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‘La Bestia’: el Madrid lúgubre de Carmen Mola

Análisis del Premio Planeta 2021

Carmen Mola viajó en el tiempo el mismo día que recibió el Premio Planeta y desveló el misterio de su nombre. Lo hizo dos siglos atrás, a un joven Madrid que lucía el espíritu castizo y lo infrahumano a partes iguales. La Bestia es sólo el nombre que recibe una ciudad oscura cuando amanece sumida en la desgracia.

La novela ocupa el largo verano de 1834. Después de una noche de San Juan sin hogueras, el cuerpo de una joven llamada Berta es encontrado, por partes, en el barrizal de una zona pobre de Madrid. Era uno de los barrios que se encontraban más allá de La Cerca. Este asesinato es el último de una oleada tremenda y sanguinaria que colocaba, cada cierto tiempo, el cadáver desmembrado de una niña que rara vez superaba los once años en alguna calle miserable.

El argumento de la obra, con tintes corales, se centra en la supervivencia de Lucía, una chica huérfana de catorce años que, pese a su corta edad, ha sufrido más que gran parte de la capital. Todo se tuerce cuando su hermana -lo único que le queda- se convierte en el último secuestro de La Bestia. Detrás de ella van también Diego Ruiz, un “periodista buscavidas” que se obsesiona con llegar al fondo del asunto, y Donoso Gual, un policía tuerto y alcohólico. Los tres buscarán a contrarreloj el paradero de la pequeña Clara a la vez que se adentran en un agujero negro de secretos y poder que va consumiendo sus vidas.

«Algunos han hablado de un oso, otros de un lagarto de proporciones imposibles (…)

¿Qué animal mata sólo por placer?»

Arquitectura del libro

El libro está compuesto por cuatro partes que estructuran un total de 544 páginas. A su vez, se dividen en 85 pequeños capítulos de no más de seis o siete caras cada uno. Esta decisión por parte de los autores es una fórmula muy repetida en las novelas históricas de los últimos años, como es el caso de Aquitania, y resulta habitual en libros de carácter policíaco (un claro ejemplo es Reina Roja) por la ventaja narrativa que supone para una trama de intriga y persecución.

Esto debe sumarse al particular estilo de Carmen Mola. Sorprende la decisión de utilizar un tiempo verbal presente en todo momento, incluso cuando algún pequeño capítulo se superpone a otro. Se trata de un movimiento inteligente, ya que aísla cada fragmento y, apoyándose en lo coral del argumento -y de los personajes-, dota de una cercanía en tiempo real al lector que termina por transformarle en un testigo visual.

Cabe destacar el buen manejo del léxico por parte de los autores y la alternancia entre tonos coloquiales y formales dependiendo de quién hable en cada momento. El empleo de palabras y expresiones típicas de la época (“caerse de mojino”), algunas incluso en desuso actualmente (“hideputa”), crean el caldo de cultivo lingüístico para los hechos.

Carmen Mola | Fuente: Hanska

Creación del contexto

La arquitectura de la novela, junto a la propia redacción del autor, aportan el componente adictivo del libro. Así, la creación de personajes complejos en su desgracia y unas descripciones tan visuales como detalladas dan lugar a una trama casi cinematográfica. Quizá este sea el punto más fuerte de su construcción: La Bestia es una novela atmosférica capaz de crear un contexto que casi puede tocarse, olerse y sentirse.

Es el segundo año consecutivo que el Premio Planeta recae en un thriller histórico. Este tipo de novela exige una gran documentación. En la creación de ese contexto que antes mencionábamos es de vital importancia un trasfondo del presente que Carmen Mola explora sin relatarlo. Es decir, los autores no explican cuándo inicia la Primera Guerra Carlista ni por qué motivo; se limitan a narrar lo que puede saber de esto una niña huérfana que conoce del conflicto la información que rebota en los suburbios de Madrid. Y a través de esta técnica realista consigue que el lector se termine enterando.

Trasfondo histórico

Para situar bien la obra en el tiempo hay que tener en cuenta dos circunstancias fundamentales. En primer lugar, la mencionada guerra carlista. La convicción en una causa y la necesidad de ocultarse por unas creencias marcan la actuación de diversos personajes en la novela. En segunda instancia, el cólera. Esta pandemia pone de manifiesto las divisiones sociales que guardaba el Madrid de la época. Hospitales y lazaretos infectados dentro de una ciudad sucia. Más allá de La Cerca, donde se acumula la pobreza y se expande la enfermedad, olvido.

Plano de Madrid en el siglo XIX | Fuente: Alamy

Un dato curioso que evidencia el estudio de la época realizado por los autores es el que da luz al episodio madrileño de la matanza de frailes. Lucía advierte peligro en una Puerta del Sol plagada de odio y rencor. La consecuencia directa es la muerte de un personaje importante en la vida de la joven. Este asesinato es recogido, precisamente, por un autor no muy conocido de la Generación del 27: Benjamín Jarnés. En un libro de su serie de biografías, el que relata la vida de Sor Patrocinio, la monja de las llagas, se narra con peros y detalles el mismo suceso, en el mismo sitio y con el mismo telón. La única ficción que se permite Carmen Mola es inventar un nombre para el joven acuchillado.

También son numerosas las referencias a personajes reales. El alto mando carlista Zumalacárregui es mencionado en más de una ocasión, de la misma forma que se comparan las aspiraciones de Diego Ruiz con la popularidad del también periodista Mariano José de Larra. Incluso, alguno aparece en el transcurso de la historia; como Juan Grimaldi, empresario teatral y culpable de que el género escénico floreciera en la España del siglo XIX.

«Lo único que se esconde tras el nombre de La Bestia es una sensación pegajosa, tan ausente de forma y tan inquietante como esas descripciones demenciales: el miedo»

Conclusión

Se trata de un thriller histórico cargado de brutalidad, ocultismo y, sobre todo, realidad dentro de una ficción permitida. Puede notarse una fusión curiosa, a medio camino entre la denuncia a la desigualdad social de Charles Dickens y el Madrid al que tanto escribió Benito Pérez Galdós. Carmen Mola toma elementos que existieron hace no tanto tiempo para crear un ambiente sórdido, cruel; sangriento cuando toca y benévolo casi nunca. Porque eso era el Madrid de 1834.

La Bestia es el retrato de una ciudad en decadencia. Es una niña desmembrada en un carromato y un periodista que no alcanza a pagar la renta; un hospital repleto de muertos en Atocha que se cae a pedazos, un jardín lleno de aves exóticas. Es un anillo de oro con dos mazas cruzadas. Pero, sobre todo, es una niña que mira al cielo madrileño y cree ver un colibrí rojo.

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