La guerra entre Rusia y Ucrania ha conmocionado al mundo occidental. La invasión por parte del gigante ruso a su país vecino, por desacuerdos con respecto a su intención de entrar en la OTAN y a su trayectoria cada vez más europeísta, ha provocado el rechazo tanto por parte de los países pertenecientes a la Alianza Atlántica, como del resto del mundo.
Los políticos que condenan el acto están imponiendo cada vez más sanciones al Kremlin mientras tratan de prevenir las crisis (tanto migratoria como económica) que están al caer. Todos saben que imponer sanciones a Rusia es como pegarse un tiro en el pie; ya que éste es uno de los países de los que más depende Europa a la hora de conseguir materias primas tales como el gas, el petróleo y el trigo, entre otros.
Los países europeos y norteamericanos están atentos a la actualidad, enviando armamento y tropas a Ucrania y a los países fronterizos para que se puedan defender. Mientras tanto, observan cómo el presidente Ucraniano, Volodymyr Zelensky, ante la diferencia de miembros del ejército profesional que existe con respecto a Rusia, anima a los hombres de entre 18 y 60 años a quedarse para proteger a su país, sabiendo que tienen todas las de perder.
Pero algo más podría suceder en la otra parte del mundo. El gigante chino podría decidir que ahora es el momento perfecto para recuperar un territorio que, a su parecer, siempre le ha pertenecido. Se trataría de la isla de Taiwán.
As #Russia's savage war goes on, #China is waging a campaign of cognitive warfare against #Taiwan seeking to sow doubt over the #US & #EU, & sap our will to defend. But Taiwan stays vigilant & knows who to side with. We condemn & sanction the aggressor, & #StandWithUkraine🇺🇦. JW
— 外交部 Ministry of Foreign Affairs, ROC (Taiwan) 🇹🇼 (@MOFA_Taiwan) February 26, 2022
Antecedentes y contexto
A día de hoy, China ve a Taiwán como una provincia rebelde que se reunificará con el continente tarde o temprano. No obstante, numerosos taiwaneses están en desacuerdo, puesto que Taiwán se ve a sí mismo como un país independiente, gobernado democráticamente, pese a que nunca ha declarado oficialmente su independencia.
A su vez, cabe remarcar que este conflicto se remonta a hace siglos, y es lo que trataremos de explicar en este apartado.
Después de ser colonia holandesa por un tiempo breve (1624-1661), Taiwán fue indiscutidamente administrada por la dinastía Qing de 1883 a 1895. Sin embargo, en 1895, después de la victoria de Japón en la primera guerra sino-japonesa, el gobierno Qing no tuvo más opción que ceder Taiwán al país nipón, el cual, después de su rotunda derrota en la Segunda Guerra Mundial, tuvo que renunciar al control de todos los territorios que había ocupado en China. La entonces República de China, uno de los países vencedores en esa guerra, empezó a gobernar Taiwán con el consentimiento de los aliados, Estados Unidos y Reino Unido.
Por otra parte, la guerra civil de China, que se había iniciado en 1927, continuó tras la II Guerra Mundial y, pocos años más tarde, las tropas del gobierno de Chiang Kai-shek fueron derrotadas por las fuerzas comunistas lideradas por Mao Zedong.
Chiang y lo que quedaba de su gobierno nacionalista del Kuomintang (KMT) se refugiaron entonces en la isla de Taiwán, en 1949, proclamando la República de China en ese territorio, defendiendo que seguían siendo su gobierno legítimo, y por tanto, lo controlaban y ejercían sobre ellos su poder. Este grupo de personas, al que se conoce como chinos continentales y que contaba con cerca de millón y medio de personas, dominó la política taiwanesa durante muchos años, aunque sólo representaba el 14% de la población.
Tras heredar una dictadura, y enfrentando la presión de la sociedad contraria al régimen y un movimiento democrático ejercido por el hijo de Chiang, Chiang Ching-kuo, que así empezó a permitir un proceso de democratización en la isla.
El presidente Lee Teng-hui, conocido como el «padre de la democracia» en Taiwán, lideró los cambios constitucionales que llevaron a la apertura política y que eventualmente conllevaron a la elección del primer presidente no ligado al KMT, Chen Shui-bian, en el año 2000.
¿Por qué quieren Taiwán?
El analista político internacional Gustavo Bren asegura que, para China, “Taiwán es un territorio chino que está en un estado de beligerancia diplomática constante”.
En un principio, China estaría buscando ejercer un control pleno sobre Taiwán para impulsar su economía interna. La isla, desde que está bajo la influencia de los norteamericanos, ha tenido un crecimiento exponencial, convirtiéndose en uno de los países que cuentan con una de las mayores actividades comerciales del continente Asiático.
Además de su creciente economía, Taiwán es rico en sal, petróleo, lignito y oro. También cabe destacar que cuenta con una excelente red de vías de comunicación, ya que tiene una gran cantidad de bahías que permiten la entrada y salida de buques continuamente.
China considera a Taiwán como una provincia más prácticamente desde que en 1943, Roosevelt, Churchill y Ciang Kái-Shek establecieron que todos los territorios conquistados o cedidos a Japón durante la guerra chino-japonesa serían devueltos a China. Desde 1950, Taiwán se ha convertido en la sede de la China nacionalista, protegida por la VII flota norteamericana de la China comunista.
Situación actual
Después de décadas de hostilidad, China y Taiwán empezaron a tender puentes en los años 80. China abogó por la fórmula conocida como «un país, dos sistemas», bajo la cual Taiwán podría ejercer una autonomía significativa si aceptaba la reunificación con China. Este sistema fue implantado en Hong Kong, en cierto modo a manera de muestra para el pueblo taiwanés. La oferta fue rechazada por Taiwán, pero el territorio relajó las restricciones de visitas e inversiones en China continental.

En 1991, Taiwán proclamó el fin de la guerra con la República Popular China. La elección de Chen Shui-ban como presidente de Taiwán en 2000 alarmó a Pekín, pues apoyaba abiertamente la independencia de la isla.
Chen fue reelegido en 2004, lo que motivó a China a aprobar la llamada ley anti secesión en 2005, que declaraba el derecho de China a recurrir a «medidas no pacíficas» contra Taiwán si intentaba separarse oficialmente de China continental.
En 2008, Ma Ying-jeou fue elegido presidente. El político buscó mejorar las relaciones, particularmente a través de convenios económicos, es decir, rebajando restricciones de vistas e inversionistas.
Ocho años después, en 2016, fue elegida Tsai Ing-wen, la actual presidenta de Taiwán. Tsai lidera el Partido Democrático Progresivo (DPP), que se inclina hacia la independencia formal de China.
¿Qué implica?
Según infobae, si China permitiera que Taiwán se convirtiera en un país independiente, el control que actualmente tiene el Partido Comunista sobre el país podría debilitarse. Esto es debido a que una de las bases sobre las que se fundamenta el Partido Comunista Chino es en unificar China. En caso de que China consiguiera integrar a Taiwán, conseguiría “rejuvenecer” a la nación y Xi Jinping se convertiría en el líder más poderoso desde Mao Zedong.
Aun así, cualquier invasión conllevaría una serie de sanciones económicas que podrían perjudicar gravemente al país asiático. Además, cualquier ataque sería respondido con las fuerzas militares de Taiwán que, aunque no llegan al nivel (sobre todo numérico) de las de China, sí que tendrían el respaldo de Estados Unidos. Los norteamericanos ya avisaron que en caso de que se produjera un ataque contra Taiwán, no dudarían en responder.

Conclusión
En consecuencia al conflicto ruso-ucraniano que se lleva dando desde hace aproximadamente una semana, las ansias de China por hacerse con el territorio taiwanés han aumentado con creces. Posiblemente se deba a la percepción que hayan adquirido de la posibilidad de conquistar un territorio por la fuerza, y movilizando al ejército de una nación.
Por suerte, a día de hoy no se han producido ataques en ninguna de las direcciones. Tan solo ha habido movimientos que han sido tomados como amenazas. Como por ejemplo, las incursiones de aviones chinos en la zona aérea de Taiwán. Pero en caso de que esta situación se llegue a producir, el riesgo de que las sublevaciones se sucedan en multitud de países sería muy real.
Artículo escrito por Fernando Ortega Ibarra y Sara Hidalgo Pasabados


