Peró se inicia en la novela con Olor a hormiga desnudando los tabúes asociados a la ancianidad
La autora y artista multidisciplinar Júlia Peró, debutó en 2020 con un aclamado poemario, Anatomía de una bañera, seguido por Este mensaje fue eliminado en 2021, un proyecto que comenzó en Instagram y se convirtió en libro.
Ahora, Peró se aventura en la novela con Olor a hormiga, una obra que explora la vejez de una manera cruda y tierna en misma dosis. La narrativa se centra en Olvido, una anciana que lidia con la senectud y la soledad, utilizando elementos del horror gótico, como una mujer encerrada, una casa que es prisión, y una voz narrativa poco fiable.
La obra aborda temas como la decadencia física y mental asociada con la vejez, así como aspectos invisibilizados como deseo, sexo, vergüenza y rabia. Olor a hormiga se revela como una mezcla de terror, thriller y una historia de amor no correspondido, abordando también violencias domésticas y traumas de infancia.
La novela utiliza metáforas yuxtapuestas, desde zánganos hasta el contacto de cuerpos jóvenes y viejos, para insinuar lo que la memoria borra y la lengua no puede expresar directamente.
A través de la delicadeza de un haiku y la oscuridad de un recibidor sombrío, Peró explora la intimidad con audacia y sensibilidad, conjugando brutalidad y belleza. La obra da voz a una vejez femenina más allá de la obsolescencia, restituyendo el cuerpo y la posibilidad de amor en un contexto donde la sociedad suele pasar por alto esta fase de la vida.
¿Se puede escuchar venir a las hormigas?
Pregunta: ¿Por qué escribiste este libro?
Respuesta: Yo me di cuenta hace unos años de que tenía mucho miedo a la vejez. Seguramente le preguntas a gente de nuestra edad y te dirá que no, pero si le preguntas si usa sérums, si se preocupa por beber la suficiente agua, si se tapa las canas… tal vez te diga que sí. Creo que hay un miedo a la vejez que empieza desde muy jóvenes, tal vez desde la adolescencia. Fue ese miedo lo que me obligó a escribir sobre él en el libro.
P: Ha sido tu primera novela después de estar escribiendo poesía… ¿cómo ha sido el cambio?
R: Me lo pedía un poco el cuerpo, el explorar este miedo, pero con algo más “racional”. Me ha costado mucho cambiar la frecuencia o el mood con el que se escribe, porque en la poesía es todo mucho menos racional, es más aleatorio, no hay protocolo, y en la novela he tenido que ponerme y decir: “Vale, esto va de aquí a aquí”. Me ha costado, pero me ha cambiado el chip. No quiero dejar la poesía, al final, en el libro la narración es muy lírica y bebe de mi poesía, pero ahora en lo que estoy pensando es en narrativa más que en poesía.
P: ¿Qué es el olor a hormiga en la novela?
R: Para mí el olor a hormiga es el olor a piel, a la arruga, a la violencia, los traumas de la protagonista, a los malos olores. Me recuerda a olores no agradables, acres. Creo que las hormigas, de hecho, también actúan así. Son casi un archienemigo de Olvido. Hay un olor concreto, el de hormiga, que no puedo desvelarlo, porque lo tendrán que leer. Pero es el olor al cuerpo humano.

P: ¿Por qué elegir como insecto a las hormiga, teniendo en cuenta que en la cultura popular se las relaciona con el trabajo?
R: ¡De hecho no sé cuándo la añadí! Fue un proceso muy natural el elegir cosas para esta novela. Yo las relaciono mucho con esa cosa silenciosa que está allí, que a veces no detectas, ese ronroneo, hormigueo, que es como un trauma (al final los traumas son así; hasta que no hay algo que las llame a todas en grupo, están ahí escondidas). Para mí es esa violencia silenciosa (que hay mucha en la novela) y esa relación con lo que se pone malo, la putrefacción, que es lo llamativo de las hormigas, que van allí como depredadores.
P: Al final, en todas las casas hay hormigas.
R: ¡Exacto! También me interesaba mucho esa cosa de la jerarquía. Hay un juego en la novela donde se relaciona a Olvido con una hormiga reina. Me gustaban mucho estas conexiones que se contraponen un poco con la Olvido que está super poco conectado con la sociedad.
Este rastro de recuerdos que arrastra la vejez
P: ¿Qué hiciste para construir a Olvido?
R: Antes de construir a Olvido, de hecho, me esforcé mucho en entender el ambiente de la novela. Construí antes la casa que a Olvido. Me interesaba no dar voz a la vejez desde los datos, sino desde las entrañas. Desde algo más vívido, lo que comentábamos de los olores, por ejemplo. El personaje bebe mucho de mi abuela, hay mucha inspiración de allí. Yo estuve a los 17-18 viviendo un año y pico con ella. No surgió allí la inspiración, pero la he rescatado para escribirlo. Hay muchos sucesos que a mí me han pasado con mi abuela (a pesar de que el personaje no es mi abuela). He intentado entender mucho el estilo, ese ambiente lúgubre, violento, a veces muy tierno. Olvido nació de la casa, casi. Luego, obviamente, me interesa mucho poner voz a la demencia. Incluso no hablar de demencia, sino con demencia. Se ve en la estructura del libro cómo el alzhéimer afecta a los capítulos, hay algunos que se repiten, o cuando Olvido, en vez de pensar una última frase, la dice. Me interesaba jugar mucho con esta demencia en el libro.
P: ¿Lo más personal de Olor a hormiga es la convivencia con tu abuela?
R: Sí, sí. Olvido es super diferente a lo que es mi abuela, pero he tenido muy de cerca a la demencia, el olvido y a la soledad. Es algo que no nos enseñan. Nos enseñan a cuidar bebés, a sostenerles la cabeza, a que el biberón no queme, pero no nos enseñan a cuidar la vejez. Yo no sabía cómo interactuar con mi abuela en un proceso de demencia que empezó por la negación de la enfermedad, luego se olvidaba de mi nombre, se olvidaba de quién era yo, de dónde estaba en ese momento… a veces recurría al pasado y se convertía en una niña pequeña. Al final, estas cosas me han inspirado, y con honestidad, viene un poco de ahí.
P: ¿Crees que la demencia, el olvido y la soledad van de la mano?
R: Me gustaría pensar que no. Sí que es verdad que la vejez muchas veces te obliga a eso. Al final no comprendemos, ni hay un acompañamiento psicológico a esta gente. Lo relegamos a un colectivo, en una esquinita. Lo típico de “los abuelos deberían ser eternos”… bueno, dependiendo de qué abuelos. Entonces, sí, creo que en esta sociedad lo ligamos mucho. Yo no he encontrado solución (ni en el libro, ni aún), a la soledad. Ni he encontrado respuesta de cómo desligarlo de la vejez o de la demencia. Yo tengo mucho miedo de la demencia, no solo por fuera, sino por dentro. A enfermar y que la gente me abandone. Y eso te lleva a soluciones rápidas: tener pareja, descendencia, para obviar este abandono. Al final son elecciones que tal vez no quieras, aunque parezcan intrínsecas en la sociedad. Hay algo ahí que debemos solucionar.
P: Algo que me llamó mucho la atención fue que dijiste que esto era una historia de amor no correspondido.
R: Ahí hay un juego entre la vejez y yo. Sí que noto mi vejez como un ente que va a llegar, o que está llegando poco a poco (como las hormigas, así en silencio) y no habrá forma de rechazarla, de decir: «Oye, no entres a mi cuerpo». Esa idea de ese ente que va a obligarte, y que está enamorado de ti, obsesionado contigo, y no puedes evitar. Esto juega un poco con la relación de Olvido y la chica. Al final, Olvido ejerce cierta presión hacia la chica, pues tiene una necesidad de atención emocional. Por parte de la chica sí que hay cierta complacencia, porque al final es su trabajo, y se ve obligada a aceptar cosas de la vejez de Olvido que a lo mejor no aceptaría.
P: ¿Cuál de todos los problemas que reflejas en el libro es para ti el más clave en la novela?
R: De hecho, no es tanto la demencia, la enfermedad, la soledad. Creo que de dónde viene el enfado de Olvido es de la incomprensión, de la falta de empatía o de querer comunicarte de forma real con alguien anciana. Al final, relegamos a la gente mayor a un sitio en el que te comunicas con ellos del día a día, de cosas banales. Asumes que les gustas cocinar, coser. Asumes que tienen que ser cuquis, que te acunan. Creo que la mayor crítica en la novela es esa. No es tanto dar soluciones, sino lanzar esta pregunta: ¿Cómo estamos tratando a la gente mayor y por qué Olvido está tan enfadada?
«El gato se ríe de mí, se burla, me dice cosas malas»
P: ¿Crees que hay que combatir contra la imagen infantilizada que hay reflejada en los ancianos?
R: Sí, sí, creo que hay una infantilización total hacia esta gente. Otras personas me dirán que no, pero, para mí, el hecho de tratarles de usted, relegarles a un pedestal, el hecho de que, por protocolo, se tenga que servir primero en la mesa a los mayores, el no hablar de cosas críticas, del día a día, de la actualidad, con esas personas… ¡no existe! ¡Es un personaje! ¡No los estamos viendo como personas! Es muy duro, pero creo que les estamos viendo como personajes. Ya han trabajado, han producido, y ya son un excedente. No esperan cambios, ni ideas nuevas. Los vemos como un marchitamiento. Han tenido la misma edad que tú y que yo, han vivido (o quizás han vivido) las mismas cosas. Ya no te digo de lo de ver a una persona mayor como sabia, te estoy diciendo de ver a un anciano porque es mayor. “¡No, déjale ser racista, por lo que le queda, no va a cambiar!” ¡Bueno, bueno! ¡Le quedará lo que le quede! No por eso no puede cambiar como persona, ¡sigue vivo!
P: ¿Cuál es el papel del haiku en la novela? Para hacer haikus tienes que tener una habilidad mental muy fuerte, y se yuxtapone con el alzhéimer de Olvido.
R: Los haikus, de nuevo, al igual que las hormigas, no sé cómo surgieron. Se ligan mucho a la madre de Olvido. A pesar de tener una vida dura, de cuidadora, no quería relegarla a esa característica. Tiene aspiraciones, intereses, y la madre de Olvido lee mucho, que lo relaciono mucho a tener intereses fuera de tu propia vida, y sin querer se lo inculca a Olvido. Con el tema de los haikus, Olvido no sabe si los inventa o los recuerda, así que ahí está un poco el tema de la demencia otra vez. También hay una inspiración asiática que no sé por qué está ahí, y no ha sido a conciencia. Mi abuela cocinaba mucho arroz tres delicias congelado, y que tenía muchas tazas chinas, así que tal vez viene de ahí. Los haikus son lo más estructurado, y siguen una estructura de 5-7-5 sílabas. Todos, de hecho, en la novela siguen eso, menos uno que lo dice el gato. Todos son haikus tradicionales y es lo más estructurado de la novela, a pesar de ser poesía.
P: ¿Por qué decidiste meter al gato?
R: Como curiosidad, mi abuela tenía una gata, y de forma inconsciente ha venido de ahí. En una edición muy anterior, el gato era quien narraba todo. Luego lo cambié porque pensaba que era muy interesante que Olvido lo narrase. Al final Olvido es una narradora no fiable. Tenía la necesidad de que tuviese un personaje dentro (al final el gato a veces está y no), es la conciencia de Olvido. Quería un personaje que verificase cosas, o que dijese cosas que Olvido no se atreviese a decir.
P: Hay también un tema que me interesa mucho que es la relación que tienen la limpiadora y Olvido, básicamente representada por la libertad que una tiene y la otra carece. ¿Se les ha arrebatado esta libertad a los ancianos?
R: Yo creo que sí, solo por el hecho de que piensen que no la quieren tener, como la sexualidad. Quería desarrollar mucho esa sexualidad “femenina”, no solo de la vejez, sino la propia sexualidad femenina. Olvido es una mujer mayor, pero se masturba. Hay escenas en la novela que son representaciones sexuales, y me interesaba mucho eso, explorar la sexualidad en la vejez femenina, diciendo que pueden experimentar deseo, como también el sexo honesto. Vemos muchos planos preciosos del sexo, que las dos personas tienen orgasmos super rápidos, sin manchas, sin sudor, y me gustaba mucho narrar las arrugas, el miedo a manchar, el que huela mal… hacerlo mucho más honesto.
P: ¿Por qué crees que miramos a otra parte cuando hay una muestra de sexualidad sucia en un anciano?
R: Aún seguimos mirando con mirada de hombre (en muchos aspectos). En el sexo, la mirada del hombre es super patriarcal. Vemos muchísimo sexo de mujeres jóvenes, bellísimas, pues al final, es algo que atrae. Pero al final, cuando hay una mujer anciana, que huele mal, que se le caen los dientes, en ese punto opuesto de la belleza, no gusta. Al final nuestros ojos están preparados para lo que nos han enseñado desde pequeños: el hombre joven blanco masculino y heterosexual. Quería desvincularme también de esto, también, tampoco hay un personaje masculino relevante que hable. Las relaciones tanto emocionales como sexuales son solo de mujeres hacia mujeres. Aún hay mucho trabajo de desvincularnos aún de esta mirada masculina que incluso las mujeres tenemos.
P: ¿Para retratar a un anciano (anciana) en España, crees que es inevitable hacer una reflexión del machismo que les tocó vivir en el siglo XX?
R: Olvido tiene muchos despuntes machistas que son criticables. Pero es verdad que una mujer como Olvido (aunque todas hemos vivido cosas así) ha tenido un pasado tan duro y ha tenido tantas violencias, aunque seas una mujer de 80 años, te salen discursos feministas. Al final, cuando a un perro le han apaleado tantas veces, aunque no sepa si tiene derecho o no a esos palos, acaba odiando a quien lo apalea. También hay despuntes de odio, feministas y de rebelión por todo lo que le ha pasado.
P: ¿Qué nuevos proyectos tienes en mente?
R: Escribo mucho en las notas del móvil, pero como te he dicho antes, el cerebro me ha hecho un click y estoy más enfocada en la novela, pero quiero seguir haciendo cosas con la poesía, no solo porque sean mis inicios, sino porque hay cosas con la novela que no se pueden contar con la poesía. Puedo decir que estoy trabajando en un poemario. También tengo una novela muy clara, que está viniendo, que estoy intentando organizarme y acabar el poemario, pero van a la par.
P: ¿Qué temática vamos a explorar en esa novela? ¿Alguna otra obsesión o miedo?
R: Habla mucho sobre la maternidad, de hecho el poemario también. Me interesa mucho el tema de la maternidad, no como la entendemos, rosita, de madres e hijas y amigas… sino una más difícil. Lo vemos también en Olor a hormiga, en la escena del parto, o cómo se lleva Olvido con su madre. Me interesa mucho el explorar la no romantización de las cosas.
P: ¿Olor a hormiga tiene alguna referencia literaria?
R: ¡Pues mira, no! Pero porque no quería hablar de la vejez desde los datos, sino de mi experiencia, de la experiencia con mi abuela, o de mis miedos. Quería que fuese desde las entrañas, y no desde los números. Además, cuando yo he buscado referentes de la vejez femenina, he encontrado muy pocos. Sí que he encontrado, por ejemplo, Las gratitudes de Delphine de Vigan, que me parece una escritura increíble. Relata a una mujer que es anciana y tiene afasia, pero se la relata como alguien dócil, pequeño, y que no se enfada. Los referentes que he ido encontrando son referentes dóciles, y quería algo explosivo, relatar enfado, pues tienen derecho a enfadarse. Me he ido encontrando referentes que me han gustado mucho. También he encontrado Moriu-vos, una obra teatral que no he visto, pero sí que he leído su guion. Veo una visión interesante de la vejez. Luego, también, El Padre de Florian Zeller, que es una película que la recomiendo, porque trata la demencia y el alzhéimer de una forma brutal, el recurso fílmico es increíble… pero de nuevo es un hombre, no una mujer. Hacen falta referentes de mujeres viejas enfadadas.


