Hizo historia al convertirse en la primera mujer policía de Nueva York
La mañana del 13 de febrero de 1917, una chica de sólo 17 años se despidió de su hermana y salió de su casa sobre las 11. Y esa fue la última vez que su familia supo nada de ella. Pese a ser hija de un hombre de negocios adinerado, la policía pronto dejó de buscarla por falta de pistas que seguir. Un caso imposible que habría quedado sin resolver de no ser por la intervención de Doña Sherlock Holmes.
Grace Quackenbos Humiston fue una de las primeras mujeres en graduarse en derecho en la Law School of New York University, en 1903. Sus profesores quedaban tan maravillados al escucharla que la instaron a dar clases extra (donde sólo se permitían hombres), de manera que consiguió completar la carrera en sólo dos años, entre los diez mejores expedientes de su clase. Tres años más tarde se convirtió en fiscal federal de los Estados Unidos, siendo la primera mujer del país en lograrlo.
Algunos periodistas especulaban que Grace conseguía resolver misterios que nadie más podía resolver gracias a su “intuición de mujer”. Pero lo cierto es que si llegaba a ser una persona tan eficaz era por que estaba dispuesta a todo para resolver cada caso. Muchas veces se disfrazaba e infiltraba, corriendo grandes riesgos personales, para conseguir las pruebas necesarias. Según ella misma declaraba, «La policía no sirve. Tienen todos los hechos para empezar, como yo los tengo, y no hacen nada».

Abogados para la gente: “People’s Law Firm”
Además de una excelente detective, Grace podía presumir también de buen corazón. Fundó el Despacho de Abogados de la Gente (People’s Law Firm) con la intención, según declaró al New York Times en 1905, de ofrecer servicios legales “a un coste asequible”. Demostró que “un despacho legal para ayudar a los pobres puede operar (…) para gran beneficio de ellos”.
Empezó sola, pero al poco tiempo tenía cuatro abogados trabajando para ella y dos oficinas en diferentes zonas de la ciudad. Se centraba principalmente en casos que involucraban a inmigrantes y trabajadores de pocos recursos, ambos en situación de explotación laboral al sur del país. Esto le trajo duras críticas. De hecho, en algunos periódicos empezaron a llamarla Quackenbos la Cotilla. Pero ella no se achantaba, y afirmaba que, con los medios suficientes, “podría acabar completamente con la esclavitud en el Sur en un periodo de un año”.
Sus casos no se limitaban a la explotación laboral (aunque fue, sin lugar a dudas, uno de los campos en los que más se esforzó por conseguir justicia). Una de sus investigaciones más conocidas fue aquella con la que consiguió salvar a una mujer de la pena de muerte, sólo tres días antes de su ejecución. Antoinette Tolla había sido sentenciada a muerte después de acabar con la vida de un hombre que intentó agredirla sexualmente.
Como Antoinette era italiana, el Cónsul General italiano quiso contratar a Grace para volver a investigar el caso. Ella aceptó, sin cobrar nada, “de mujer a mujer”, y consiguió demostrar que Antoinette había matado en defensa propia; y que la defensa de la mujer y sus pruebas no habían sido traducidas del italiano, impidiendo así un juicio justo. De esta manera, días antes de la ejecución, se conmutó la pena por siete años y medio de cárcel.

De mujer a mujer: Doña Sherlock Holmes
La mañana del 13 de febrero de 1917, Ruth Crueger se despidió de su hermana y salió de su casa. No volvió a saberse nada de ella. Para entonces, Grace ya era conocida a nivel nacional como una detective implacable, y aceptó el caso pro bono, es decir, de manera gratuita. Después de entrevistarse con la mayor parte del pueblo de la joven, Doña Sherlock Holmes comenzó a atar cabos.
Comenzó a sospechar del mecánico italiano de un taller de bicicletas, Alfredo Cocchi. Después de intentar infiltrar a un colega detective en el taller sin mucho éxito, Grace decidió que su mejor opción era comprar la tienda entera. Así, una vez en su propiedad, levantó el suelo del sótano y comenzó a cavar. Allí estaba enterrado el cuerpo de Ruth, casi descompuesto, pero identificable por su joyería personalizada. Cocchi consiguió escapar, pero fue arrestado en Italia, condenado a 27 años de prisión.
El periódico The New York Sun abrió al día siguiente con un fuerte titular: “La policía de Nueva York deja que una mujer les avergüence”. Este caso la convirtió en la primera mujer en formar parte del cuerpo de detectives del Departamento Policial de Nueva York. Comenzó a trabajar en el Despacho de Personas Desaparecidas, y se corrió la voz. Padres de todo el país inundaron el buzón del departamento con cartas que suplicaban que Grace buscara a sus hijas desaparecidas.
Así fue. A partir de ese momento, Grace Quackenbos Humiston se dedicó a buscar a chicas jóvenes desaparecidas, ya que, según ella misma declaró a diferentes periódicos de la época, “la desafortunada verdad es que, a menudo, la actitud de la policía [cuando una chica joven desaparece] es pensar que “era una chica problemática desde siempre””, que probablemente habría huído con un novio que la familia desconocía.

Grace Humiston, un icono desconocido
A pesar de que Grace Quackenbos Humiston fue una mujer tremendamente importante para los ciudadanos de Nueva York y a pesar de que consiguió innumerables logros que, en esa época, estaban reservados en exclusiva para los hombres, su historia y su figura sigue siendo muy desconocida, más aún si hablamos del ámbito hispanohablante.
No fue hasta 2017, 100 años después de su impecable trabajo en el caso Crueger, que se escribió el primer libro influyente sobre ella. Brad Ricca, en su libro Doña Sherlock Holmes: La historia real de la mejor mujer detective de la ciudad de Nueva York y el caso de la chica desaparecida en 1917 que cautivaron a una nación, cuenta la historia de este modelo a seguir. Esta obra ni siquiera está traducida al español.
Al honrar y aprender de figuras como Grace Humiston, nos comprometemos a no olvidar el legado de aquellos cuyas contribuciones han moldeado el mundo en el que vivimos hoy, y a seguir buscando la equidad y la justicia para todos. Grace es un recordatorio inspirador de la capacidad individual para provocar un cambio positivo en la sociedad.

