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Karina Sainz Borgo: «Lo mejor de escribir es que es la excusa perfecta para conocer lo que han hecho otros antes»

Nazarena, una saga familiar llena de locura, huida y oscuridad.

Karina Sainz Borgo publica su nueva novela, Nazarena, de la mano de Alfaguara, una saga familiar que nos recuerda a muchos referentes literarios del siglo XX.

Nazarena

Una familia de ocho hermanas con una madre que esta muerta y no lo está. Nazarena es la séptima de ellas. Envidias, traumas pasados, realidades que no se saben si son realmente la verdad.

Una saga familiar que transcurre en dos tiempos diferentes. Con un tono oscuro, mítico, fantasioso, descubrimos una familia y un universo a donde viajar. Pasado, huida, muerte, locura y Nazarena están esperando.

Una saga familiar

Pregunta: ¿Cómo y cuándo surgió la idea de escribir Nazarena?

Respuesta: Nazarena es una novela que lleva mucho tiempo en mi cabeza porque es una novela que antecede a todos mis libros anteriores. Probablemente, el tema de la familia es uno de los que más me importa.

Me parece el tema más salvaje de todos. La familia es el microcosmos o la expresión más pequeña de lo que es la sociedad y es uno de los ejes políticos más importantes que me interesa narrar.

Estaba tratando de generar la suficiente musculatura literaria para poder llevarla a cabo.

P: ¿Hay toques de realidad o incluso autobiográficos, o es solo ficción?

R: La verdad es que tiene mucha autobiografía en el sentido de que hay muchos personajes, personajes familiares, y personajes secundarios. Casi todos los secundarios tienen un basamento real básicamente porque es un trasunto de una historia familiar en un tiempo muy concreto. Hay una relación directa con la familia, con la madre y con las hermanas, con la idea en general de linaje.

Simbología e iconografía

P: Para hacer esta construcción de personajes, ¿cómo los fuiste creando y cómo les pusiste el nombre? Y, sobre todo, ¿cómo creaste el personaje de Nazarena?

R: Todos los personajes tienen un sentido. El núcleo básico, que es una familia de ocho hermanas, ya me propone un racimo de personajes que necesitan cada uno antagonistas. Ellas entre sí ejercen como un antagonista.

La novela está contada en dos tiempos. El tiempo de la familia, que es el tiempo de Nazarena, es así porque es una penitente, de alguna manera ella siempre está pagando una penitencia, y

es la séptima de ocho hermanas, como siete son los puñales de la Virgen.

Ahí hay toda una recreación, una iconografía, que trabaje de manera muy consciente. Básicamente porque es una simbología muy de aquel que está pagando una culpa, porque la culpa es muy importante dentro de esta familia.

Luego hay otra trama, que está contada en otra voz, que es la de Brígida. Brígida es un elemento que conecta generacionalmente. Esos dos mundos vertebran el resto.

Hay unos personajes importantes, hay unos que tienen una función de contarle al lector, hay cosas que el lector intuye que van a ocurrir, pero que no las vas a ver hasta que no se las cuenten otros personajes… Es como un juego, un juego de guiñol donde cada personaje ejerce una función.

Un legado

P: ¿Cómo quisiste enfocar la relación entre las hermanas e, incluso, la relación de ellas con la madre?

R: Todas las relaciones humanas son relaciones complejas. Ya sean en si una elección o sea un legado. Probablemente la familia es uno de los espacios más complejos y más tensos porque hay una imposición de los afectos, pero también hay un desarrollo del ejercicio del poder.

Estas ocho hermanas, que aparentemente conviven en una casa, lo que hacen es hacerse la vida imposible. Con una madre además que es una madre enferma, una madre cansada, una madre exhausta. Una madre que tiene una depresión enorme. Por eso Nazarena dice que la ha matado, porque ella es la séptima. Imagínate una madre, a finales del siglo XIX, que tenga ocho hijas y venga de tres abortos.

Yo he intentado, en el territorio de lo mítico, de la leyenda, de lo aparentemente fantástico, contar lo opresivo, lo salvaje y la depredación que puede haber dentro de una familia.

Sobre todo, una familia de mujeres. Es cierto que en el siglo XX tendemos a pensar en las mujeres de Federico García Lorca con La casa de Bernarda Alba, es cierto que tendemos a pensar en la Úrsula Iguarán, pero si vemos y hacemos una perspectiva de todas las sagas familiares, siempre recae en los papeles femeninos aquellos papeles de legado, delegación, desposeimiento, de continuación de un linaje. Si lo ves en El gatopardo de Lampedusa por lo menos una de las hijas continua el linaje, el testigo.

Siempre me ha gustado trabajar el lado de lo femenino a partir de su concepción más política. Y aquí la familia es como una trituradora de carne.

Hombres prototípicos

P: ¿Cómo quisiste enfocar el papel de todos los hombres que aparecen en la novela? ¿Qué rol tienen estos personajes masculinos?

R: Hay varios personajes. Hay un personaje que me encanta, que además es un guiño y un saludo a Cervantes y a Calderón. Para mí era como una especie de pícaro, un pícaro del Siglo de Oro, que es Mendito.

Mendito es un personaje que acompaña en la tragedia a Brígida y tiene ese punto de entremés cervantino. Incluso él mismo habla con ello. Yo era consciente de que de que había una relación con Lorca que había que aquilatar, decidí que él hablara con El romancero gitano.

Hay muchos pasajes del libro en los que él habla. Él es un gran saludo literario, es un gran juego literario y también es un personaje compasivo.

Luego hay un personaje que Heracles Venturi, que es un secundario, que me permite mostrar la ambición, hasta qué punto la ambición o el querer hacer un ejercicio de poder sobre algo puede verse tan claramente en un ser humano.

Krugman es el deseo insatisfecho. Es el viajero que viene, yo le llamo el vendedor de ojos, porque vende cristales para ver. Estando emplazada en el siglo XIX y XX de la novela son personajes que son recreaciones de otros prototipos heroicos u otros prototipos protagonistas en la literatura del siglo XX, que es la que está metida aquí por todas partes.

Aquí hay una cosa importante que es que Nazarena está loca. No sabe nada, es un narrador poco fiable. Nazarena no distingue muy bien la realidad de la fantasía, tiene un pensamiento psicótico, está traumatizada y ella es la que nos va a contar la historia de su familia.

A mí me parece que hay cosas que yo intento trabajar mucho de manera consciente, Faulkner por ejemplo. En El ruido y la furia de Faulkner, la historia la cuenta Benjy, que es un chico que es discapacitado.

Aquella idea de que tenemos un narrador, que es la parte más estropeada de la historia, nos invita a leer una historia, una novela, desde otro punto de vista que a mí me interesa.

Temas presentes en la sociedad

P: Aparece mucho la muerte, la huida, el pasado, la locura… ¿Cómo querías enfocar estos temas?

R: Creo que las personas que somos conscientes de que nuestra vida es finita tenemos terror a la muerte. Es un tema que está ahí todo el tiempo. En menos de cinco años probablemente, como sociedad, nos hemos enfrentado a la experiencia más cercana a la muerte, que es una pandemia, donde ni siquiera podíamos enterrar a los nuestros.

A mí la muerte es una cosa que me interesa mucho, el cuerpo, la locura. Porque son expresiones que nos afectan a todos. Un ataque de pánico en el fondo puede ser una expresión de descontrol, de mengua de salud mental. Hoy hablamos de la salud mental de una manera mucho más natural.

Quisiera saber cuántas personas en el siglo XX, al ser mal diagnosticadas, terminaron realmente habitando un infierno.

Y eso se trata en Nazarena. Nazarena es realmente una mujer, entre finales del XIX y comienzos del XX, en un entorno ficticio, pero rural, en el cual esta mujer está esperando a que se la lleven a un psiquiátrico realmente, pero nadie, repara en su verdadera salud, en su verdadera tragedia, en su verdadera locura.

Se romantiza de alguna manera la tragedia, como un halo de locura, como si fuera una cosa hermosa, que no está exenta de belleza, pero en el fondo es una realidad que es común a todos los seres humanos. Todos tenemos miedo a enloquecer, todos queremos que nos quieran, todos queremos permanecer o que aquello que nos pertenece dure. Quería que Nazarena fuera muy primitiva en todas aquellas cosas que contara.

Lugares simbólicos

P: ¿Cómo fue elegir dónde ambientar Nazarena?

R: Vengo tomando decisiones desde hace ya varios libros. Mi primer libro, La hija de la española, está ambientado en Venezuela. Pero, tanto en El Tercer País como en La isla del doctor Schubert, he creado un territorio ficticio, que evidentemente es un trasunto del Caribe.

Puede ser Venezuela, puede ser Colombia, pero siempre trabajo con territorios que no sean denotativos, sino más bien que pertenezcan al territorio de lo mítico, de lo de lo simbólico. Porque así, de alguna manera, las personas tienden a reaccionar más.

Me gusta mucho un escritor, un Premio Nobel sudafricano, Coetzee, que siempre nos está hablando de Sudáfrica. Aunque la coloque de otra manera, aunque no está hablando del apartheid, yo lo identifico así. Me gustan esas estructuras de engaño, de juego.

Escarbar en el pasado

P: ¿Cuál ha sido la mayor dificultad con la que te has visto cuando estabas escribiendo Nazarena?

R: Continuar. Continuar. La verdad es que un ejercicio de todo, de cualquier tipo, crear cualquier artefacto exige una dosis importante de apasionamiento, pero exige sobre todo una estructura y un método de trabajo. Nazarena es una novela compleja, muy compleja.

Creo que es la novela que más me ha costado escribir.

Puede que sean más de treinta personajes, en dos tiempos distintos, con una serie de tramas que yo quería trabajar, con una serie de experimento con el lenguaje que no se me podían ir de la mano porque podía terminar aturdiendo al lector. Fue un grandísimo ejercicio de creación y contención al mismo tiempo.

Esta novela terminó en la mitad de lo que originalmente. Me costó mucho llevarla a cabo, me costó muchísimo, pero también creo que, a medida que más se escribe o más se lee o más leemos o más escribimos, claramente somos más conscientes de cuándo no se sostiene una estructura. Yo quería que esa estructura se sostuviera.

Curiosidad y obcecación

P: ¿Cómo fue el proceso creativo de escritura de Nazarena? ¿Ha sido diferente al de tus otros libros?

R: Horrible. Ha sido horrible. Ha sido muy largo. Esta novela la empecé a trabajar en el año 2021. Han pasado cinco años desde entonces. La he reescrito cerca de unas ocho o diez veces. Ha sido una novela en la cual me he tenido que volcar a leer conscientemente saga familiar de una manera sistemática.

Eso de alguna manera toma tiempo, pero también toma tiempo para que se asiente en una forma de escribir. Es la que más seriamente me he tomado de manera deliberada, técnicamente, para que fuera literaria. Porque, para mí,

la novela es un género perfecto.

Creo que se puede hacer todo con la novela, siempre y cuando la sepas usar. Y no necesariamente aquello que yo me creo capaz de hacer, soy inmediatamente capaz de hacerlo.

Ha sido curioso ver cómo la novela ha ido cambiando a medida que he ido cambiando.

A mí me desespero muchísimo, pero creo que ha sido un tiempo que ha valido la pena invertirlo probablemente. A mí me gusta escribir, es lo que más me gusta hacer, y si lo voy a hacer y si me voy a sentar a jugar, tengo que sentarme a jugar con una maqueta bien hecha, con unos materiales nuevos, sin andar repitiendo trucos.

Lo mejor de escribir es que es la excusa perfecta para conocer lo que han hecho otros antes de ti.

Las grandes sagas familiares creo que para mí han sido de lo que más tiempo me ha tomado trabajar. Eso sin renunciar a mis propias obcecaciones. Hay cosas en la novela que yo no sé si son verosímiles o no, si se sostienen o no, pero si la gente no duda, si el lector no duda, es porque es coherente con la estructura que diseña.

Si aparecen ocho mujeres colgadas de un árbol y hablan, tengo que conseguir que el lector se quede conmigo, que entienda la estructura. Y eso solamente se hace con muchísimo trabajo. Trabajo de albañil, de aparejador, de jefe de obra, de electricista, de fontanero… que no se caiga la casa.

Lo fantástico

P: ¿Cómo ha sido la elección tanto el título como de la imagen de la cubierta?

R: El título fue innegociable. Esta es la primera vez que trabajo con Alfaguara, no con la editora, con Carolina Arroyo, que ya venía de un libro anterior que se llamaba La isla del doctor Schubert y creo que ellos lo entendieron perfectamente.

La portada fue una elección de ella. De hecho, fue la primera idea de portada y dijimos «esta es». Porque también es verdad que la novela es muy clara, esta cosa entre oscura y tierna, y al mismo tiempo fantástica, fantasiosa. Creo que Carolina Arroyo y Pilar Reyes acertaron de lleno.

Inspiración en el pasado

P: ¿Cuáles han sido tus influencias o tus referentes claros para crear Nazarena?

R: Esta novela ha sido una excavación literaria onda, profunda, seria, muy seria. He trabajado toda la saga familiar, he trabajado toda la literatura relacionada con la enajenación, con la locura. Haciendo un corpus de lectura. Sin embargo, y aquí viene lo curioso,

lo que más me rescató de los momentos de pérdida de la escritura fue el teatro.

Todo lo que era Shakespeare, que vértebra casi todo el libro, aunque no se perciba. Hay una serie de homenajes a El rey Lear, a Sueño de una noche de verano. El teatro clásico, además, que ya lo vengo trabajando hace mucho tiempo. Toda esa picaresca como Calderón de la Barca.

De manera mucho más cercana, era consciente que tenía que trabajar con Lorca, sabía que tenía que trabajar con Lorca. Por supuesto que leí a Lorca directamente, pero sobre todo me gustó leer a quienes habían fraseado y reinterpredo a Lorca. Sobre todo, Alberto Conejero y Paula Ortiz, que es una cineasta.

Paula empezó a trabajar temas que me interesaba. No solamente de La novia o su universo lorquiano, sino trabajar por ejemplo a Teresa. Santa Teresa tiene raptos estéticos que a mí se me parecían bastante a locura.

Empecé a trabajar a raíz de su Teresa con la Teresa original. Hay mucho teatro y mucho cine en este libro. Mucha música también, mucho de escenario, mucho de puesta en escena.

P: Podrías hacer una bibliografía eterna de la novela.

R: Si no es así, no tiene sentido escribir para mí. Cada libro es la oportunidad de volver a muchos más. Por ejemplo, la mirada que tiene Lorca sobre lo femenino me parece fascinante, más en Yerma por ejemplo que en otra.

Te sorprende la lucidez que puede tener una persona que vivió hace ochenta años, hace dos siglos, hace tres siglos. Siempre está allí eso presente.

Entrar en el universo

P: ¿Con qué quieres que se queden los lectores cuando terminen de leer Nazarena?

R: Me gustaría que la terminaron de leer. Eso es muy importante. Y que hayan sentido que están en un mundo autónomo, que creo que es de las cosas que en la experiencia lectora probablemente más nutren. Pensar que estamos en un mundo autónomo, que funciona con unas reglas y que estuvimos dentro alguna vez.

Que alguien salga odiando a Porcia o conmovido por Brígida o que alguien sintiera que llegaron a ser reales en algún momento. Eso es lo que más deseo en el sentido de la experiencia a quien le dedique tiempo a esas doscientas páginas.

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