‘Quién lo impide’, Jonás Trueba

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Póster de 'Quién lo impide'/ Fuente: FilmAffinity

La apuesta arriesgada del director Jonás Trueba sale vencedora gracias al cariño del director y la frescura de sus protagonistas

El artífice de La Virgen de Agosto elige para su última película la adolescencia y sus inquietudes para configurar este documental con tintes de ficción. El estreno se produce cinco años después de iniciarse la grabación, que tiene como protagonistas a un grupo de adolescentes que forman parte del grupo de mediación del instituto. Entre juegos actorales y realidad, son las vidas de estos adolescentes las que dirigen el curso del filme a lo largo de las tres horas y media de duración.

Quién lo impide, premiada en el Festival de San Sebastián, es la crónica de la generación Z, un grupo demográfico que ha crecido en la era digital y que, al igual que los millennials, ha convivido con dos crisis económicas que han influido enormemente en las características que los configurará como adultos. 

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El largometraje es una oda a la adolescencia que entremezcla las entrevistas a alumnos y alumnas de una selección de institutos en Madrid con las vidas de Candela, Pablo Hoyos, Silvio, Claudia, Marta, Rony y Pablo Gavira. El bullying, la homosexualidad y la desigualdad de género a la hora de estudiar asignaturas de ciencias o de letras son algunas de las cuestiones que plantean los alumnos y alumnas de los distintos centros educativos como voz de denuncia para mostrar al espectador la realidad a la que se enfrenta una juventud que, en numerosas ocasiones, sufre la infantilización y el menosprecio de sus problemas por parte de los adultos. Las propias entrevistas se producen en el aula mientras que la cámara de Trueba es la analogía de una ventana que está mostrando al mundo no solo el presente de la sociedad, sino también el futuro con la juventud como eje principal.

Fotograma de ‘Quién lo impide’ | Fuente: Fotogramas

En la gran pantalla vemos las peculiaridades de estos jóvenes nacidos a principios del siglo XXI, para lo que Jonás Trueba añade a su cinta una videollamada de Zoom de los actores, que se hicieron mayores con una pandemia de por medio. Llegamos a empatizar con todos los elementos comunes que son atemporales y que todos hemos compartido. En definitiva, el objetivo de Trueba es mostrarnos el desarrollo de la identidad como resultado de las primeras experiencias juveniles.  

La imagen tierna y nostálgica que se atreve a filmar Jonás Trueba de la adolescencia desafía el desprecio que muestra la sociedad hacia los jóvenes. Son los culpables de degradar los valores de la sociedad y la tradición e, incluso, ante la situación epidemiológica actual han sido culpados de egoísmo y responsabilizados por el incremento de los casos de contagio. Para los adultos es más fácil señalar con el dedo acusador a las generaciones posteriores que asumir la parte de culpa que les corresponde.

Quién lo impide es el interrogante que enmarca una etapa de la vida donde todo es posible. Los ideales, la pasión y el progreso son los estandartes que unen a la juventud, indistintamente de su año de nacimiento, y son precisamente esos tres ingredientes los encargados de hacer reír, emocionarse y sentirse identificado al espectador de esta obra fresca y original dentro del cine español.

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