‘Pum pum’, ‘pum pum’

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Luis Suárez está demostrando que su olfato goleador sigue más vivo que nunca

Suena música western de fondo, los zapatos dejan su huella en la arena de ese pueblo tan pintoresco en el antiguo oeste americano. La tensión se palpa en el ambiente, el duelo  está a punto de producirse.

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Al lado izquierdo, se encuentra el viejo pistolero. Demasiada experiencia acumulada durante muchos años hacen que sus nervios sean de acero. Vestido de rojiblanco y con el número nueve a la espalda, se presenta con las ganas de demostrar que los ‘viejos rockeros’ nunca mueren.

Armado con un carro lleno de goles, el maestro uruguayo todavía no ha perdido la astucia que tanto le caracterizaba en el pasado. Durante un tiempo hubo rumores de que había desaparecido y que había perdido esa arma tan preciada que a tantos rivales había demolido, pero nada más lejos de a la realidad.

 

Luis Suárez alza el dedo tras marcar un gol | Fuente: Marca

No está solo

Después de formar equipo con el mejor francotirador de la historia, ahora se ha rodeado de auténticos gladiadores dispuestos a servirle hasta el último aliento. Todos tienen una característica que les hace excelentes acompañantes: Marcos, ese soldado inexpugnable, incansable, con puro músculo; Joao, el aprendiz con mayor proyección de toda la comarca; Yannick, cuyas habilidades de lucha no dejan indiferente a nadie; y, Jan, el mejor escudero que un guerrero puede tener.

Luis Suárez abraza a Marcos Llorente | Fuente: El Confidencial

En el lado opuesto, tiene varios oponentes esperando turno. Algunos se llaman Cádiz, otros Huesca y otros Celta, pero para él son indiferentes. Todos quieren destruir el legado de nuestro protagonista, derribarle, retirarle de la arena definitivamente. Pero basta con una única provocación para que el pistolero saque el arma. Primero dispara y luego pregunta.

El duelo comienza, Luis sale concentrando, se besa la muñeca y los tres dedos de la mano. Nunca hay que perder las costumbres. Las miradas se cruzan, manos cerca de los cinturones esperando el momento justo para demostrar de lo que es capaz.

Solo dos amagos son suficientes para que el pistolero ponga las balas donde quiere. No necesita más. Pum pum, pum pum. Que pase el siguiente.

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