El reflejo de la modernidad: Emilia Pardo Bazán

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Retrato de Emilia Pardo Bazán | Fuente: Biblioteca Dixital de Galicia

La literatura de Emilia Pardo Bazán abrió las puertas a las ideas de nuestro siglo

Emilia Pardo Bazán es una mujer pionera en la llegada a España de la literatura naturalista, una influyente escritora, periodista, crítica, empresaria y, a veces, política. «Alma mater» de una sociedad, fue atrevida en su obra y en su vida, no dejó nunca de lado sus valores y, sobre todo, mostró el mundo en el que vivía con una mentalidad más propia de este siglo.

Este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se recuerda la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres que todavía existe en muchos ámbitos de la vida cotidiana. «Todo acto de violencia física y psicológica, incluidas las agresiones a la libertad sexual, las amenazas, las coacciones o la privación arbitraria de libertad», según el Ministerio de Educación y Formación Profesional.

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La igualdad es un concepto relativamente incorporado a la sociedad actual, ha sido fruto de una larga evolución humana y tiene un peso importante en la organización de nuestros valores. A pesar de eso, la violencia contra la mujer sigue siendo una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas y persistentes, según informa la Organización de las Naciones Unidas.

Emilia comenzó a sentar las bases de la igualdad de género que llega hasta nuestros días, en muchos ámbitos. Como explica la Biblioteca Nacional en una reciente exposición «ella declinó en femenino un término netamente moderno, el de intelectual».

Hidalga en busca de una voz propia

Emilia nace el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña, Marineda en sus obras. Es hija única fruto de un matrimonio rico, educado y liberal. Los padres de Emilia, José Pardo Bazán y Amalia de la Rúa Figueroa, le ofrecieron una educación cuidada para las costumbres de la época y nunca le faltó la cultura.

En sus Apuntes Autobiográficos de 1886, que se publicaron precediendo a la primera edición de Los pazos de Ulloa, Emilia explica como leía todo lo que caía en sus manos e intentaba rimar versos, aunque no muy buenos: «Era yo de esos niños que leen cuanto cae por banda, hasta los cucuruchos de especias y los papeles de rosquillas […] de esos niños que se pasan el día quietecitos en un rincón […] y bizcan levemente a causa del esfuerzo impuesto a un nervio óptico endeble».

A los quince años se lanzó a componer su primer cuento, Un matrimonio del siglo XIX, el primero de 600 que publicó durante su vida. Poco después, a los dieciséis, dejó atrás la infancia para casarse con José Quiroga y Pérez Deza. «Tres acontecimientos muy importantes en mi vida se siguieron muy de cerca: me vestí de largo, me casé y estalló la Revolución de Septiembre de 1868», explica ella en sus Apuntes.

Retrato de Emilia Pardo Bazán | Fuente: Biblioteca Dixital de Galicia

Entre La Coruña y Madrid, donde su padre militaba en el partido liberal progresista, su formación y su inquietud por la escritura se alimentaban y veía en ella su misión. Esto escribía en una Carta a Francisco de Giner de los Ríos. «Creo, y esta es mi profesión de fe, que el que tiene disposiciones para escribir debe hacerlo […]. Y en lo que no me equivoco es en creer que gozo, que me distraigo y que vivo cuando cojo la pluma».

«Y es lo bueno que, al experimentar este placer, no creo hacer nada ni trascendental ni importantísimo»

Emilia, en esencia

La situación española en la segunda mitad del siglo XIX es bastante contradictoria: un Antiguo Régimen residual, que se enfrenta a una poderosa burguesía bicéfala de liberales y conservadores; un proletariado, cada vez más consciente de la desigualdad de clases, y una órbita de razón y fe que sobrevolaba todo lo anterior. La posición de la mujer tampoco había mejorado desde el intento en Francia de proclamar una Declaración de los Derechos de la Mujer. Estas seguían discriminadas y alejadas de la vida pública.

En este contexto, Emilia nunca encajó en los cánones de la época. Ella era católica y carlista practicante, de la aristocracia y muy conservadora en lo político, pero, a la vez, autodeclarada feminista radical, mujer libre y liberal en lo social que nunca siguió el cliché de la mujer devota. Así la define Isabel Burdiel, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Valencia en su biografía Emilia Pardo Bazán.

Emilia Pardo Bazán introdujo en España un movimiento literario cuyas bases filosóficas distaban, en cierta medida, el naturalismo de su visión religiosa. Así, comenzó a reflejar de manera crítica los problemas de la sociedad.

Ella escribía bajo una reinterpretación católica de ese movimiento y lo expresaba abiertamente. Pero era un momento de agitación y gran parte de la sociedad reaccionó al cambio mediante el rechazo, lo que resulta, paradójicamente, muy del moderno siglo XXI. A pesar de las duras críticas que Emilia recibió, en las que llegaban a acusarla de hereje, nunca agachó la cabeza.

«Yo examino la estética naturalista de la luz de la teología descubriendo y rechazando sus elementos hieráticos […] intentando un sincretismo que deje a salvo la fe»

Preámbulo al presente

La situación laboral de las mujeres que trabajaban, por aquél entonces, era decadente. Solo podían ocupar puestos de baja cualificación y su presencia se relegaba al entorno agrícola y el mundo industrial. En su obra La Tribuna, primera naturalista en España, Emilia refleja de manera explícita la pobreza y miseria de la clase obrera, sobre todo de las mujeres. Realiza un impecable análisis de una clase social por medio de la vida de Amparo y 4.000 cigarreras que protagonizan una revuelta pública. Una auténtica declaración de intenciones: «Tal vez no falte quien me acuse de haber pintado al pueblo con crudeza naturalista. […] Lícito es callar, pero no fingir».

Casi 140 años después de la publicación de esta obra, las mujeres siguen luchando por unas condiciones laborales igualitarias y un reconocimiento respetable en la esfera pública. Según datos de la Secretaría de Estado de Trabajo y Economía Social, en el año 2020 el número de mujeres en paro asciende a un 7.7%, 3.5 puntos por encima del hombre. Así mismo, las mujeres cobraron una media de 400€ menos al mes que los hombres en 2019, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto refleja el techo de cristal que nuestra viajera en el tiempo ya vislumbraba.

«La inevitable en París», Revista Gedeón, Madrid, 29 de agosto de 1900 | Fuente: Biblioteca Nacional de España

Entre críticas acerca de su forma de vivir la vida, Emilia también defendió fervientemente la libertad de las mujeres para sentir y expresar deseo sexual sin remordimientos. Con un gran escándalo, la publicación de su obra Insolación saca a la palestra un tabú que llega hasta nuestros días.

En su biografía, Isabel Burdiel explica que «se había hecho trizas, con aquella novela, una determinada comunidad emocional». Y es que se pusieron en duda los patrones de comportamiento amoroso y sentimental femeninos, que rechazaban y criminalizaban que la mujer experimentara deseo. «El terror a la sensualidad femenina».

Emilia cuenta en Insolación la historia de Asís Taboada, una joven viuda que vive una historia de amor con Diego. Durante la obra, la visión de la protagonista sobre su sexualidad evoluciona, entre contradicciones continuas. Finalmente, Asís decide no someterse más ni a convenciones sociales, ni a las normas de decoro femenino impuestas y, simplemente, acepta que es libre de sentir pasión. Así fue como Emilia abrió la puerta, una vez más, a la libertad femenina. Qué diría si viese que seguimos gritando «yo elijo cómo me visto y con quién me desvisto» cada 8 de marzo.

«¿Por qué no han de tener las mujeres derecho para encontrar guapos a los hombres que lo sean, y por qué ha de mirarse mal que lo manifiesten?»

Emilia Pardo Bazán fue fiel creyente de la educación de las mujeres para su completo desarrollo en la sociedad. En 1892, tuvo lugar un debate en el Congreso Pedagógico Hispano Portugués-Americano, celebrado en Madrid, sobre si la mujer tenía derecho a recibir preparación para desempeñar cualquier profesión. 293 votos en contra, frente a 260 a favor y 89 abstenciones dieron un resultado claro.

Sonó entonces la voz de Emilia y su memoria La educación del hombre y la mujer, sus relaciones y diferencias: «Aspiro, señores, a que reconozcáis que la mujer tiene destino propio». Pardo Bazán clarificó que los primeros deberes naturales de la mujer son consigo misma, no dependientes de la entidad moral de la familia y que su espacio en la vida pública es igual al del hombre. «Su felicidad y dignidad personal tienen que ser el fin esencial de su cultura, y que por consecuencia de ese modo de ser la mujer, está investida del mismo derecho a la educación que el hombre».

«Apenas pueden los hombres formarse idea de lo difícil que es para una mujer llenar los claros de su educación»

Cuentos de realidad

El valor de Emilia como cuentista es, también, destacable. Su obra es una de las más fructíferas de la historia de la literatura y la que dio más auge al desarrollo de la narración corta en la España del siglo XIX. Estas breves obras reflejan, con mucha intensidad, las realidades y preocupaciones sociales más inquietantes para Emilia y pretenden provocar una reacción en el lector.

En El indulto se revela el miedo ante el abuso de poder del hombre en el matrimonio y en La culpable, la angustia de una mujer que debe llevar el yugo de culpa que le colocó la sociedad por escaparse con su novio.

8.279 mujeres fueron víctimas de violencia doméstica en el año 2020, alcanzando un pico histórico desde 2011, según datos del INE. 8.279 mujeres que sufrieron el miedo, el abuso y la culpa porque un hombre las vio inferiores. La contemporaneidad de sus cuentos es innegable.

Un legado

Emilia estuvo en artículos de periódicos y revistas, en páginas de libros y cuentos, en cartas, en voces alabadoras y, sobre todo, en las calles. Pero también fue receptora de crueldad, prejuicios y desprecio por decir lo que pensaba, por vivir una vida libre a la que las mujeres no podían acceder.

Ella es mucho más que una escritora naturalista; es una mujer que dedicó una vida a la realidad, la crítica y el inconformismo. Ella enseñó a una sociedad androcentrista que las mujeres eran tan capaces para la vida pública como los hombres y sus principios se enraizaron en el suelo para que la modernidad floreciera. Emilia Pardo Bazán llegó para cambiarlo todo. Porque el tiempo ha transcurrido pero, cuánto hemos avanzado. Manifestaciones, bibliotecas, universidades, sexualidad, pensamiento y libertad. Emilia es contemporánea, atemporal.

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