Carlos Saura dedica ocho de sus largometrajes a homenajear la cultura del flamenco
Cada 16 de noviembre se celebra el Día Internacional del Flamenco. Y por ello cabría destacar la labor de un cineasta que ha homenajeado esta insignia de la cultura española. Se trata de Carlos Saura, el galardonado director español que a sus 90 años cuenta con más de 50 películas a sus espaldas, siendo uno de los más destacados de la industria cinematográfica del país.
Comprometido con retratar a la sociedad española, Saura comenzó su carrera en 1959 con su filme Los Golfos, abriendo su primera etapa cinematográfica caracterizada por “un cine con los pies en la tierra”, en palabras del director. Aquí destacan La Caza (1966) y otra posterior, Deprisa Deprisa (1981), representante del cine quinqui de los 80. Estas películas están marcadas por la huella que dejó la guerra civil y el Franquismo, hasta llegar a la Transición, presentando una clara crítica social. Es por ello que, en la próxima edición de los premios Goya, Saura recibirá el Goya de Honor 2023 debido a su labor social acometida a lo largo de décadas.
Otra de las vertientes más destacadas de Saura es el cine musical, con especial atención a la cultura española proveniente de Andalucía. Habría que destacar que, desde muy temprano, Saura mostró interés por el mundo del flamenco, habiendo realizado su primer cortometraje sobre él, Flamenco en 1955. El director comenzó su carrera como fotógrafo en festivales de música y baile en Granada y Santander y, desde entonces, ha dedicado parte de su obra a homenajear el flamenco. Ha presentado, por un lado, musicales más allá del estilo Hollywood y, por otro, documentales sin adornos o diálogo siquiera, solo danza y arte.

La trilogía musical
En 1980 estrenó la que sería la primera cinta de su trilogía musical flamenca, Bodas de Sangre, seguida de Carmen (1983) y Amor Brujo (1986). Todas ellas con el denominador común de ser historias que adaptan obras de teatro y ópera; la primera de Lorca, la segunda de Bizet y la tercera de María de la O Lejárraga. El eje de estas historias es el lenguaje de la danza, interpretado por sus musas Cristina Hoyos y Antonio Gades, por aquel entonces director del Ballet Nacional. Alguno de los aspectos más interesantes de estas cintas es la forma en la que Saura juega con la ficción y el documental. La historia, marcada por la cultura popular y el drama, crea un escenario en el que actor y personaje se fusionan, despistando al espectador que no sabe definir cuándo empieza uno y acaba el otro.
Flamenco al natural
Si durante su primera etapa musical Saura desarrolló un lenguaje visual ligado a las coreografías y lo teatral, en esta etapa documental se manifiesta de forma aún más acuciante. La cámara es parte de la coreografía, jugando con las luces y la atmósfera creada en el plató, generando una serie de escenas en las que el diálogo pasa a un segundo plano. Con esto Saura ensalza el arte en su estado más puro, dando protagonismo a la creatividad de los bailaores, músicos y cantaores. La historia es, en esencia, contada a través de las diferentes vertientes del flamenco. De esta etapa destaca Sevillanas (1991), con la participación de Camarón y Lola Flores; Flamenco (1995) y Flamenco Flamenco (2010) en las que actúan el guitarrista Paco de Lucía, el cantaor Enrique Morente y la bailaora Sara Baras, entre otros.

