La interculturalidad como protagonista de un escenario compartido
El 17 de mayo, de acuerdo a la organización del festival Sound Isidro, tuvo lugar el concierto de Ezezez y El Diablo de Shanghai. Dos bandas de la escena actual que se reunieron bajo las luces rojas de la sala Sol de Madrid. Ambos grupos interpretaron en el escenario sus grandes éxitos acompañados de sencillos inéditos junto a un carisma inigualable que provocó dinamismo y ovación desde los asistentes. El recital tuvo una duración de 180 minutos, desde las 20:30 hasta las 23:30, plagados de congas, pogos y gritos.
Ezezez es un cuarteto bilbaíno compuesto por Unai Madariaga como voz y guitarra, Mikel Irigoyen en el bajo, Eneko Ajangiz como segunda guitarra y Álvaro Olaetxea en la batería. El grupo comenzó su trayectoria en 2022 con un pequeño EP de dos canciones titulado Blah, bajo letras en inglés y un ritmo misceláneo entre el garage rock y el grunge punk. Ese mismo año publican diferentes sencillos aislados como Monster o Reckless.
Su álbum debut es When I think something is funny I smile. Este LP comienza a mostrar la esencia de la banda debido a su mezcla de géneros desde un rock melódico hasta la esencia pura del punk. En 2023 publicaron su segundo disco, Katuzaldia, donde dejan aparte sus letras en inglés para interpretarlas en euskera. Finalmente este 2025 han revelado su tercer LP y el más reciente, Kabakriba. Durante 12 canciones se involucran más en un estilo punk experimental.
El Diablo de Shanghai es una banda catalana integrada por Juan Trías De Bes como vocalista, Juan Poch y Albert Muñoz como guitarristas, Víctor Vidal como bajista e Iñaki García a la batería. Empezaron su discografía en 2020, en pleno confinamiento, en un momento de inspiración esperanzadora lanzaron un EP llamado Empezamos con esto/… donde comenzaron a hacerse hueco en la escena catalana. Durante 2021 publicaron el álbum Acabamos con todo como augurio y respuesta a su anterior recopilatorio. Tras unos sencillos, finalmente en 2023 anuncian su primer LP, 113 pasos adelante del ensanche, plagado de temas como el miedo a ser parte del rebaño, la emergencia en la música actual o el dilema de estar en una búsqueda continua de identidad.
Una noche donde el tiempo dejó de tener sentido
En la calle de los jardines, en pleno centro de la capital, un gran tumulto se arrinconaba hacia el lado derecho de la vía, más concretamente en un lugar próximo a la icónica sala Sol. Cuando la manilla del reloj marcó las 20, las puertas del establecimiento se abrieron para dejar pasar a los asistentes. A las 20:30 los acordes de la guitarra de Eneko Ajangiz despertaron al público y fue el pistoletazo de salida para la actuación de Ezezez. El grupo albergó en su repertorio mayormente sencillos de Katuzaldia tales como Ezezez o Etxetxo. Mutiko I fue un punto clave en concierto, una canción inspirada en un poema de Sandro Penna sobre la muerte y el destino a ella; con frases como: “Morirás, chico, y yo también, y yo también. Pero chicos más guapos que tú también dormirán en la orilla al sol. Y no serán más que nosotros”.

La segunda parte del recital estuvo ligada por un cambio de registro, un aura mucho más animada donde interactuaron directamente con los espectadores, lanzándose a ellos desde el escenario, recorriendo la sala en diferentes puntos o sumándose a diversos pogos. Además de interpretar sus propios temas, también regalaron a los asistentes una propia versión de la mítica canción Believe de Cher. Concluyeron la actuación con Zikin, un sencillo sobre la suciedad en todas sus variables.

Tras acabar la banda bilbaína, en el escenario se instalaron los 5 miembros de El Diablo de Shanghai. Sin más preámbulos empezaron el recital con una introducción instrumental hasta que finalmente acabó con la entonación de Joven Ciudad. Prosiguieron con grandes éxitos como BGMFF o Magia Roja, su colaboración con Cora Yako. Después de estos sencillos, dieron paso a canciones propias de sus orígenes pero fueron interrumpidas por algunas inéditas como Pisa Fuerte o Amigo de la infancia.
Tras esta primera mitad, se centraron en su disco 113 pasos adelante del ensanche. Temas como Tabaco, Boviscopofobia o Términos y condiciones. Finalmente el vocalista de la banda Juan Trías propuso a la audiencia una conga para el último tema, Himalaya. La sorpresa del público fue cuando el guitarrista, Albert Muñoz, rompió todas las cuerdas de su guitarra y dejó esta tirada en el suelo. Un final que recuerda a los conciertos que realizaban Sex Pistols en los pubs de Inglaterra durante la década de los 70.

Finalmente las luces se apagaron y la música de la radio de la sala comenzó a sonar como señal de desenlace del concierto. El público quedó exhausto de la energía quemada durante los conciertos. La noche del sábado expuso la frescura y la evolución de la escena musical española. Una mezcla genuina del rock, el pop y el grunge propulsó el dinamismo entre los espectadores.


