La tercera entrega de la serie nos muestra el lado más duro de la alta cocina y el más humano de sus personaje
No es ningún secreto que The Bear es una serie de emociones fuertes. Tensión en la cocina, diálogos entrecruzados o las frenéticas discusiones de sus protagonistas son algunos de los componentes principales. Sin embargo, en esta temporada esa intensidad alcanza un nuevo nivel gracias al uso excepcional de las técnicas narrativas, tales como flashbacks o monólogos internos y de los recursos audiovisuales, siendo esencial el uso de los silencios y la velocidad de las imágenes.
La importancia de una buena narrativa
La intensidad emocional de cada uno de los capítulos es desbordante. La narrativa íntima y personal que vemos en cada uno de los protagonistas nos ayuda a conocer como son o cuales son sus miedos y objetivos. Esto se puede apreciar en Mañana (3×01), siendo toda una declaración de intenciones por su novedoso estilo narrativo, pues es capaz de trasladarte los sentimientos del protagonista sin usar prácticamente diálogos en 38 minutos.
Servilletas (3×06) es un claro ejemplo de la crudeza de esta última entrega de la serie. El capítulo dirigido por Ayo Edebiri, actriz que interpreta a Sydney, refleja a la perfección como construir un personaje. A través de un flashback de 34 minutos el episodio nos sumerge en la historia de Tina, revelando la importancia que tiene el restaurante para ella y como este fue su salvavidas. También nos muestra como Michael Berzatto fue quién le ayudó a salir de ese problema, demostrando su gran calidad humana.
¿Es Carmy un buen líder?
Con la apertura del restaurante en esta nueva temporada, El Oso afronta el reto de liderar el restaurante. Y, pese a ser uno de los mejores cocineros del mundo y tener numerosos galardones, como líder deja mucho que desear. El caos que Carmy tiene en su vida lo traslada al equipo de trabajo con objetivos imposibles como cambiar de menú cada día. Tampoco es capaz de trabajar en equipo, pues muchas veces no atiende a las peticiones de Sydney y su confrontación con Richie no permite que los camareros y la cocina estén en sintonía. Pero, ¿por qué no escucha a sus compañeros?

La exigencia a la que ha sido sometido a lo largo de su carrera como chef es el eje central del problema. El trato despótico de David Fields en el pasado ha convertido a Carmy en uno de los mejores cocineros, pero en un líder inestable y carente de empatía. Los traumas que genera en el protagonista son notables, como podemos ver en el episodio final, en el que tiene lugar la escena más dura de la serie.
La obsesión por el legado
Uno de los temas centrales de esta última entrega es el legado. Carmy y sus compañeros quieren trascender y dejar un legado. Para ello, el equipo se propone un objetivo: conseguir una estrella Michelín. Pero la presión y las expectativas terminan imponiéndose, siendo un reto imposible, al menos en esta temporada.
La estrella Michelín realmente no es lo importante en la temporada 3 de The Bear, lo que realmente quieren conseguir es hacer algo grande. El legado para un chef de alta cocina lo es todo. Ser capaz de alegrar a la gente, buscar la perfección en cada plato o ser recordado es el verdadero motivo. Y, pese a que todo el equipo quiere trascender, la obsesión del Oso es enfermiza. Dedica las 24 horas del día a su trabajo y no es capaz de cuidar las relaciones personales. Sacrifica la calidad humana y los vínculos emocionales para ser el mejor chef.
Un final caótico y abierto
Tras la conversación del Oso con David Fields, en la que el protagonista rompe a llorar y queda descompuesto, las cosas van a peor. La reseña de la que tanto depende la continuidad del restaurante, parece ser negativa. Y, aunque solo podemos ver pocas palabras, la reacción de Carmy nos revela que, como mínimo, la reseña no ha sido positiva, dejando en el aire el futuro del restaurante
El final de Sydney también queda en el aire. Tras vivir unos meses de caos y lidiar con las imperfecciones de Carmy, la talentosa chef se ve desbordada en muchas ocasiones, como vemos en el último capítulo. Al ver la reseña sufre un ataque de ansiedad, pero este sentimiento es recurrente en la protagonista. El desgaste del personaje va aumentando a lo largo de los episodios. Tanto es este agotamiento, que no sabemos que decisión va a tomar: firmar el contrato de socio o cambiar de restaurante.

¿Es una temporada de relleno?
Las expectativas sobre la temporada 3 de The Bear eran muy altas y, para algunos fans, esta última entrega no ha estado a la altura de las dos anteriores. Una gran parte de la crítica dice que esta temporada es de relleno. Sin embargo, esta es una temporada más que necesaria.
La profundización que hace The Bear en los personajes es excelente, viendo una clara evolución de todo el equipo. Tanto personajes principales como secundarios tienen un gran desarrollo, mostrando sus problemas y el como los afrontan. Todo ello se muestra de una manera orgánica y sin perder la esencia de la serie. La calidad de la producción es innegable y la dirección, la fotografía y la banda sonora siguen siendo impresionantes.
Sin embargo, esta temporada tiene menos acción frenética. El ritmo tan acelerado de otras temporadas choca con la narrativa más lenta pero detallada de esta. Personajes secundarios como Sugar, Richie, Marcus o Tina tienen un mayor protagonismo y se profundiza en sus miedos e inquietudes.
En conclusión, la temporada 3 de The Bear nos demuestra el lado más humano de los personajes mediante un desarrollo más lento y detallado. Prioriza las historias detrás de los personajes y sus vínculos emocionales. La intriga también es otro elemento fundamental de esta entrega. El final abierto y la situación del restaurante dejan al espectador con ganas de ver la siguiente temporada. De este modo, Christopher Storer (director de la serie) apuesta por un final lleno de dudas, repitiendo la fórmula de la temporada 2.


