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Bienvenidos al Convento de shego en La Riviera

Tras iniciar su tour No lo volveré a hacer el pasado 22 de febrero en Alicante, el trío encauza su quinto sold out, esta vez en Madrid 

Madrid, 28 de marzo, 21:00h de la noche. Un cubículo negro. Varios focos blancos. Tres mujeres vestidas con hábito rojo se sitúan frente al micro y piden silencio: la misa ha de comenzar. Miran al frente, impasibles, a pesar de la emocionante estampa: el aforo de la sala La Riviera está completo en su gira. Suenan los primeros acordes de un secreto y cuando inician la letra, sus voces casi desaparecen; el público canta por encima, en avalancha, y rompe el silencio que habían pedido al inicio. Ha llegado el momento de cantar a pleno pulmón esas canciones tan directas y sinceras que ofrecen en su segundo disco, No lo volveré a hacer: un camino de luces y sombras, de problemas internos y de celebración de la adversidad.

Despojadas del hábito, Maite Gallardo, Raquel Cerro y Charlotte Augusteijn encadenan canción con canción sin permitir casi que el público pueda respirar entre ellas. Es un ritmo frenético, acelerado, como lo son sus guitarras y la batería. No es hasta la quinta melodía cuando por fin se escucha a una de las vocalistas agradecer la escena que está presenciando. La mirada recta y seria del comienzo ha cambiado: una sonrisa plena enmarca el rostro de la vocalista principal. La misa para la que pedían calma se ha convertido en una gran fiesta. Ahora las luces son moradas, ellas llevan vestidos cortos, sombras de ojos de colores y el pelo enmarañado. Sus voces son impecables en un directo en el que no hay fallos técnicos; y su repertorio se amplía cuando cantan sorry ojitos y oh boi, ambas procedentes de discos anteriores. 

Los fans no paran de bailar y saltar al ritmo del bajo de Charlotte y gritan sin cesar en el estribillo de Mantra. En la pantalla detrás de las cantantes, esta frase se repite y a capella, toda la sala toma ese grito por bandera: ¡No lo volveré a hacer! En uno de los mecheros del merchandising, esta frase viene acompañada de otra “y luego lo hago otra vez”, y recuerda a esas contradicciones de las que Maite hablará más tarde, de la lucha entre el querer y el poder. Ahora, todo se oscurece y un solo foco blanco la apunta, haciendo referencia a la primera estrofa de algunos lunes, “Nada de luz, patio interior…” En toda misa hay momento para reflexionar, y esta breve balada a mitad de concierto demuestra que no todo es juega y desvarío, también es necesario parar y mirarse por dentro. 

Ante todo, transparentes

Toman la palabra de nuevo, después de enlazar varios temas, y explican que poseen poco tiempo y quieren dar el mejor espectáculo –de ahí ese ritmo tan acelerado–; y además, que las personas de las que escribieron esas letras, ahora ni les importan. Este disco es liberador, es un grito a lo que duele y perturba, pero también es una carta de amor a una misma y un permiso para aceptar la rabia, la ira y la cura. Aun así, no se olvidan de su pasado y rescatan la esencia de sus primeras canciones como meperd0nas? con Irene Garri o la kiero a morir, que recuerdan a lo más punk y “de andar por casa” de la banda. 

Entonces, suena la base de ¡Viva! en la que colaboran por Los Punsetes y su vocalista, Ariadna Paniagua, aparece en el escenario al grito de emoción del público. Con su característico pelo de colores, Paniagua colabora con las shego en este sencillo de su disco Que Le Den Por Culo A Tus Amigos, con una canción cañera y quinqui, en la que hacen un alegato a vivir con desenfreno y sin que nada importe mucho –o tanto–. Tras esta explosión de energía, Raquel aprovecha para agradecer a todos los que han asistido, a su equipo y familia y enumeran uno por uno a todo el personal que llevan detrás y que permiten que ellas estén ahí.

Fuente: Lucía Blasco (@blaasco.lucia) (El Generacional)

Una fiesta interminable

Ahora, el juego de luces vuelve a cambiar, las tres se miran entre sí y se acercan para tocar sus guitarras de cara a la otra. A pesar del poco tiempo, sus cuerpos hablan más a la audiencia de lo que lo hacen sus palabras; su energía se contagia y no hay una sola canción que los asistentes no griten. Aquella es una misa poco convencional, pero para muchos, es un culto: siendo mala, de su EP SUERTE, CHICA retumba en las paredes de La Riviera, y el son de las guitarras se mezcla con el movimiento nervioso de los focos. Que muera el amor, un himno al corazón herido y cansado de esperar, lo saltan también las parejas, que entre besos, no pueden evitar moverse con ese ritmo pegadizo –aunque lo hagan en contradicción con lo que sienten–.  

Y de nuevo, se rebaja el ritmo, las luces pasan a ser blancas y se vislumbra de nuevo la esperanza con (es posible). Todo parece que puede conseguirse con esa dulce melodía de celebración de la amistad. Entonces, amigos y parejas de las artistas salen al escenario: al unísono con la gente que les importa, cantan el estribillo en uno de los instantes más emotivos del concierto. «Siempre hay que agradecer a la gente que nos quiere», dice Maite; y tras ello, todos se suman en un abrazo grupal que es aplaudido y vitoreado por el público. En los momentos más dolorosos, hay alguien que cuida y vigila, y este disco es un homenaje también para ellos. 

Pero la fiesta de las shego nunca acaba, la misa sigue, la gira no para. Es hora de acudir al convento de nuevo, de subir las pulsaciones con el sencillo sorpresa Te mataré, de este segundo disco –lo sacaron después de publicarlo– y la colaboración de Aiko el grupo. Con estas invitadas, suben las pulsaciones de nuevo: saltos, carreras por el escenario, gritos de alegría… Y siguen con LUCKY, canción de su anterior EP, cuyo estribillo, con los fuertes golpes de la batería y las voces sin adorno, parece un chillido, una queja que surge de esas segundas oportunidades que, a veces, no salen tan bien. En el último acorde, Maite da las gracias y pone fin a ese concierto que parecía eterno. 

Tan solo el inicio

Se apagan las luces. Las artistas se marchan. Se ha acabado… ¿O quizá no? Vuelven de nuevo y cantan Curso Avanzado de Perra, uno de los singles que sacaron antes de publicar el disco, y que será con la que coronen su estreno en la emblemática sala del Manzanares. El grupo, con la última frase de su sencillo, “nada va a dolerte, nada te va a destruir”, finalizan el rito de hora y media en el que cantaron más de 25 canciones, trajeron a 2 invitados e hicieron vibrar a unas 2000 personas. Abrazándose, saltando y sonriendo, mientras de fondo suena su eléctrico tecno steak tar tar, las tres guitarristas y la batería agradecen la noche pasada y llaman a sus amigos al escenario. Los fans las miran con admiración y saltan, como ellas, cuando los focos se encienden y apagan al ritmo de los bajos.

Las madrileñas encumbran así una velada de rock y confesiones entre amigas, seguidores y amantes y demuestran su versatilidad con canciones frescas y claras. Ellas no se andan con rodeos cuando expresan lo que sienten, y puede que ese sea uno de los factores que las unen tanto con su público; además de un espectacular directo que no difiere de las voces que se escuchan en el disco. Un concierto, quizá, un tanto acelerado, pero en detrimento de un mayor disfrute y un espectáculo lo más completo posible. Una fiesta, una misa o una revelación, como se quiera llamar. Por eso, aunque ellas dicen que “no lo volverán a hacer”, solo esperamos que nunca paren de hacerlo.  

 

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