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Santiago Díaz: «La resistencia guanche es una historia de valentía y supervivencia que merece ser contada»

Santiago Díaz Cortés, consagrado en el panorama de la novela negra española, vuelve a sorprender con su último trabajo: Los nueve reinos

Con una carrera de veinticinco años como guionista de cine y televisión y cerca de seiscientos guiones a su nombre, Santiago Díaz ha sabido hacerse un lugar destacado en el mundo literario desde su debut en 2018 con Talión. Sin embargo, la trilogía de Indira es lo que ha hecho que su nombre resuene en las librerías y estanterías de todos los hogares de España. En esta entrevista, exploramos los detalles detrás de Los nueve reinos, una epopeya histórica que promete mantener a los lectores al borde de sus asientos.

Los nueve reinos nos transporta a una Tenerife prehispánica, donde los guanches, sus habitantes nativos, enfrentan tanto desafíos internos como la inminente amenaza de los conquistadores castellanos. A través de la figura del mencey Bencomo, líder de los guanches en el siglo XV, Santiago Díaz nos presenta una narrativa rica en detalles históricos y dramáticos, pues Bencomo, destinado a liderar desde su nacimiento, debe unir a los nueve menceyatos de la isla para resistir la invasión. Esta tarea se complica por las divisiones internas y las envidias de otros líderes locales, sin contar con la amenaza que viene desde la península.

La novela también introduce la historia de Elena, una esclava en Valencia en la década de 1520, con la que descubriremos poco a poco qué es lo que la ata a la línea temporal de Bencomo. Elena, con su pelo rubio y ojos claros, se destaca entre los esclavos, en su mayoría negros, sarracenos e indios. Santiago Díaz cuenta cómo las revueltas locales y los ataques de piratas berberiscos obligan a la familia de Elena a trasladarse a una finca fuera de la ciudad. Allí conoce a Riako, un esclavo del que queda prendida y por el que está dispuesta a desafiar y contradecir a sus amos. Estas dos líneas temporales son manejadas por Santiago Díaz con maestría, ofreciendo una visión completa de la resistencia guanche y su legado.

Con Los nueve reinos, Santiago Díaz no solo reafirma su maestría como narrador, sino que se consolida como una de las voces más poderosas en la narrativa histórica actual. La precisión de sus investigaciones, la profundidad de sus personajes y la intensidad de su trama hacen de esta novela una obra imprescindible para cualquier amante de la historia y la literatura. Sin duda, Los nueve reinos se erige como una de las mejores contribuciones recientes al género, destacándose por su capacidad de transportar al lector a épocas remotas y hacerles vivir cada batalla, cada dilema y cada triunfo con una vivacidad incomparable.

«Siempre me ha apasionado la historia y quería explorar un capítulo menos conocido de la historia de España», comenta Santiago Díaz. «Los guanches y su resistencia contra la conquista española es una historia de valentía, sacrificio y supervivencia, y espero que los lectores puedan sentir esa conexión con el pasado a través de mis palabras».

Santiago Díaz conduce a los lectores a reflexionar sobre valores como la valentía, la lealtad y los sacrificios en épocas turbulentas. Los nueve reinos no solo nos transporta a la Tenerife del siglo XV, sino que también subraya la relevancia de entender y preservar nuestro legado histórico. Siendo esta con diferencia su mejor novela, Santiago Díaz lanza al lector a uno de los mejores dramas históricos jamás contados y alza la pregunta con Los nueve reinos en la que tanto nos gusta envolvernos cuando leemos una buena novela: «¿Haríamos lo mismo si estuviésemos en esta situación?»

Bienvenido a Achinet, «majo»

Pregunta: ¿Por qué escribiste este libro?

Respuesta: Un día estaba leyendo un periódico y vi una noticia sobre la momia guanche que había en el Museo Arqueológico Nacional. Había una controversia porque Tenerife la pedía de vuelta… y pensé en que no tenía ni idea acerca de los guanches. Investigando, empecé a descubrir que era una historia de la leche: una mezcla entre Juego de Tronos (porque había nueve reinos que estaban en guerra constantemente),Braveheart (porque tenía a un líder que iba con todo, Bencomo) Apocalypto (vivían en una selva). Cuando vi todas esas historias mezcladas, lo vi claro.

P: Hay muchísimo cambio de la novela negra a la histórica.

R: Ha sido muy complicado, sobre todo por conseguir la documentación necesaria, pero es una novela histórica a ritmo de thriller. O sea, he procurado mantener mi esencia de cómo soy yo y de mi manera de escribir. A mí me sigue gustando hacer lo mismo que he hecho con mis otras novelas, que es moverme entre localizaciones y líneas temporales y hacer un montón de tramas cruzadas con capítulos cortos [aunque quizás no son tan cortos en este (risas)]. Es la misma estructura que hago siempre, pero con lo que conlleva realizar una novela histórica, no solo a grandes rasgos, sino a pararte en cada párrafo para no meter la pata con lo que estás diciendo.

P: ¿Hubo muchos datos en los que necesitaste parar en los detalle?

R: Una cosa que me di cuenta es que la primera versión que había escrito fue que Alonso Fernández de Lugo miraba las tropas enemigas por un catalejo. En un momento dado, lo releí y dije: “¡Ostras, cuidado!”, y vi que el catalejo se había inventado casi un siglo más tarde. Con esas cosas son las que hay que tener más cuidado, porque cuando escribes y te dejas llevar, puedes utilizar cosas que no existían.

P: ¿Piensas quedarte en este género?        Santiago Díaz

R: No, a ver mi intención ahora mismo es continuar con JD, que es un poli gitano que aparece en Indira, y después… ¡Pues quién sabe! Depende de cómo funcione. Yo me siento muy cómodo en el thriller, pero claro, yo llevo desde 2018 con esta historia y exige mucho más. Evidentemente la he interrumpido para escribir mis otras novedades, pero siempre estaba ahí y eso me permitía, pues que muchas veces mi lectura de placer no fuese cualquier otra cosa, sino cosas de guanches o cosas históricas. Lleva un trabajo más exhaustivo. Pero desde luego, si a la gente le gusta, me encantaría volver a escribir otra novela histórica.

P: ¿Por qué elegir este momento para los guanches?

R: Porque es el momento de la conquista y es el momento de Bencomo. Los guanches llegan en el siglo I A.C aproximadamente (porque no está del todo claro), y se quedan quince siglos aislados. Si yo me detengo en alguno de esos quince siglos previos a la conquista, solo hubiera podido contar la historia de los guanches, y a mí me interesaba hacerlo con diferentes visiones. También quería contar la historia de los castellanos, de los Reyes Católicos, de Alonso Fernández de Lugo o de Beatriz de Bobadilla… que es un personaje espectacular.

P: ¿Cuáles fueron tus ideas para crear a los personajes ficticios que acompañan a los reales?        Santiago Díaz

R: Los personajes que se crean son porque te apetece contar su historia, y en Los nueve reinos era lo mismo. Todos los hechos, las fechas los sucesos son absolutamente reales, pero las relaciones entre personajes las tengo que ficcionar. Yo sabía lo que hizo Bencomo porque había una cronología, pero no sabía cómo se relacionaba con los suyos. A la hora de explorar esas relaciones y de crear un ser humano y no solo un hombre dentro de la historia, tienes que ponerle amistades, enemistades, amores y desamores. Eso en cuanto a la parte de los guanches. Luego, con la historia de Elena, yo quería contar una road movie en el siglo XV: una esclava que, por motivo X tiene que escaparse y llegar a Tenerife desde Valencia por toda esa España del siglo XV, llegando incluso a Sierra Morena donde había bandoleros.

P: ¿Cómo ha sido todo este proceso de investigación? Porque no había mucha documentación.        Santiago Díaz

R: La documentación es buena unos sentidos y complicada en otros. Al haber tantas lagunas, te puedes lanzar a exponer tus propias teorías, entonces eso mola. Puedes tener libertad y no te tienes que señor a algo que se sabe exactamente. En la vida guanche, los restos arqueológicos son los que son. Por el pueblo guanche, se sabe lo que se sabe porque lo escribieron monjes castellanos un siglo después de la conquista. La mitad de las cosas fueron por tradición oral y están inventadas. Es complicado ceñirte a ello porque es partidista, y hay un poco de ambas partes con los temas relativos a la conquista.

Hay algunas teorías que son mías, que es la de cómo llega la figura de la diosa Chaxiraxi a la playa. Hay otra teoría, de los sacerdotes, que dicen que la colocaron ahí para ver cómo reaccionaban los guanches y después ir a evangelizarlos, pero yo saco una que a mí me mola más. Es ficción, evidentemente, pero los hechos son reales.

P: ¿Cómo se construye la relación entre los nueve reinos?

R: Eso es lo que más me ha costado, sobre todo porque los nombres son muy complicados. Yo no quería abusar de unos nombres absolutamente difíciles para los lectores. No tienen todos protagonismo, los mayores protagonistas son Güímar, que el mencey era Añaterve y Taoro, que el mencey era Bencomo, que eran grandes enemigos y que eran los que dividían a la isla en dos: el bando de paces (el sur), y el mando de la guerra (el norte). Se llevaban muy mal sobre todo por tema de recursos; en el norte abundaba más vegetación y en el sur era todo más árido. Son nueve, es complicado desarrollarlos todos, así que te tienes que centrar en los dos líderes.

“Lo he pasado bien, a pesar de ser un libre difícil, largo y con muchos personajes. A veces, en esta vorágine de escritura tienes que pensar a dónde vas, pero lo he disfrutado”

P: ¿Qué temas de la cultura guanche has tratado en el libro para que no se olviden?          Santiago Díaz

R: En Los nueve reinos he querido tratarlos todos, los más bonitos y los menos bonitos. Su religión molaba mucho, cómo encontraban a la diosa Chaxiraxi en la playa, el diablo estaba dentro de un volcán y temían a los perros salvajes, pues eran sus únicos depredadores. Cuando la ceniza del volcán tapaba el cielo, ellos pensaban que el diablo había secuestrado al sol. Todo eso me entusiasmaba, me parecía super bonito, pero también me interesaba contar lo salvajes que eran en otras cosas. En escritos de portugueses dicen que los guanches en cada solsticio de verano tiraban un bebé por el acantilado como agradecimiento. Eran culturas primitivas que tenían que complacer al os dioses por cosas que no comprenden. ¿Por qué entra el volcán en erupción? Porque nos está castigando, así que hay que complacerle. Si tiramos 100 cabras, tengo que subir el nivel”. En todas las culturas ha sido así, y me apetecía mucho contarlo. También me apetecía contar las fiestas del Beñesmen, que eran en las que los nueve reinos competían entre sí en pruebas muy salvajes para ver quiénes eran los mejores.        Santiago Díaz

P: ¿Hay algo con lo que te has quedado con ganas de contar?

R: A mí me gustó mucho la trama de los Reyes Católicos. Yo quise hacer a una Isabel diferente, porque todos conocemos a la Isabel reina. Yo quería hacer una Isabel mujer. Quería hacerla enamorada y ver cómo poco a poco se va desenamorando porque Fernando le va poniendo los cuernos. Se sospecha también que tuvo una relación clandestina con Cristóbal Colón, y quería contar esa historia de ella. Me parece que la he escrito con un humor y mucha retranca, y me hubiese gustado explorarlo más, pero ya me iba a las mil páginas.        Santiago Díaz        Santiago Díaz

P: Frente a esto, ¿has tenido que descartar personajes?

R:  Si, a ver, te das cuenta también de que la novela tiene muchísimos personajes, y hay muchos personajes que yo he unido. Fernando Guanarteme, que era el rey de los gran canarios que jura lealtad a los reyes porque se da cuenta de que no hay ninguna posibilidad que les ganen, y no quiere que aniquilen a su pueblo, es distinto que el Antón guanche, pero los he unido, porque ya era demasiado.        Santiago Díaz

P: ¿Te ves haciendo una continuación o precuela de esta historia?

R: En principio no. Precuela, por lo que te he dicho antes, y una continuación… bueno, los guanches se tiraron dos siglos en rebeldía, en la selva. Se podría contar, pero con esto ya he contado lo suficiente.

P: Has contado esta historia de una manera en la que el lector siente compasión y está del lado de los guanches… ¿Cómo hubiese sido contar la historia desde el punto de vista de los invasores?

R: Aquí entramos en un tema espinoso: no se puede juzgar los actos de las anteriores civilizaciones de los siglos anteriores con los ojos de ahora. Alonso Fernández de Lugo estaba en un periodo de hambruna, de guerra, y necesitaban proteger a los suyos, cosa que es natural, y si en esa expansión necesitaban quitarse a los demás, no podemos juzgarlo. Necesitaban protegerse y conseguir sus objetivos, y no tenían moral, ¡pero ni unos ni otros! Los guanches tampoco lo tenían cuando tiraban niños por el precipicio. La reina Isabel, por ejemplo, era muy dura en muchos aspectos, pero respetaba mucho, por temor a Dios, que todos los guanches, aborígenes de América, o mayas, estuviesen bautizados. Ella ya los consideraba hijos de Dios y los protegía la Corona de Castilla. También se podría haber contado desde su punto de vista, pero como lo más desconocido eran los guanches, me quería centrar en ellos.

P: ¿Qué opinas de cómo está contada la historia guanche actualmente?

R: No está contada. Te voy a contar una anécdota: en el Barranco de Acentejo, que fue la primera batalla o emboscada guanche en la que murieron muchísimos castellanos, en la que la partieron la quijada a Alonso Fernández de Lugo (que se tiró toda su vida babeando, y eso fue también lo que repateó su orgullo y los fuese a aniquilar), la primera victoria guanche en la que lucharon unidos y es una situación que evoca orgullo a la gente que se considera guanche o descendiente de los guanches, está llena de casas. Visitándolo, me dio muchísima pena porque hay muy descuidado, y vi a unas señoras de allí. Me acerqué para hablar un poco del lugar, y les pregunté: “¿Ustedes saben lo que pasó aquí?”, y me miraron y me preguntaron como si me refiriese a algo que pasó ayer. Concreté que me refería a los castellanos, y me dijeron: “¡Ah! ¡Lo de los antiguos!”… ¡Y era lo único que sabían!

P: Y viviendo allí.

R: O sea, vives en el Barranco de Acentejo. El pueblo se llama La Matanza de Acentejo. Hay otro pueblo que se llama La Victoria de Acentejo… ¿nunca te has preocupado por qué se llama así? Es una pena, y eso sucede. Las nuevas generaciones ya se están preocupando por estudiarla, pero la gente de mi generación no tiene ni idea.

P: ¿Hay algún tema que hayas querido que no se pase desapercibido?

R: Desde el punto de vista que lo he contado (porque tienes que elegir un punto de vista), Bencomo era el líder que dirigía a los guanches, y Añaterve era el traidor que traicionó a los guanches al aliarse con Alonso Fernández de Lugo, pero si lo miras desde el punto de vista de Añaterve, lo ves como un hombre que protegió a su pueblo, ya que era una victoria que no se iba a poder conseguir. Creo que es importante también verlo.

P: ¿Qué personaje te ha gustado más escribir? ¿Beatriz?

R: Beatriz me ha gustado mucho porque escribir malos es muy agradecido. Todos tenemos matices. Nadie es bueno o malo. Si ves a la persona más buena que has visto en tu vida en determinados momentos, igual le ensucias esa pureza. ¡Y eso ocurre con los personajes! Imagina que Bencomo tenía diecisiete amantes, pues entonces le estoy ensuciando… pero en los malos no existe esa capa moral, y cuanto más inmoral sea, mejora más al villano. Beatriz mandó a ejecutar a cientos de gomeros, fue real, y no tienes que cortarte. También se dice que quiso ver todas las ejecuciones, y cuando se cansaba de verlas, mandaba parar y pedía seguir el próximo día. Eso como personaje es brutal, porque no tienes que cortarte. La reina Isabel también me encantó; es puñetera, sarcástica y mola. Bencomo me mola, pero Hucanón más, con un odio visceral a los extranjeros, que se llevaron a su madre… Ana, la esclava guanche, me encanta, pues mantiene su dignidad hasta el fin de sus días… ¡Alonso Fernández de Lugo también me encanta! Él tiene que actúa por amor, y su fin, si le sacas toda la mierda, es bonito. Está enamorado de una mujer y está dispuesto a hacer lo que sea, y esa finalidad mola, porque es por amor. Dácil también me encanta; es una tía que se prepara para la guerra, pero de repente se le cruza algo. ¡No es por nada, pero he disfrutado con todos los personajes!

P: ¿Cómo ves las novelas de JD?

R: Me encanta. Es un personajazo. Ya he empezado a escribir, tengo la novela en parte en mi pizarra y otra en papel. Debo llevar un 30%, pero claro, ahora con Los nueve reinos, se ralentiza un poco. Calculo que para octubre lo tengo terminado. Esperemos llegar al primer trimestre de 2025, o sino para el segundo.

P: ¿Lo ves más potente que Indira, ya que tienes más experiencia?

R: Lo veo más potente, sí. No sé si habrá más JD, eso lo dejaremos para un fututo, depende mucho de la editorial. El primer JD es super potente, no sé si es más que El buen padre, pero es potente. A mí me divierte mucho, es súper divertido, le puedes meter mucho humor, mucha caña, y siempre mejora con creces la novela si tienes un personaje así.

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