A pesar del título del libro, solo hay un personaje ahogado, físicamente
Benjamin Black nació hace casi 20 años, en 2006, con la intención de convertir la novela negra en arte. El autor detrás de su pseudónimo era nada menos que John Banville, ya por aquel entonces premiadísimo en los circuitos de ficción literaria. Hoy Banville solo escribe novelas policíacas. Piensa que así puede crear más rápido, parcheando su necesidad de alcanzar la perfección con cada frase. Sin embargo, Black se ha esfumado, el nombre no caló. Excepto en España, que también en esto ha ido a su propio compás frente al resto de países europeos.
La traducción de la última novela de Black nos llegó en febrero, de la mano de Alfaguara y bajo el título Los ahogados. Sigue la estela de el resto de libros de la serie: la trama queda regulada a segundo plano en favor de la exploración de los personajes. También como el resto de la obra del autor, es arte, no tiene otra.
La trama se ubica en la Irlanda rural de los años 50, entre Dublin y las zonas costeras del país. El solitario Wymes se encuentra con un hombre que asegura que su esposa ha desaparecido, incluso puede haber llegado a arrojarse al mar. El inspector Strafford y el doctor Quirke, personajes recurrentes en la saga, tratarán de esclarecer el caso, a la par que lidian con fantasmas del pasado. El misterio no consiste tanto en averiguar el destino de la mujer. De hecho las pistas sobre él pueden resultar bastante transparentes. El quid de la cuestión está más bien en la motivación de los personajes.
Los personajes, el reflejo de una sociedad caduca
«Siguió caminado junto a los muelles en la luz acuosa del sol. Winetavern Street, Fishamble, la ruinosas fachadas de Temple Bar, el Ha’ penny Bridge. El fresco aire otoñal había sofocado el hedor verdoso del río. Pasó una carreta de Guiness tirada por un recio Clydesdale con un crin ondeante y cascos bordeados de pelo. Los barriles de madera apilados se bamboleaban; el cochero agitaba con indolencia la fusta. Strafford lo envidió. Casi envidió al caballo»
–Benjamin Black en ‘Los ahogados’, p. 196
Las descripciones de Black detallan la vida de una Irlanda que sigue en pie: la del olor rancio que emanan los pubs por las mañanas, entre otras. También de una Irlanda que ya nunca volverá. La mirada del autor sobre este paisaje con fecha de caducidad sirve además para hablar del trasfondo psicológico de los personajes.
«Daba la impresión de estar esculpido en granito de Galway», escribe Black sobre el sargento de la garda Crowley. Es una de las maneras más bellas de capturar la esencia de un personaje gris, de moralidad dudosa y dureza incontestable, con los que él considera que lo merecen.
En Strafford se nota mucho el miedo y la necesidad de enmascarar lo que siente. «Me educaron para mantener a raya mis emociones», llega a decir a su novia Phoebe. El ex alcohólico padre de Phoebe, Quirke, padece problemas similares. De hecho en muchos de los personajes masculinos de la novela encontramos esa falta de inteligencia emocional, propia imagino de la Irlanda de la juventud de Black que el libro nos quiere retratar.
Las mujeres, reprimidas e hipersexualizadas.
Por su parte, las mujeres con peso en la novela siempre son vistas como un objeto de deseo sexual. La mujer de Strafford, la novia de Strafford, a la que este dobla en edad, la esposa del excompañero de clase de Strafford, con la que el inspector se quiere acostar… Black hace un fiel retrato del sexismo que vivían las mujeres en Irlanda. Siempre estaban abierta y sutilmente controladas por la Iglesia católica, al mismo tiempo que hipersexualizadas por los hombres. Recordemos que los anticonceptivos no fueron legales en Irlanda hasta 1979, cuando se dejo acceder a ellos a las parejas casadas. Ante su falta, mientras que los hombres de la novela tienen líos de una noche sin preocupaciones, ellas viven una sexualidad llena de experiencias traumáticas y juicios morales. La novela enseña los agujeros legales y trucos que utilizaban para luchar contra su situación.
Black vuelve a tratar el abuso infantil
“Un adicto es alguien que genera lástima como ser humano”, declaraba Black en la presentación del libro. Se refería al personaje pedófilo de la novela, del que dice le importaba el trasfondo psicológico, en lugar de el poner en juicio sus acciones. En general el autor concibe la literatura más como un medio para dar a conocer lo que ocurre que para juzgarlo. Y en la Irlanda dominada por el catolicismo, como él explica, todos sabían que el abuso infantil estaba ocurriendo, pero decían que no lo sabían.
El abuso infantil es recurrente en la literatura de Black, pero en esta ocasión se discute de una manera distinta, al utilizarse el punto de vista de un personaje que ha cometido abusos. Son pensamientos extremadamente difíciles de narrar, los que tiene una persona que reconoce la maldad de lo que ha hecho y que todos los que saben de sus antecedentes sienten repugna hacia él. Pero Black es adecuado en su manera de contarlos.
En definitiva, el libro funciona porque sabe honrar las costumbres de la novela policiaca, como el mantenimiento del ritmo mediante cebos al final de cada capítulo y el dar respiros al suspense con momentos cómicos y eróticos. Pero es el hacerlo dejando llevar la acción según el camino personal los personajes, lo que eleva a esta, y el resto de novelas de Black, al podio de la novela negra.

