La cinta, que se estrenará el 17 de enero en nuestro país, ha recibido premios por parte de los críticos de cine por su valentía
Este provocador filme promete no dejar indiferente a nadie gracias a su representación sobre el deseo femenino, la vulnerabilidad que conlleva explorarlo y el debate que abre sobre las dinámicas de poder en las relaciones.
Nos encontramos ante Babygirl, la tercera gran película de la cineasta holandesa Halina Reijn, que alcanzó su fama con la predecesora Bodies, bodies, bodies. Ha sido distribuida por A24, productora que apuesta fuerte por obras que rompen esquemas en el cine. Entre ellas la oscarizada Everything, everywhere all at once, The Whale o la esperada Queer, donde compartirán pantalla Daniel Craig (Skyfall, Knives out) y Drew Starkey (Outer Banks).
La cinta cuenta, además, con actores brillantes de la talla de Nicole Kidman como protagonista (Moulin Rouge, Los otros), Antonio Banderas encarnando a su marido (El gato con botas), Harris Dickinson quién se encargará de dar vida al becario (Kingsman, The Iron Claw) o Sophie Wilde (Háblame).

Explorando más allá del deseo femenino
Romy (Kidman) es una alta ejecutiva de una compañía de robótica, que debe hacerse paso en un mundo de hombres hasta llegar a lo más alto. Su vida personal parece idílica en un principio, donde se observa la complicidad que comparte con su marido (Banderas) y con sus dos hijas jóvenes (Esther McGregor y Vaughan Reily).
Pero pronto se revela la verdad: no se siente satisfecha con su vida, siente que le falta algo. Y todo parece encajar cuando conoce al nuevo becario (Dickinson): un hombre seguro de sí mismo, misterioso y dominante. Es ahí cuando comenzará una dinámica entre ellos en la que parecen jugar al gato y al ratón, difuminando la línea de lo profesional y lo personal, amenazando con hacer caer todo aquello que Romy ha construido.

Temas que aborda
Kidman ganó la Copa Volpi en el Festival de Cine de Venecia de 2024 por esta película, y en su estreno en el mismo festival, recibió una ovación del público de siete minutos.
La representación del deseo femenino se ha intentado explorar en filmes últimamente como Pobres Criaturas (Yorgos Lanthimos) o Good Luck to you, Leo Grande (Sophie Hyde), aunque Babygirl promete ir más allá.
El magnetismo de lo prohibido, el conflicto del anhelo y la moralidad o la exploración de los Kinks son algunos de los temas que plantea abordar desde un punto de vista psicológico, a través de los personajes.
Unos personajes que parecen no saber muy bien lo que desean hasta que lo van averiguando a la par con el espectador. En principio, buenas personas que llegan a tomar malas decisiones guiadas por sus emociones y sobretodo, por sus deseos.
Además, plantean desde el primer momento cuáles son sus roles, ya que Romy posee el poder dentro de la empresa pero es Samuel, el becario, quien impone las reglas fuera. ¿Es justificable lo que hacen si ambos dos lo consienten y lo desean? ¿O aún así han cruzado una línea roja?

La fuerza de la química
Babygirl brilla gracias a la actuación de sus protagonistas. Nicole Kidman consigue hacer que funcione, poniendo todo su ser al servicio de la pantalla. Un papel que algunos han catalogado como la sucesora de su personaje en Eyes Wide Shut, y que muestra el rol de la vergüenza y la vulnerabilidad en el filme.
Otro punto que destaca es la química entre Harris Dickinson y Nicole Kidman, que parecen entenderse sin mediar palabra. Logran explorar efectivamente la dinámica de poder entre ambos personajes. Aunque en cierta medida, se plantean cuestiones que se dejan sin definir posteriormente, haciendo que el guion no sea el punto más sólido ni mejor construido.
El ritmo narrativo se muestra rápido al principio de la cinta, y va evolucionando hasta encontrar momentos más pausados al final. Una especie de símil con la relación entre sus protagonistas.
En consecuencia, Babygirl es un drama erótico que sabe exhibir sus objetivos narrativos de manera eficaz, dejando suficiente espacio para que el espectador reflexione y aporte su propia interpretación. Aunque tal vez no sea la obra definitiva sobre el poder y el deseo, logra manejar algunos aspectos con destreza. Vale la pena verla, especialmente por las actuaciones. Sobre todo la de Harris, que se encuentra entre su mejor interpretación hasta la fecha.

