La NBA sigue teniendo una gran presencia estadounidense, pero los demás países se han asegurado de dejar huella estos últimos 25 años
El baloncesto es el segundo deporte más jugado en el mundo. En 1891, James Naismith, un profesor de la Asociación Cristiana de Jóvenes de Springfield (Massachusetts), inventó el baloncesto para tener un deporte al que jugar durante el invierno. En 1946, se fundó la Asociación Americana de Baloncesto (BAA), que tres años después se comenzó a conocer como NBA. Todo nace en una época donde la segregación estaba a la orden del día en Estados Unidos, por lo que la diversidad y la inclusión dentro de la liga no fueron virtudes que aparecieron desde el principio. No es hasta 1950 cuando Earl Lloyd se convierte en el primer jugador de raza negra en jugar un partido oficial. Y ni hablar de la normalización de los extranjeros en la liga, que hasta el comienzo del siglo XXI no era una posibilidad.
Hedo Türkoğlu abrió la lata
La noche del draft del año 2000 supuso el comienzo de una nueva era. Sí, Hakeem Olajuwon, nigeriano natal, ya había ganado un MVP. Sí, Detlef Schrempf, el mejor alemán hasta Nowitzki, ya fue All-Star. Pero el año 2000, cuando Yugoslavia y la Unión Soviética ya se habían disuelto y organizado, fue un punto de inflexión en el desarrollo de jugadores. Ese 28 de junio, en el Target Center de Minnesota, el turco Hedo Turkoğlu fue seleccionado en la decimoquinta posición. No se ha convertido en el mejor jugador de todos los tiempos, ni siquiera se ha quedado cerca. Pero demostró que no todo es blanco o negro para los extranjeros en la NBA. No tienes que ser una leyenda ni tampoco vas a abandonar la competición rápidamente. Hedo jugó quince años, promediando más de diez puntos y jugando unas Finales, además de ganar el premio al Jugador Más Mejorado.

Un año después, el 27 de junio, Pau Gasol se convirtió en el segundo español elegido en el draft de la NBA. Entre los doce primeros puestos también aparecieron el senegalés DeSagana Diop y el bosnio Vladimir Radmanović. El español se convirtió en ese momento en el tercer jugador no estadounidense en ser elegido entre los tres primeros del draft. A partir de ese instante, comenzó a construir su leyenda y ha llegado a convertirse en uno de los mejores europeos de la historia.
Yao Ming tiró la puerta abajo
Europa y África han sido minorías en la historia del baloncesto de élite, pero Asia era inexistente. Yao Ming aterrizó en la NBA para cambiar eso, y lo logró a lo grande. Sigue siendo, al menos hasta ahora, la mayor referencia en la historia del baloncesto asiático. Ming recayó en los Houston Rockets y, debido a sus 229 centímetros de altura, tuvo graves lesiones de rodilla. Aún así, consiguió ser All-Star en todas las temporadas de su carrera, algo que ni Michael Jordan ni LeBron James pueden decir. Con él llegaron Juan Carlos Navarro y Luis Scola, leyendas en sus respectivos países.

A partir de ese momento, todo fue hacia arriba. En 2003, Boris Diaw y Leandro Barbosa. El turco Ersan Ilyasova y el polaco Marcin Gortat aterrizan en 2005. Un año después, el italiano Andrea Bargnani fue número uno del draft, seguido por Thabo Sefolosha, de origen suizo. 2007 sería el año de Marc Gasol, el hermano pequeño de la legendaria familia catalana. Serge Ibaka, Nicolas Batum, Goran Dragic, Ricky Rubio, Jonas Valanciunas, Bojan Bogdanovic y Evan Fournier fueron los más destacados desde 2009 hasta 2012. Hasta que llega el draft de 2013, que cambió la visión internacional del todo.
2013 vino a cambiar la historia
Giannis Antetokounmpo, Dennis Schroder y Rudy Gobert entraron a la NBA en el año 2013. El primero, nacido en Grecia y de padres nigerianos, se ha convertido en el mejor jugador de la historia de su franquicia, los Milwaukee Bucks. Dos premios MVP de la temporada regular, uno a Defensor del Año y un campeonato de la NBA. El segundo, de origen alemán, ganó el MVP en el Mundial de Baloncesto de 2023. Gobert, pívot francés elegido por los Utah Jazz, ha ganado cuatro galardones a Defensor del Año, convirtiéndose en uno de los defensores más dominantes de la historia.

Si algo tienen en común este trío de perfiles es la visión que los equipos tenían de ellos cuando les seleccionaron. Se les veía como jugadores con un gran potencial, pero con una enorme necesidad de desarrollo, sin esperar que se convirtieran en iconos del deporte. Los tres jugaron en sus ligas locales antes de dar el salto a la NBA, lo que también hizo que los ojeadores dudaran de que su nivel pudiera traspasarse a una competición de mayor nivel. Un año después esto volvió a ocurrir con Nikola Jokic, un pívot serbio torpe y pasado de peso que ya cuenta con tres MVP y un campeonato nacional.
Ya no hay vuelta atrás
Todas estas adiciones a la competición han confirmado que los extranjeros han llegado a la NBA para dominarla. Los últimos seis premios al MVP de la temporada han sido para jugadores nacidos fuera de Estados Unidos, igual que cinco de los ocho últimos reconocimientos a Defensor del Año. Y la confirmación no está sólo en el presente, sino también en el futuro. Victor Wembanyama, elegido número uno en 2023, es uno de los mayores proyectos de la liga. Alberto Clemente, redactor del Diario AS, nos asegura que “los mejores jugadores estadounidenses son cada vez más veteranos, mientras que los jóvenes que dominan la competición son de fuera”.
En general, esta temporada 2024-25 ha empatado el récord de jugadores extranjeros en la liga, con 125 representantes al inicio de la campaña. Todos ellos se dividen en 43 países alrededor de cinco continentes, siendo Canadá (24) y Australia (14) los más representados. En cuanto a los conjuntos con mayor cantidad de internacionales, Oklahoma City Thunder y Portland Trail Blazers comparten el récord con siete jugadores en plantilla. Entre ellos se encuentra Shai Gilgeous-Alexander, que ha sido el mejor jugador de la temporada. Además, a excepción de los Milwaukee Bucks, todos los equipos cuentan con al menos dos jugadores internacionales.

Sin embargo, esta gran cantidad de competidores de otras naciones no han llegado a la centena de la noche a la mañana. Aunque el Siglo XXI ha supuesto una revolución en el baloncesto internacional, los primeros años fueron un duro proceso. Esta cifra de 125 jugadores se ha mantenido en la temporada 2023-24, acumulando cerca del 30% del total de jugadores en la liga. No es hasta la campaña 2013-14 cuando uno de cada cinco representantes de la NBA no nacieron en Estados Unidos. Esto puede parecer poco, pero teniendo en cuenta que la temporada 1999-00 sumaba apenas un 8% de jugadores extranjeros, estamos ante un proceso imparable.
Una rivalidad desbalanceada
En el ámbito internacional, a pesar de este progreso por parte del resto de territorios, todavía hay mucho trabajo. La Selección de Estados Unidos es la mayor potencia mundial de la historia en cuanto a Juegos Olímpicos se refiere. Es la competición por excelencia en el baloncesto, lo que hace que los estadounidenses estén más motivados a ir. De las 21 ediciones del torneo, Estados Unidos se ha llevado el oro en 17 de ellas, incluyendo las cinco últimas y ocho de las últimas nueve. De las cuatro ediciones que no han salido campeones, tres de ellas fueron ganadas por la Unión Soviética y Yugoslavia, territorios ya inexistentes. En el caso del Mundial de Baloncesto, el cuadro estadounidense se ha llevado cinco oros en 19 ediciones, con 12 medallas en total. Esto se debe a la poca importancia que los grandes jugadores de este país le otorgan a esta competición, haciendo que no acudan los mejores talentos. Para Juanma Rubio, jefe de la sección de baloncesto del Diario AS, esta selección sigue siendo la favorita, aunque pueden perder, ya que sus partidos son cada vez menos show y más competición, no como hace 30 años.

En conclusión, el baloncesto internacional ha dado pasos gigantescos en su evolución en este cuarto de siglo. Gracias a la exportación del talento entre continentes y a las mejoras en los entrenamientos y la táctica, diferentes territorios han crecido hasta convertirse en potencias. Todavía queda un largo camino para alcanzar a un país como Estados Unidos en este aspecto, y es posible que nunca llegue a suceder, pero lo que está claro es que ya no quedan estigmas causadas por el país de procedencia que figure en el pasaporte.

