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‘Sting. Araña asesina’, el mejor cine de terror a ocho patas

Una pequeña araña extraterrestre llega a la gran pantalla a hacer las delicias del espectador con humor y terror a partes iguales

Gracias a la sempiterna manía española de añadir subtítulos explicativos a las películas -el título original en inglés es simplemente Sting-, es fácil imaginarse la trama, o, al menos, las líneas generales de esta nueva propuesta de cine de terror. Sin embargo, no se puede subestimar lo que este homenaje al cine B ochentero tiene que ofrecer.

La actual es una época en la que el cine de terror se ha vuelto quizá demasiado serio. Toda película se centra más en telegrafiar sus temáticas que en buscar el entretenimiento del espectador (en 2025, un caso más que evidente ha sido el fracaso de Hombre Lobo).

Antídoto para el terror serio, Sting. Araña asesina se estrena en cines españoles el próximo viernes 28 de marzo.

No recomendada para pacientes con aracnofobia

A pesar de tratarse de una producción australiana, la acción nos sitúa en invierno, en el reconocible barrio de Brooklyn, Nueva York. En un ruinoso edificio, regido por una más que siniestra casera, un pequeño asteroide perfora una ventana y es encontrado por una pequeña adolescente llamada Charlotte, que forjará amistad con su alienígena ocupante.

El irónico nombre de la protagonista, Charlotte, es la primera de las señales de que nos encontramos ante una película que se toma muy poco en serio a sí misma, en el más positivo de los sentidos del término. Sting es plenamente consciente de lo ridículo de su propuesta, y se lanza de lleno sobre su premisa con todo un arsenal de personajes rocambolescos (casi sacados de las páginas de un cómic).

Sin duda, hace una buena dupla con la reciente Vermin. La plaga (2023), otra cinta de terror arácnido, de origen francés. Mientras que Sting apuesta su presentación en el tamaño de la susodicha criatura, la otra lo hacía en cantidad, infestando un bloque entero de edificios con todo tipo de desagradables bichos y ofreciendo multitud de escenarios inolvidablemente repulsivos.

Un apartado técnico excepcional

Sting ha contado con casi 28 millones de dólares de presupuesto, una cantidad más que notable para una película de estas características, y la inversión ha dado sus frutos en la gran pantalla. Visualmente, es una pequeña maravilla, con una lograda fusión de marionetas y efectos visuales por ordenador, a cargo de la reputada empresa Weta FX, responsable de, entre otros, El Señor de los Anillos y Avatar.

La araña Sting y la pequeña Charlotte | Fuente: Fotograma de la película propiedad de Screen Australia, Pictures in Paradise, et al.

Dirige Kiah Roache-Turner, curtido en el cine de bajo presupuesto en la saga Wyrmwood. Con mayor o menor éxito, su trabajo ha logrado fusionar horror zombi con un sentido del humor heredado del genial Sam Raimi. Su terrorífico legado gracias a la colección Posesión Infernal es más que palpable en Sting, ya que, aunque no cuenta con maldiciones ni muertos vivientes, sí que usa las marcas de estilo en su favor. Siguiendo el lema no escrito de Raimi (mostrar imágenes grotescas y divertidas en el mismo fotograma), el director combina drama familiar, terror alienígena y una serie de mortíferos ataques no recomendables para el débil de corazón.

Visualmente, sin embargo, Sting se acerca más a la contemporánea secuela Posesión infernal: El despertar (2023), cuya acción también tiene lugar en un edificio de apartamentos. También se debe, sin lugar a dudas, a una cuidada imagen digital, lo cual, sumada a un diseño de producción impecable, hace maravillas de una localización que, en otros proyectos, podría hacerse repetitiva. Cada giro de cámara y transición están perfectamente elegidos para transmitir las sensaciones de la historia, uniendo perfectamente un POV de la araña por los pasillos con un montaje reposado de una simple conversación entre padre e hija.

La araña no ensombrece a sus personajes

Las películas con monstruo, especialmente las del nuevo siglo, pueden caer -y han caído- en la tentación de volcarlo todo en su criatura, y dejar de lado el guion y las subtramas. No es el caso de Sting, que dedica una considerable cantidad de metraje a la relación entre una niña, su madre, y su padrastro.

Alyla Browne -a quien reconoceremos en Furiosa: De la saga Mad Max (2024) y en Sonic 3: La Película (2024)- da vida a Charlotte, en una interpretación sorprendentemente emocional para alguien de su edad. Afectada por el aislamiento del invierno, la complicada situación de un padre ausente, y los celos de su hermano recién nacido, su historia permite vincular dramáticamente a la audiencia. Su padrastro (Ryan Corr) es el ancla temática de la historia, y el conflicto entre ambos lleva a un satisfactorio final.

Sobreviviendo al monstruo | Fotograma de la película propiedad de Screen Australia, Pictures in Paradise, et al.

La estrambótica galería de personajes secundarios que orbitan esta trama garantizan que no nos impacientemos ante el pausado desarrollo de acontecimientos en la primera mitad de sus 91 minutos de duración. Mientras la araña va ganando tamaño, se nos presentan ancianas con demencia, exterminadores hip-hop, un científico loco y un perrito adorable que querremos defender con uñas y dientes de las fauces que acechan el edificio.

Guiños al mejor terror de todas las épocas

El director Kiah Roache-Turner y su equipo son, sin lugar a dudas, cinéfilos empedernidos. Y se han asegurado de que lo apreciemos, porque Sting cuenta con referencias inconfundibles que, por suerte, no restan personalidad a su propia presentación. Además de la ya mencionada influencia de Sam Raimi, se aprecian otros retazos del mejor cine de los ochenta.

Alien, el octavo pasajero (1979), y su secuela son sin duda los más evocadores. Su puesta en escena está cargada de planos que subrayan la omnisciente presencia de la criatura, y acierta en la decisión de ir mostrándola gradualmente. También se acerca temáticamente, enfocando la trama en el valor de la paternidad. ¡Incluso hay un momentazo «aléjate de ella»!

La construcción del edificio, con estancias bien caracterizadas y diferentes entre sí, nos recuerda al mejor cine de terror gótico. A pesar de tratarse de Brooklyn, Sting traslada su mundo a los ambientes de La profecía (1976) y de La semilla del diablo (1968).

Ligera, evocadora, y con un poco de todo (y de todos), Sting. Araña asesina es un estupendo espectáculo para disfrutar, y un pequeño testimonio de que el cine de terror, al igual que la comedia y la ciencia ficción, a ratos también está para, simplemente, pasarlo bien.

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