7 C
Madrid
domingo, 1 febrero, 2026
7 C
Madrid
domingo, 1 febrero, 2026

India: entre dos realidades y un objetivo

La sombra del virus Nipah planea sobre...

Carlota Marañón lanza Omara, su marca de chándales

Después de años marcando tendencia desde las...

Y Juanjo Bona, en definitiva, cambió vidas en Zaragoza

Zaragoza arropa a Juanjo Bona en el...

Borges no era Borges cuando escribió sobre la infamia

El autor de Historia universal de la infamia parece no ser el mismo Borges de El aprendizaje del escritor

Jorge Luis Borges es celebrado con unanimidad como uno de los más grandes escritores en nuestra lengua. Paul Auster afirmaba no imaginar la literatura del pasado siglo sin él. Para Vargas Llosa, es «el escritor en español más importante desde Cervantes». Por su parte, Gabriel García Márquez sostenía que Borges era «capaz de crear universos infinitos a partir de una sola palabra». En 1972, ante un periodista que le catalogaba como a un genio, el argentino respondió: «No crea eso, son calumnias». Una actitud de la que su compañero, Adolfo Bioy Casares, dejó constancia: «era un hombre de una inteligencia deslumbrante y una modestia conmovedora».

Aunque algunos escritores lo desdeñaban y eran desdeñados por Borges, esas disputas solían provenir más del terreno personal que del literario. Resulta especialmente entretenido disfrutar de los anti-elogios que el argentino le dedica a Pablo Neruda. O todas las polémicas, amortiguadas con cierta diplomacia, entre él y Ernesto Sábato. Especialmente desafiante fue su relación con el Premio Nobel de Literatura, llegando incluso a afirmar que negarle el galardón se había «convertido como en una tradición escandinava». Rencillas literarias aparte, ni adoradores ni opositores podrían rechistar ante la afirmación del escritor chileno Roberto Bolaño: «Borges es y debería ser el centro de nuestro canon».

Celebrar a Borges

Con motivo del 125 aniversario del escritor argentino, la editorial Lumen lanza dos obras fundamentales para comprenderle: El aprendizaje del escritor e Historia universal de la infamia. El primero consiste en la grabación magnetofónica realizada en un seminario impartido por Borges en 1971 en la Universidad de Columbia. En constante dialogo con Norman Thomas di Giovanni, su traductor y amigo, el autor Frank MacShane y los estudiantes que atendieron a las sesiones, el escritor de El informe de Brodie discurre acerca de escritura de ficción, la poesía y el valor de la traducción.

El segundo libro, publicado originalmente en 1935, es un ejercicio literario de incalculable mérito. Se trata de una enciclopedia del mal, un diccionario de seres horribles, son las biografías de una cohorte de rufianes. De hecho, es el libro que inspiró a Roberto Bolaño para escribir La literatura nazi en América. Hacen acto de presencia en sus páginas sádicos ladrones, piratas innobles o matones despreciables. Lazarus Morell es un traficante de esclavos, La viuda de Ching una despiadada sanguinaria; Bogel un mentiroso que trama un ardid junto a Tom Castro y Rosendo Juárez un cuchillero feroz.

En busca de Borges

Jorge Luis Borges era uno solo, o al menos eso se podría decir de aquel simpático señor casi ciego que acudía a las entrevistas, pero, por el contrario, el escritor de Historia universal de la infamia no parece ser el mismo de El Aleph o El libro de arena. Muchos escritores cambian su estilo, algunos reformulan sus manías lingüísticas o dan un giro a lo que suelen escribir, pero pocos de ellos pueden dejar de ser los mismos. Para ello, hace falta ser un completo experto en su arte.

Es difícil comprender cómo puede un cuentista pasar del barroco inaccesible a la literatura directa y pugilista. O de qué manera consigue un perfecto poeta del endecasílabo explayarse con gracia en la escalada sin arnés del verso libre. Lo más sorprendente es, en suma, cómo es posible que Borges se haya coronado como uno de los mejores en cada una de las disciplinas que entraña la literatura. Bueno, en todas menos en la novela. Quizás leer lo que él consideraba el oficio de escribir ayude a unir los cabos sueltos. Quizás entre sus líneas se pueda encontrar al Borges que une a todos los Borges.

Retrato de Jorge Luis Borges por Annemarie Heinrich en 1967. | Fuente: Wikimedia Commons.

El oficio de escribir

Para Borges, «El oficio del poeta, el oficio del escritor, es un oficio raro». Exhorta en un breve texto, que da nombre al libro, a que los jóvenes se atrevan a ser escritores. «Ser un escritor es, en un sentido, ser el que sueña despierto; vivir una suerte de doble vida». Va confesando el autor de Ficciones que, como sospechábamos, no es solo uno. El argentino se ha disfrazado de gaucho, de profeta del Jorasán, de falseado crítico literario o de gánster judío. Se ha puesto las pieles de Stevenson, Chesterton y Von Sternberg.

Con su magistral capacidad para el disfraz, no parece extraño que sostenga que un escritor novato debe comenzar «imitando a los escritores que le gusten». Borges cree que un escritor, con su doble vida imaginaria, «se convierte en sí mismo perdiéndose a sí mismo». El joven becario debe tratar de vivir en el mundo de la literatura, en «la realidad de sus sueños». Su oficio no es un simple juego de palabras, sino que resulta, en ocasiones, más relevante centrarse en «lo que no queda dicho, o lo que puede ser leído entre líneas».

¿Elitista o coloquial? ¿Comprometido o atemporal?

Pero, si Borges es reconocido como uno de los mejores escritores en nuestro idioma, ¿cómo era su escritura? En la época en la que escribió Historia universal de la infamia, era el Borges inaccesible, el barroco y de prosa nerviosa. Era el que reconocía hacer «todo lo posible por escribir latín en español», pero, en cambio, afirmaba haber introducido tantos localismos que muchos «compatriotas casi no lo entendieron». ¿Se puede ser elitista y coloquial a una vez?

Así lo muestra en Hombre de la esquina rosada, relato aclamado por los lectores, pero del que Borges renegaría tiempo después. Para el 1971 en el que dicta su seminario, ya había renunciado al barroquismo de la sorpresa y el final imprevisto. Para entones, prefería «la preparación de una expectativa a la de un asombro».

Uno de los reproches que se han vertido -entre ellos Sábato– a la literatura borgiana es su independencia de la realidad social. De hecho, Gabriel García Márquez diría que Borges «es pura evasión». Más allá de su activismo contra Juan Domingo Perón, no solía pronunciarse políticamente. Tanto que tuvo que esperar a almorzar con Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla para darse cuenta de que eran dictadores sanguinarios.

«El deber de un escritor es ser un escritor»

Al ser preguntado por un estudiante sobre el compromiso de su literatura, Borges contestó que «la ficción está siempre comprometida con su tiempo». En su opinión, el escritor no debe preocuparse por eso puesto que, al ser contemporánea, la escritura siempre versará en el estilo de su tiempo. Para Borges, el único deber -social o no- de un escritor es «ser un escritor, y si puede ser un buen escritor, está, entonces, cumpliendo con su deber».

El autor de El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké, se tenía a sí mismo como «un antagonista de la littérature engagée (la llamada «literatura comprometida»)». Este género significa, para él, el reconocimiento de que un escritor no tiene la libertad de escribir sobre lo que quiera. Aunque, si bien es cierto, el propio Borges reconocía no escoger qué escribir, sino que eran las anécdotas las que le escogían a él. Su método -según cuenta- era oponerse a los temas, pero finalmente debía sentarse «a escribirlos, y luego pulirlos» para deshacerse de ellos.

El maestro del cuento no escribe novelas

Desde los ojos de un lector español del siglo XXI, en el que la figura del cuentista se ha casi evaporado, resulta sorprendente que un escritor triunfe sin escribir novelas. Pese a que él ironizase con frases como «La gente me quiere a pesar de mis cuentos», Borges consiguió alzarse como el más virtuoso escritor de relatos en un continente que se prodiga por tener una larga tradición en esa disciplina.

A pesar de su temática, a menudo fantástica, decía que un cuento tiene que ser «tan plausible como pueda, ya que, de otro modo, la imaginación del lector lo rechazará». Algo que parece contradecirse, a priori, con relatos como El brujo postergado o El espejo de tinta, pero que, tras leerlos, se comprende que no desafían las reglas de su propia realidad.

Para Borges, lo más importante de un cuento «es la trama o el argumento». Sin embargo, en el caso de la novela, «son menos importantes las situaciones que los caracteres». Quizás reconozca que lo suyo es la situación y no los personajes. Sabe que lo importante de El Quijote no son sus capítulos, sino Alonso Quijano y Sancho Panza. O, tal vez, lo que pasa es que, en caso de tener que escribir una novela, el argentino se «cansaría de todo el asunto después de las primeras diez o quince páginas escritas».

Borges profesor

Se han comercializado con gran éxito numerosos libros en los que Jorge Luis Borges, con su característica erudición, dicta lecciones. Ya sea su Curso de literatura argentina, o quizás el Curso de literatura inglesa, hasta llegar a El aprendizaje del escritor, parece que el lector actual sigue queriendo aprender de él. Y cómo no, si sin aprender de la obra de Borges, quizás no tendríamos a Vargas Llosa, Cortázar o a Bolaño. En conversación con el primero, García Márquez le llama «el hombre que enseña a escribir, es decir, que enseña a afirmar el instrumento para decir las cosas».

El autor de El tango es un perfecto conocedor de la técnica literaria, teórica y práctica. De hecho, podrían considerarse manuales para el escritor tanto sus clases de literatura, como sus Cuentos o su Poesía completa. Aunque a muchos podría disuadirles el hecho de que un escritor nacido en el siglo XIX hable de ficción, poesía y traducción, la conversación de Borges es tan ligera, certera y plagada de bromas que resulta tan apasionante como una buena novela. La palabra oral de Borges es tan deliciosa como sus mejores relatos.

Jorge Luis Borges. | Fuente: Wikimedia Commons.

El centro de nuestro canon

Quizás haya quien tome las palabras de Roberto Bolaño, que consideran a Borges el centro de nuestro canon, como exageradas. Quizás el chileno se exceda, pero, quizás, por lo menos sea una piedra angular o sea el centro de algo así como un jardín de senderos que se bifurcan. A Borges le debemos, entre otras cosas, la publicación de Casa tomada, el primer cuento exitoso de Julio Cortázar. Nadie mezcla la ficción y el ensayo como él en Pierre Menard, autor del Quijote, algo a lo que luego se dedicará con ahínco el propio Bolaño.

Es complicado leer Las ciudades invisibles de Italo Calvino sin reconocer entre párrafo y párrafo a Borges. Su influencia en Umberto Eco es indudable, más aún atendiendo a la temática de El nombre de la rosa. Lo mismo sucede con Hijos de la medianoche de Salman Rushdie, 2666 de Bolaño -otra vez Bolaño- o Kafka en la orilla de Haruki Murakami. Si cualquiera de los que queda gana el Nobel, ya sabe a quién dedicárselo. En conclusión, aún 125 años después de su nacimiento: quien nada sabe de Borges, nada sabe de literatura.

Actualidad y Noticias

+ Noticias de tu interés

‘El cabaret de los hombres perdidos’: vivir con el destino escrito sobre la piel

El Teatro Maravillas aloja la obra protagonizada por Supremme Deluxe, Cayetano Fernández, Leo Rivera y Armando Pita hasta el 23 de noviembre "Estamos cerrando: váyanse", ordena al público Lullaby -interpretada por Supremme Deluxe- mientras comienza a recoger vasos y sillas....

El arte, un último refugio para ‘El amor después del amor’

El libro de Laura Ferrero nos muestra qué hicieron los artistas con los restos de sus relaciones amorosas para transitar el duelo "El amor después del amor, tal vez se parezca a este rayo de Sol", canta Fito Páez en...

Netanyahu matiza su ‘sí’ al plan de Trump para la paz en Gaza ante las presiones internas

El primer ministro israelí manifestó su tajante negativa ante la posibilidad de un Estado Palestino El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció la pasada noche un plan de 20 puntos para la paz en Gaza tras una reunión...

Descubre más desde El Generacional

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo