No se necesita una gran producción para llegar al corazón
El pasado viernes 15 de marzo, Netflix estrenaba la nueva película de Lindsay Lohan: Irish Wish (Un deseo irlandés). La película nos trae a la actriz pelirroja por excelencia en una nueva aventura llena de amor, magia y descubrimiento personal.
La vida es dura. Cada persona es un mundo y los problemas no son iguales. No obstante, sí que es cierto que hay momentos en los que nos superan. Llega un domingo por la tarde, un día en el que se siente poder respirar. La rueda ha parado de girar y te ves a ti mismo con medio día por delante, donde solo hay descanso y desconexión. Solamente hace falta una película. Una película de hora y media, cursi, de mala calidad, pero que te haga vibrar, desconectar y poner los ojos en blanco, aunque por dentro se esté disfrutando de una cutrez hipnótica y esperanzadora. Un remanso de paz al que se le llama “película de domingo por la tarde”.
Una experiencia encantadora
Irish Wish es la película perfecta para añadirla a esa categoría. Dirigida por Janeen Damian (Falling for Christmas, A Royal Christmas), tiene todos los elementos y características que definen al género. En esta, Lindsay Lohan (Devuélveme mi suerte, Herbie a tope) interpreta a Maddie. Editora de Nueva York, se ve arrastrada a Irlanda para ver cómo su mejor amiga se va a casar con el hombre al que ama. Sin embargo, un encuentro fortuito y una escapada a un lugar emblemático del paisaje irlandés la llevarán a una aventura. Un viaje vital en la que se encontrará con aquello a lo que deberá enfrentarse para ser realmente feliz: ella misma.

No se puede decir mucho más, pues cualquier detalle destapa la trama completa y, ésta, destripa la propia cinta. Así, cumple con una peculiaridad propia del género al que pertenece, el saber cómo va a acabar conforme te van presentando a los personajes. Lo que no le quita ni una pizca de encanto a su visionado, se lo añade.
Entrar sin saber nada deja espacio a que haya un pequeño giro al principio de la película que puede, no sorprender, pero despertar curiosidad. O apagar la tele de forma permanente, dependiendo de la personalidad. No obstante, si se ha pasado de los primeros cinco minutos, es prueba suficiente de que el espectador es parte del público indicado para disfrutar de la película.
Una mezcla en su punto
La cinta tiene todo lo que se puede esperar de una película de los productores de Navidad de golpe (Falling for Christmas, 2022) y Cambio de princesa (The Princess Switch, Mike Rohl, 2022). De hecho, durante la película da la sensación de estar viendo una película que podría estar ambientada en Navidad, en pleno marzo. Otro toque que hace que la experiencia, al igual que la cinta, sea maravillosa.
De esta forma, tenemos diálogos sacados de Mr. Wonderful y situaciones donde la vergüenza ajena florece en nuestro cuerpo. A esto se le añade un humor sacado de sketches de comedia de los 2000. Una combinación que podría dar lugar a una película acartonada y sin sustancia, pero que funciona a la perfección junto, y gracias, al reparto, la estética, la trama y la ambientación.
Esa última puede llegar a ser algo chirriante para los propios irlandeses. Irlanda se usa básicamente para coger un paisaje de ensueño y el tópico de tomar prestado parte de su folklore como pieza importante de la historia. Podría ser peor. Si algo es objetivamente cierto en relación a esta reseña, es que al acabar la película querrás mirar un vuelo a Irlanda y sentirte esperanzadamente perdida en mitad de la naturaleza irlandesa.

En relación al reparto, es lo que eleva la película a su máximo esplendor. Lindsay Lohan es divina en su papel de Maddie. Después de tantos años sin ser vista en pantalla, se nota que disfruta mucho con lo que hace, que cree en el proyecto y que lo da todo de sí.
La sencilla felicidad
Su química con uno de los actores protagonistas, Ed Speleers (Downton Abbey, Outlander), es palpable y hace que el espectador se sumerja de lleno en su historia, lo que se quiere contar y cómo quiere contarse. Te saca una sonrisa y compensa otra relación de la protagonista. La amistad que une a las tres amigas principales, algo forzada, simplemente para darle un sustento a la trama. Aun así, la dinámica que tienen todos con todos en sus respectivos papeles, hace que sea un visionado ameno, entretenido y enternecedor.
De esta forma, la película es todo lo perfecta que puede ser una película de tal calibre. Es una cinta a la que hay que entrar sabiendo lo que va a ofrecer y aceptándolo. Una vez así, la experiencia es realmente gratificante, dando luz al corazón en un mundo cada día más oscuro. La diversión que es ver a actores vistos en Downton Abbey (Julian Fellowes, 2010-2015) o Versailles (Simon Mirren, 2015-2018), junto con la actriz de Tú a Londres y yo a California (Nancy Meyers, 1998), en un proyecto desenfadado sin pretensiones.

Benjamin Lee para The Guardian escribió sobre ella: “Netflix se ha especializado en el tipo de contenido anodino que se puede poner de fondo mientras se plancha”. Sí y no. Obviamente, no es Barbie (Greta Gerwig, 2023), Oppenheimer (Christopher Nolan, 2023) Pobres criaturas (Poor Things, Yorgos Lanthimos, 2023) y demás productos carne de Óscar, pero eso tampoco la convierte en anodina. No hay nada insignificante o banal. Si se presta un mínimo de atención, la película trata en su aspecto más básico del empujón que necesita la protagonista para verse así misma como lo que es, una mujer cuya voz importa. Una mujer que no debe vivir la vida escondida ocultando su potencial por miedo a brillar.
Un resultado especial
También, no hace falta ir mucho más allá. Es una cinta de Netflix de fácil visionado y ligera. Un bálsamo, tanto para la cabeza como el ánimo, que deja un gusto y sensación de bienestar al acabar. Cumple su misión de forma eficaz y certera.
Así, Irish Wish es el perfecto ejemplo de película de domingo para desconectar y evadirte durante hora y media de la realidad para entrar en un mundo colorido, precioso, donde el amor y la magia se entremezclan en un cuento ideal.

