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Carmen Mola pone punto y final a la saga de Elena Blanco con ‘El Clan’

Anticipando al mal principal desde Las madres, los Mola finalizan a Elena Blanco con El Clan, con un villano que «supera a todos los psicópatas»

Desde la publicación de La novia gitanaCarmen Mola ha dado de qué hablar en todas las librerías de España. Con un éxito que ha revolucionado el thriller español, se cierra un círculo empezado en 2017, cuando Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero se unieron bajo el seudónimo de Carmen Mola para crear el universo alrededor de la inspectora Elena Blanco.

El Clan se trata de la quinta y última entrega de la saga. Última, ultimísima, tal y como ha confirmado Jorge Díaz en el evento de prensa de hoy, martes 10 de septiembre. «Una pentalogía era el modo idóneo de acabar con la saga de Elena Blanco», comentaba el autor: «Y esto es igual que cuando nos dijeron lo que nos dijeron con La nena… aquí no va a haber precuelas, ni secuelas. Se acaba con El Clan. (…) Carmen Mola sigue, quien ha muerto es Elena Blanco».

El fin de una era

En un ascenso de gore e investigaciones que mantienen al lector en vilo desde la primera página hasta el final, la saga Inspectora Elena Blanco ha conseguido construir un régimen de violencia extrema en todas sus novelas que ha conseguido diferenciarse de las demás obras del género. En La novia gitana descubríamos un body horror poco común para las entregas policíacas, pero nada podía compararse al nivel que la saga alcanza en La nena.

El Clan Carmen Mola
Carmen Mola en la Plaza Mayor de Madrid | Planeta, Javier Ocaña

Este nivel de violencia va incrementando a medida que las novelas continúan, preparando así al lector para lo que viene. El Clan inicia con un ritmo a galope, con un giro que consigue atrapar desde el primer momento que el lector conecta con Elena.

El villano, ya introducido en Las madres, sustenta toda la trama principal al tratarse de un mal superior; un psicópata que utiliza la desigualdad social y el beneficio económico que saca de ella, sacando así una monetización de la miseria humana y de la desigualdad social.

Elena Blanco, por su parte, se convierte en un personaje con mucho dolor y pasado a cuestas. En palabras de los autores: «Todo El Clan tiene una esencia muy de Elena Blanco». Sin ser para menos, hemos visto cómo la cabecilla de la BAC ha estado resistiendo todo lo que la fatalidad de su oficio le ha avalanchado, y aunque no siempre impune, lo ha conseguido sobrepasar… ¿pero qué ocurre cuando se llega a un límite para el dolor?

¿Cómo de brutal es El Clan?

La brutalidad de los Carmen Mola en El Clan traspasa lo que conocíamos en las anteriores entregas, pueden este caso los autores tratan a los niños soldado, el papel de los señores de la guerra, el tráfico de armas y personas en África, las mafias que actúan aprovechándose de la miseria de las víctimas, las rutas ilegales de emigración hacia España y los entresijos del mercado ilegal del tráfico de órganos.

Vemos de esta manera, de una forma más evidente, cómo los problemas de Elena Blanco se han catapultado desde que empezó a investigar el caso de La novia gitana. En esta ocasión, El Clan inicia directamente con la desaparición de Zárate y con la ansiedad de Elena intentando averiguar si aún vive.

La tensión de saber que el personaje principal ha perdido a un ser querido siempre es adictiva en el lector. En este caso, entre Zárate y Elena siempre ha existido un tira y afloja que parecía que nunca tenía solución. Por otra parte, las vidas del escuadrón de la BAC también dieron un cambio radical en comparación al primer libro. Pareciendo que están en sus últimas, deben enfrentarse a lo que es el «enemigo final» que los Mola han creado y poner fin a aquello que, planteado desde Las madres, movía los hilos.

El peligro de la palabra «desenlace»

Hemos visto crecer y madurar a Elena Blanco. Aunque a Agustín Martínez, según lo que nos dijo en el encuentro, no le guste Elena Blanco y estaba «muy contento de no volver a escribirla», los lectores podemos sacar muchas conclusiones de su trayectoria como inspectora y del sello final que ponen a la saga.

El Clan prometía mucho desde que el final de Las madres nos anticipaba una última entrega. La palabra «desenlace» también hace que se espere mucho de un producto. Los Mola lograron comenzar La novia gitana con una premisa fresca y un punto que se acentuaba hacia algo que no habíamos visto demasiado en el género, y ellos bien saben, tal y como confirmó Jorge Díaz, que «escribir mucho de algo no es bueno», entonces el cierre de El Clan debía conseguir tener el mismo potencial que su inicio.

El final de Elena Blanco es, cuanto menos, áspero para los personajes y justo para la trama. Siempre ha habido un aire de fatalidad y desastre alrededor de Elena Blanco, y lo que más nos entretenía como lectores era ver cómo conseguía deshacerse del mismo, pero a sabiendas que, de alguna forma u otra, este memento mori eterno siempre le acabaría persiguiendo.

El principio del fin de la BAC

En El Clan esta tensión está palpándose desde la primera página. Una última parte supone una brutal consciencia para el lector, pues no le cabe un margen de una segunda oportunidad para personajes que daban perdidos. Las muertes son definitivas, las desapariciones pueden conllevar una incógnita definitiva, y las conclusiones son inamovibles.

Con ese efecto, sumándolo al ambiente de infortunio que le rodea a Elena Blanco y a toda la BAC, tenemos como resultado la sensación que deja El Clan en el cuerpo después de leerlo y durante la lectura. La incorporación de nuevos personajes resulta genuina y necesaria; el personaje de Miriam Vaquero consigue comerse la atención del lector con un trasfondo que no pasa desapercibido para el lector.

Es también debido a la magnitud del mal al que se enfrentan que los Mola utilizan la situación para poder hacer hincapié en problemas humanos; en esta entrega mucho más que en las anteriores. Resulta imposible no pensar sobre las situaciones que se describen en la novela, pues los crímenes que introducen en el universo de Elena Blanco son reales… y no es fácil evadirse de la ficción si esta se encuentra en la realidad.

Con mucho pesar, intranquilidad, adicción y siempre ganas de más, los Mola cierran la pentalogía que hizo que se conociese su obra primero por España y luego por el mundo. Logran poner un broche final impresionante a la BAC, concordando con las palabras de los autores: «Con una esencia muy Elena Blanco». 

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