produce en un ecosistema social en el que los medios, la fascinación pública y las expectativas generan un interés personal por imitar el modus operandi del criminal modelo, con el objetivo de conseguir un nivel de fama similar.
Continuará…
Esta y otras cuestiones en torno al caso principal tendrán una continuidad en futuros volúmenes. La novela original se plantea en varias partes, por lo que habrá que permanecer a la espera de una nueva publicación. Las ediciones en inglés recopilan ya cinco volúmenes bajo el título The puppet master (el titiritero). Por el momento, no se han anunciado futuras entregas en España.


