La fluminense colabora con Emilia y Latto en un himno ideal para las pistas de baile
Tras dar el pistoletazo de salida a una gira multitudinaria por Brasil, la polifacética Ludmilla apuesta por el funk carioca de su ciudad natal. Bota busca alcanzar el éxtasis desenfrenado de las discotecas, aunque también pretende reivindicar la historia de un género que no lo ha tenido nada fácil.
La fórmula del éxito
Coproducido por Ajaxx, Douglas Moda y la propia Ludmilla, el tema —estrenado este pasado viernes— se rige de los cánones del funk brasileño más abrasivo: palmas frenéticas, sonidos sincopados y densas capas de saturación. Preservando las texturas de baja fidelidad, así como mezclando versos en tres idiomas, el conjunto se consagra como una de las primeras joyas musicales del año.
Y es que Bota replica a la perfección la fórmula que viene funcionando últimamente: colaborar con intérpretes de renombre internacional para seguir exportando la tradición musical brasileña al resto del mundo. En esta ocasión, son Emilia y Latto quienes sirven de incentivo para atraer a un público general cada vez más habituado a los salvajes ritmos del país lusófono.

Precisamente, no es la primera vez que Ludmilla une fuerzas con Emilia. Hace tres años, su inesperada reunión propició el exitoso No Se Ve, megaviral en plataformas digitales. Desde entonces, la argentina parece haber quedado totalmente cautivada por el género carioca —originado en las favelas de Río de Janeiro allá por los ochenta— participando en remixes como Motinha 2.0 o Bunda.
Controversia, reivindicación y explosión
Aunque goce de repercusión entre las esferas más acomodadas de la sociedad brasileña, el popular «baile de favela» sigue siendo blanco de copiosas críticas en su país de origen. Durante décadas, la oposición intelectual —con gran influencia política en el territorio— ha denunciado sus letras «prácticamente pornográficas» y la «explícita apología del crimen». Sin embargo, lejos de juzgar la calidad artística del estilo, estas declaraciones tan solo han servido para reforzar los prejuicios infundados sobre los suburbios poblacionales.
En consecuencia, la también mal llamada «música funky» llegó a ser vetada de varias radios locales. Actualmente, nuevas generaciones de talentos tratan de proyectar un futuro desligado de los estigmas más enraizados. La vocalista Anitta, por ejemplo, ha reorientado su trayectoria profesional hacia sonidos clásicos con Funk Generation, un proyecto que rinde homenaje a sus raíces culturales. Destacan igualmente figuras como Luísa Sonza, Pabllo Vittar o el productor Dennis.

La paulatina irrupción del funk carioca en el mercado global va sumando adeptos diariamente. Entre ellos, artistas como Sam Smith, Bad Gyal o Rosalía, que ya se han lanzado a explorar los entresijos del género. Quién sabe si el próximo éxito de masas surgirá de la creatividad de alguno de estos nombres.

