La miscelánea de las emociones es un libro que recoge una mezcla de obras de teatro de distintos géneros y duración conectadas por la catarsis de emociones que todas ellas provocan
Juan Expósito es actor de teatro y cine, profesor de interpretación en la escuela Tarambana, director teatral y dramaturgo. Su primera obra de teatro se llevó al escenario en Madrid en 2004. Su última publicación es La miscelánea de las emociones, una recopilación de obras escritas tanto para ser leídas como representadas.
En su entrevista con El Generacional, Juan Expósito trata múltiples temas relacionados con el proceso de creación artístico, la actualidad cultural y el valor de las emociones. Desde las primeras inquietudes como actor a la música que influyó en su obra, conoce al autor de un libro compuesto por lo poético, lo cotidiano, lo mágico, lo dramático y, sobre todo, mucha comedia.
Pregunta: El título de la obra La miscelánea de las emociones anticipa una mezcla de escritos totalmente inconexos, ¿existe algún tipo de patrón temático o este título hace justicia a un proceso de creación caótico?
Respuesta: El nombre de la obra precisamente es eso no solo en cuanto a los patrones, hay obras muy breves y obras más canónicas de hora y media de duración; sobre todo, en cuanto a mezcla de géneros. Se suele encasillar el teatro en dos grandes cajones: drama o comedia, ¿por qué hay que dividir? Las obras tienen que provocar risa, melancolía, pensamiento… y yo intento que estas emotividades estén mezcladas. Para mí el éxito es que alguien me diga que ha llorado y ha reído a la vez. Por ello, cuando hablo de miscelánea hablo de una catarsis de emociones, de una mezcla de patrones de género y estilo. Estamos en una época en la que la vida es demasiado aséptica. Está muy de moda un pensamiento de copia y pega para quedar bien con otras personas. Es necesario provocar emociones para generar cosas puras y nuevas.
P: Tanto en la mente como en el tiempo los protagonistas de las obras viajan en múltiples ocasiones al pasado, ¿a qué se debe? ¿Hay cierta nostalgia social o personal?
R: No creo eso de que un tiempo pasado fue mejor. Hay unos años que marcan mucho en los que todo lo vivido lo has succionado como una esponja y te han influido en lo que eres ahora. Quizás, sean estos años, entre los 15 y los 19, en los que la vida te hace escoger una dirección. Cuando uno empieza a tener más confianza, a establecer relaciones férreas con amigos, la primera carrera… También depende mucho todo lo que lees y ves. Yo, antes de arte dramático estudié magisterio y al acabar el primer año me di cuenta de que era otra persona. No echo de menos el pasado, soy muy feliz ahora; pero sí que recuerdo venir a Madrid a perseguir mis sueños. Era muy joven y quería generar el itinerario de mi propio vuelo.
P: Mientras estudias magisterio, ¿qué te hace decantarte por una profesión, como es el teatro, que muchos equiparan con un viaje en montaña rusa?
R: Me pasó algo parecido a la escritura, cuando leía quería estar al otro lado del papel. Con el teatro, fui a ver a un cuentacuentos y me pareció tan maravilloso lo que hacía que quise ser como él. Me apunté rápidamente a un curso de contar cuentos y poco a poco empecé a tener éxito entre colegas, compañeros de clase, de facultad… Me empezaron a llamar de ferias y pueblos y un día estaba contando cuentos en la Feria del Libro de Badajoz en un escenario tremendo con el Parque de Castelar lleno de gente, con técnicos de sonidos, micrófono y dos bafles. Entonces, cuando bajé del escenario después del aplauso final, en un sombrero de paja que yo tenía dos chicas me dejaron un papelito que ponía: “ojalá sigas haciendo a la gente tan feliz como nos has hecho a nosotras esta tarde”. Ahí decidí que quería ser artista.
P: ¿En qué momento decides dejar de interpretar bajo la dirección de otros para escribir tu propia obra?
R: Por pedante que suene, hay algo de necesidad en escribir. Hay momentos en los que la escritura es la manera de expurgar los problemas y deshacer los nudos psicológicos. Luego, es tan sencillo como acabar arte dramático, estar cansado de esperar a que te llamen y comenzar a escribir. Es una necesidad mucho más pragmática de decir «yo me quiero dedicar a esto». Además, empecé a dar clases al año siguiente de salir de la carrera, lo cual es mucho más valiente. Ahora ya llevo casi veinte años enseñando, durante los diez primeros era más joven que la mayoría de mis alumnos.
P: Desde 2019 eres profesor en la escuela de teatro Tarambana, ¿qué beneficios puede tener actuar para los que buscan aprender este arte?
R: Tengo un respeto tremendo por la psicología y no creo que sea terapia psicológica; pero si es terapéutico sin necesidad de que yo tenga que ser terapeuta. El propio teatro es terapéutico, en él uno expulsa sus emociones, ríe y llora. En clase no solo se ensayan escenas, también hacemos ejercicios que muchas veces tocan con resortes emocionales muy íntimos y personales. En mi clase yo siempre sugiero que los estudiantes lleguen hasta donde quieran; sin embargo, la gente acaba expurgando dolores que tenía dentro y que, a lo mejor, en otro contexto no lo hubiesen sacado. Además, el teatro cultiva y eso es muy bonito. Nos llena de cultura, nos hace crecer como personas y adquirir la belleza de la vida.
P: Monólogos como “Sinceridad” o “Mi amigo de papel” expresan un combate entre vivir con los pies en la tierra o abstraído en un mundo de ficción, ¿qué valor atribuyes a la imaginación?
R: Según el psicólogo Piaget, la capacidad de abstracción, que se da hasta los siete, ocho años, es imaginarte que las cosas con las que juegas son reales. El niño juega a las tazas de té y se imagina que alguien está sentado con él; perder eso es perder la capacidad de abstracción y la misión del es escritor es recuperarlo. Mi libro está impregnado de una tradición de la literatura latinoamericana que es el realismo mágico. A mi me encantan los cuentos de Borges, Benedetti, García Márquez… Escribir es combatir nuestra racionalidad.

P: Los escritores frustrados abundan en la obra, ¿qué te resulta tan interesante del vivir de una profesión tan creativa?
R: Me interesa mucho el looser, el antihéroe. A mí la vida del escritor exitoso no me llama la atención, me interesa la gente que pierde, que tiene ruinas diarias, abismos cotidianos… El escritor que escribe poesía debajo de la marquesina o el actor que carga su camión a las cuatro de la mañana. Uno puede pensar que es grito de rabia porque llevo toda la vida escribiendo y nunca he metido un pelotazo; en el fondo, yo no quiero lanzar una piedra y que la piedra llegue muy lejos, sino que la piedra haga muchas onditas en la orilla, que influya en la gente de mi alrededor. A los jóvenes actores siempre les recomiendo que como vengan buscando la fama mejor se dediquen a otros caminos.
P: En La miscelánea de las emociones mencionas a una serie de músicos que tuvieron mucha presencia en la España de finales del siglo XX. Algunos de ellos son Ismael Serrano, Sabina o Luis Eduardo Aute o Diego Vasallo, ¿qué impacto han tenido sus canciones en tu obra?
R: Muchísimo, la música ha sido una de las grandes ventanas que ha tenido la cultura y la vida para mí. Cuando yo estaba en Badajoz, descubrí Madrid a través de sus canciones. La música estaba presente en todos los momentos de mi día, escribía con música. Siempre he escrito con cantautores de fondo que me han influido de manera ineludible. Es escuchar Amo tanto la vida de Ismael Serrano y saber que voy a llorar, sus canciones me provocan emociones que de alguna manera se van a proyectar en el texto. El que más impregnado está en la obra es Aute, él es terriblemente teatral, un canto a la libertad del alma. Incluso hoy fomento que los jóvenes sientan su música, las emociones son transgeneracionales.
P: Has mencionado la influencia latinoamericana en la obra, ¿qué dramaturgos te han acompañado bajo el brazo durante tu trayectoria?
R: Valle-Inclán, Lorca, Shakespeare, Tennessee Williams y los clásicos griegos. No hay autores modernos a los que recurra, yo pienso: ¿cómo solucionaría esto Tennssee Williams? Aunque no se vea a simple vista, en mis obras de teatro hay Lorca, hay esos poderes que él decía que no podemos controlar como el deseo, la visceralidad o la Tierra.
P: ¿Por qué el consumidor de teatro tiene que acercarse a tu obra?
R: Mi libro ha sido hecho tanto para leer como para representar sus obras. Yo animo a toda la gente que quiera hacer teatro a que pueda acercarse al libro y pruebe a ponerlo en escena. En una época en la que todo está muy etiquetado, creo que la gente que no se atribuye ninguna etiqueta puede acercarse a la obra. Sobre todo, para aquellos, con necesidad de emociones, con ganas de no pensar, de sentir alegría, tristeza, melancolía…
P: En la actualidad, ¿calificarías la producción teatral en España en un punto de auge o de decadencia?
R: Ahora la gente va al teatro por dos cosas: por ser una producción o porque hay algún famoso en el elenco. Todo lo que no es mainstream no se ve. Hoy en día hay una gran crisis del teatro que está camuflándose por parte de los medios de comunicación que dicen que el teatro está en auge; en realidad, lo que está en auge es la Gran Vía, el musical y el famoseo. Tiene que haber un trabajo de base desde la infancia; cuando les pregunto a los chavales en Tarambana cuántas veces van al teatro, el que más son dos veces. El teatro se está bipolarizando como la sociedad, está empezando a haber teatro para ricos. Se debe poder ir al teatro de una manera más asidua y económica.


