Ninguno de los dos equipos quiso disfrazarse en la escueta fiesta de Halloween del Stadion Letzigrund. El 1-1 final le da algo de oxígeno a los zuriqueses, que evitan la cola, y deja al FC Lugano sin liderato compartido. Muci y Aliseda, los autores de los goles.
Resulta fácil caer en la tentación de abusar de referencias o juegos de palabras con un evento tan multitudinario como Halloween. Esta crónica, de hecho, ya traía título antes incluso del inicio del partido: «Pesadilla en Badenerstrasse»; «La matanza de Zúrich»; «Expediente Schällibaum». Pero no. Grasshopper Club Zürich y FC Lugano no quisieron ni siquiera disfrazarse. Llamaron más al timbre, pero los locales se fueron con el mismo número de chuches que los visitantes. En la vida ganan los más pillos.

El Grasshopper llegaba a su cita con el FC Lugano en vilo. Tras su traumático mes de octubre, el equipo navega lejos de la costa, aun contando buena tripulación. De haber perdido, iría último junto con el FC Winterthur. Y el FC Lugano, de haber ganado, habría vuelto a dar caza a FC Zürich y a Servette FC en el liderato. Esta jornada, la 12, daba pie al comienzo de la segunda vuelta de tres en total que cuenta la Swiss Super League. En la de apertura, este mismo partido acabó con 2-1 a favor de los de Mattia Croci-Torti, con un tanto en el descuento. El Grasshopper, pues, no se arrugó. Pero Ignacio Aliseda tampoco.
Preparados, listos…
A los partidos del Grasshopper no acude demasiada gente. Son tiempos raros para el club de fútbol más laureado de Suiza. El Stadion Letzigrund, con casi 25.000 espectadores de capacidad, apenas pudo contar 3.700. Parecía un partido de aquellos en pandemia. Eco. Gradas vacías. Pero su Sektor IV de aficionados y los escasos desplazados desde Lugano no quisieron regocijarse en el recuerdo. El once de los grasshoppers varió: volvieron a la titularidad el joven atacante Nikolas Muci, formado precisamente en las filas del Lugano, así como Bojang, el centrocampista Meyer y el canadiense Mathieu Choinière. Cumplía ciclo de tarjetas el queridísimo capitán Amir Abrashi, coreado en el minuto seis de partido por aquello de su dorsal. El extremo Renato Steffen, el mejor jugador del cuadro visitante, descansaba en el banquillo.

La primera gran acción llegó de la mano de Giotto Morandi. Muci condujo desde la izquierda hacia dentro, hizo una fantástica ruleta, hubo rechaces, la cogió Lee, intentó otra ruleta, la perdió, Morandi se encontró el balón en la frontal y su zurdazo se fue fuera. Schällibaum dijo de Lee hace cosa de un mes que es algo así como una montaña: grande, inamovible. Si bien es una metáfora facilona, en este caso representa perfectamente al joven delantero surcoreano. Przybyłko tampoco se queda corto, y así, receloso, quiso hacerlo saber con un buen cabezazo atrapado por Hammel. Los locales, concentrados en defensa, apenas concedieron ocasiones de peligro, en todo caso protagonizadas por el diabólico extremo argentino Ignacio Aliseda. Y no, lo suyo no es ninguna eventualidad. Se disfraza —o acaso se desdisfraza— de demonio siempre que juega. En cualquier caso, Muci remató a gol un córner botado por Morandi en el 30′. Un periodista más o menos mayor se preguntaba en la tribuna si no era que este chico jugaba en punta, que no en la izquierda, y afirmaba que aun con esas estaba siendo el mejor de la primera parte. Muci quiso darle la razón con un disparo lejano que quedó cerca de sorprender a Saipi. El periodista terminó de fumar su cigarro y enfiló la sala de prensa.

Pasada la medianoche
El segundo tiempo parecía tomar un rumbo similar. Bojang siguió sumido en su caos por banda derecha, y en el 51′ cabeceó con potencia un caramelo de Noah Persson. Malas noticias para él: Saipi atrapó su remate y Aliseda marcó a la contra con un disparo ajustado a la cepa del palo largo. La primera titularidad en liga para el joven Bojang, no obstante, fue positiva. En el 66′ se marchó sustituido por el argentino Tomás Verón Lupi. Antes había entrado Renato Steffen. Mattia Croci-Torti cuenta para su Lugano con dos extremos letales, auténticos perros de presa. El que fuera jugador de Young Boys, Basilea y Wolfsburgo hizo notar su currículum, pero no acabó de sucederse ninguna ocasión clara más. Lupi, que parece que va a hacer un touchdown cada vez que coge el balón por cómo se encorva sobre él, consiguió varios córneres para su equipo. Uno de ellos, en el 86′, fue rematado por Meyer y salvado de nuevo por Saipi. Si bien el Grasshopper gozó de varias situaciones de contragolpe en la recta final del partido, no fue capaz de materializar ninguna de ellas.

Así, con este empate, el Lugano afronta la jornada del fin de semana como tercer clasificado, cuando recibirá a un aguerrido Yverdon-Sport en su Stadio di Cornaredo. Hace escasos diez días, este mismo partido acabó con victoria por 2-0 para los de Vaud. El Grasshopper, por su parte, visitará a un FC Luzern algo estancado desde hace algunas semanas y que ya le privó de llevarse los tres puntos en la segunda jornada de liga con un gol en el 85′. Toca seguir buscándose los regalices.


