El candidato opositor Diomaye Faye se impone en las elecciones de la nación norteafricana
Se pone fin a una histórica campaña electoral en el continente africano. Tras dos años de calvario y sufrimiento en el pueblo senegalés, su gente respira aliviada con los flamantes resultados electorales.
Una «montaña rusa» de la democracia. Así calificaba la situación Saiba Bayo, prestigioso politólogo senegalés residente en España, en su Twitter. La realidad es que no es para menos. Los últimos años en Senegal han sembrado un caos total en una población que salía a las calles y era reprimida con sangre, dolor y muerte. El país de descomponía en pedazos con la gestión del ya expresidente Macky Sall. La coyuntura era insostenible, y el futuro de la nación parecía pender de un hilo de esperanza de los más optimistas.
Con Ousmane Sonko, rostro visible de la oposición, encarcelado por las altas esferas políticas, las expectativas estaban puestas en su inmediato «relevo». Diomaye Faye. Pese a representar el nombre de otro partido, alzaba alta la voz con su lema: «Yomay es Sonko”. Quizás existían ligeras discordancias en las bases políticas de cada uno, quizás en otras circunstancias hubiesen sido rivales directos. Sin embargo, había motivos más que suficientes para ir de la mano en esto. Había que derrocar a un régimen que únicamente se miraba al ombligo, arrancar las raíces de un árbol que había crecido torcido.
El origen del caos senegalés
Macky Sall llegó al poder en 2012. En sus primeras andadas como presidente, el país mejoró notablemente en diversos aspectos sociales que impulsaron a Senegal a consolidarse como nación. Los años transcurrieron, Sall firmó multitud de contratos y convenios internacionales que limitaban los recursos de la sociedad senegalesa en favor de los más pudientes. Aquellos que gozaban de opulentos privilegios a diestro y siniestro.
Un territorio que podía presumir de la posesión de riquezas materiales como el gas y el petróleo, se había convertido en el campo de cultivo para las potencias europeas, el picadero por excelencia de las aves rapaces. Todo ello sin que el gobierno invirtiera un solo céntimo en buscar nuevos objetivos para el crecimiento del país. Paulatinamente, el pueblo se asfixiaba en los brazos del poder.
Repentinamente, emergió la figura de Sonko como una amenaza real para la presidencia. La gente, lastrada por el mandato de entonces, pedía a gritos una figura que ejerciera como salvador. En las elecciones de 2019 consiguió ser la tercera fuerza política del país representando al PASTEF. Se convirtió en el enemigo público número del estado. Acusado falsamente de violación, estuvo cerca de entrar en prisión. No se libraría de estar entre rejas en un segundo intento de la élite política por borrarle del mapa. Sonko en el calabozo, y su partido, el PASTEF, ilegalizado por «corrupción criminal». Disturbios a la vista. Muertos en las calles.
¿Cambio de paradigma?
El triunfo de la oposición puede ser un enorme punto de inflexión para el pueblo de Senegal. Ante la falta de oportunidades eran muchos los que decidían embarcarse en una arriesgada aventura en los cayucos con el objetivo de llegar a Canarias. Personas derrochando fortunas ante la desesperación efervescente en sus vidas. Una sociedad con una media de edad de 19 años, niños que pretenden ser hombres cohibidos por el sistema.
La ideología política de Diomaye Faye rompe con todo lo anterior, clama por savia nueva para los árboles viejos y secos. Vitalidad para la patria senegalesa que necesitaba un cambio para poder seguir explorando nuevos horizontes en el futuro. Pero, no está todo dicho. Diomaye se posiciona totalmente en contra de la explotación de recursos de sus tierras. Los acuerdos internacionales suscritos por Macky Sall todavía pesan en la balanza. El conflicto de intereses políticos es de magnitudes incalculables.
Es triste decirlo, pero veremos quién acaba mandando en Senegal. Si la democracia, o la sombra de los que se ocultan detrás de la corrupción.

