Un ensayo literario que pone en valor el diálogo interno y la introspección
Laura S. González de Araujo debuta con una obra que trabaja desde el yo más profundo y de la intimidad. En un diálogo sincero con su desconocida, el propio inconsciente, enlista y mira a la cara una a una sus dependencias. Ser muchas y una íntima desconocida es el espejo frente al que el individuo se planta para mostrar el reflejo de una sociedad.
La obra de González de Araujo atraviesa tantos temas como reflexiones: la maternidad, la amistad, las relaciones, las decisiones, la identidad, la multiplicidad y un sin fin de grandes asuntos que puede apelar a cualquiera. Laura es, dentro de su multiplicidad, maestra y observadora, por lo que en esta obra le habla al oído a una juventud atravesada por lo que percibe como una «epidemia de tristeza».
Su voluntad de tender puentes y dialogar con nuevas generaciones es palpable. Y aunque sus reflexiones son de gran hondura política, encuentra sus posturas más firmes en lugares hoy denostados: la ternura, la felicidad y la compasión. Todas, palabras y actitudes que se cuelan una y otra vez en el texto y las historias que narra. Hablamos con ella para profundizar en todas estas cuestiones.
Escribir desde la intimidad
Laura reconoce los detonantes que la llevaron a escribir desde la intimidad: la terapia y un tratamiento hormonal para quedar embarazada. Pero se distingue de la narradora del libro que: «ocurre un poco como pasa con los sueños, la realidad y la ficción se mezclan todo el rato». No es una una autobiografía ni un libro de relatos, apunta Laura, es un libro que parte de la vivencia para hacer una exploración interior. Y aunque el relato tiene algo que ver con ella, la ficción lo está articulando constantemente: «cuando una trabaja con la memoria, inevitablemente trabaja con la imaginación».

La introspección comienza cuando ambos detonantes le dejan «el inconsciente blando» y su relación con el cuerpo cambia. Es ahí cuando se abre la puerta al autoconocimiento. Pero no siempre se reconoce en sus propias palabras. «Ostras, ¿esto lo escribí yo?» se ha llegado a preguntar Araujo al releer su libro. «Es muy curioso, hay una separación entre la autora y la narradora. Incluso una disolución del sujeto que escribe».
La disolución del yo es precisamente lo que le ha permitido escribir con total libertad. Y aunque el libro es un ejercicio de vulnerabilidad, ella no lo escribió pensado en la mirada del otro. Para Laura hay que «dejar que la voluntad de la narración ocurra» en un ejercicio casi del surrealismo.
me gusta la idea de una «escritura corriente» que defiende duras […]: una escritura que corre, rápida, casi distraída, caPAZ DE APREHENDER LAS COSAS ANTES DE QUE SE ESCAPEN
Los afectos alegres
La lectura de Ser muchas y una íntima desconocida pone en contacto al lector con el amplio repertorio de personajes y personalidades que pueden impactar en una vida. No obstante, de Araujo los presenta desde un prisma particular: la ternura y la compasión son hilos conductores que tiempos de polarización parecen revolucionarios.
Su concepción es mucho más profunda. Lo que la escritora pretende plasmar en realidad es lo que Espinoza denomina afectos alegres. Una propuesto ética donde la alegría potencia la vida y la capacidad de acción. Más allá de las emociones, los afectos alegres van de la mano de la capacidad de actuar y favorecen el encuentro con el otro, para Espinoza, son una forma de transitar hacía un mayor grado de perfección.
«En un contexto como el actual dominado por tantos afectos tristes como el miedo, la frustración o la crueldad deliberada, me parecía que era casi un principio de esperanza poner en valor estos afectos alegres», defiende Laura.
La escritora reconoce además que para hacer el ejercicio de la vulnerabilidad hay detrás del libro fue necesario hacerlo desde esta postura. Tanto para poder mirar hacía adentro con ternura e indulgencia, como para relacionarse con los otros desde ahí y no desde la impotencia ni la polarización: «Es poder reconocer que el otro, que hace que yo sea lo que soy, también es vulnerable». Laura, a través de su escritura, pretende revalorizar aquellos valores que parecen hoy de segunda categoría, infantiles o menores. Pero ella sabe que hoy más que nunca, resultan subversivos.
La maternidad
La multiplicidad es un tema transversal en el libro: la narradora nos acerca a su ambigüedad más profunda. Esa contradicción interior que juega con su identidad y la lleva a identificarse con diversas y variadas formas de su propio yo: ser muchas. Ser inteligente, ser divertida, ser vulnerable, ser misteriosa, ser fuerte, ser una y ser muchas. Ahora, además de ser madre, Laura S. González de Araujo es escritora.
Hay un miedo de que ser madre, además de un anhelo, se convierta en una especie de encarcelamiento ¿Cómo conciliar una vocación artística con la maternidad? Laura comenta que para ella el deseo de maternar, de repente, se hizo hueco a codazos en el mundo de los demás deseos: «tiene que pedir permiso al deseo de ser escritora, al deseo de ser amiga, pareja, de tener tiempo… hay una negociación interna, porque sin duda la voluntad de ser madre adquiere un especial protagonismo».
En el caso de esta narradora, el ejercicio de escritura está en íntima relación con dar vida a otro ser. La exploración del interior, de lo desconocido quiere librarse de cargas, culpas y dudas para quedar lo más liviana posible frente a la llegada de la hija, y así, ayudarla a transitar su propia subjetividad. Sabe bien que el vacío existencial y el inconsciente no se terminan de abordar ni de entender en la vida, por lo que aboga por la convivencia con la extrañeza interior.
[…] lo mejor que puedo hacer es enselarle a ser lo que sea sin miedo y con alegría
La identidad
Definir ha sido para muchos una forma de resistir. Poner nombre a la identidad para enunciarla, defenderla y hacerle un espacio en el ámbito público ha sido, y es aún, un trabajo fundamental de los activismos. Gracias a estas conquistas minorías de toda índole pueden ser y decirse sin miedo. No obstante, la autora se sumerge en un espacio más profundo de la identidad. A Laura le interesa también eso que es profundamente humano, que compete a cada uno, que sale a flote en la soledad y que difícilmente puede ser nombrado.
La identidad es un refugio lleno de goteras. Esas goteras filtran algo de la angustía implícita al ser humano, nuestra ontología trágica
Hoy, explica ella, nos hemos obsesionado con definirlo todo y pretendemos llenar el vacío de la existencia a través de una pantalla. Laura es profesora universitaria y observa como cada curso las estudiantes llegan diagnosticadas y medicadas desde más jóvenes. «La identidad es una mala carga si no hay una intimidad bien cuidada que la soporte». Laura reconoce en las nuevas generaciones la necesidad de un tiempo más lento. Ve un afán de volver a lo analógico a lo primario: «El flujo de información es tan desmedido que ya no nos paramos a pensar que sentimos o que nos pasa con los acontecimientos del día a día».


