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“Metro Madrid informa”: turismo en Metro

Un recorrido en metro en el que descubrir los secretos de las estaciones de la capital

Recorrer las calles de una ciudad en busca de sus grandes joyas es uno de los grandes atractivos del turismo. Sin embargo, lejos del turismo tradicional existe un Madrid subterráneo que aún tiene mucho que contar.

Los andenes madrileños están impregnados de historia, completamente desconocida para la mayoría. Vagones antiguos y una vuelta al pasado son los protagonistas de los Museos del Metro de Madrid, que pueden visitarse sin ningún coste. De hecho, con cada visita puede sellar el Pasaporte de Museos del Metro, una iniciativa que busca promover e impulsar esta actividad.

A pesar de que no es necesario recorrer todos los museos en un mismo día, es recomendable para que la experiencia sea aún más inmersiva. El recorrido lleva aproximadamente un día si se quiere disfrutar de cada museo y prestar atención a los detalles. Además, hay que tener en cuenta los transbordos y el hecho de que hay que bajarse del metro para poder visitar los enclaves principales. Por no hablar de que la frecuencia del metro no siempre es la mejor.

Una de las estaciones más emblemáticas y de obligatoria visita es la de Chamberí, hoy en día hecha museo, solo abre de viernes a domingo. Aquí se puede adquirir el Pasaporte de Museos además de las entradas para disfrutar de la emblemática e histórica estación. Bajar a esta estación supone verse envuelto entre paredes cubiertas de ladrillos blancos y transportarse a los andenes de varias décadas atrás.

Infografía elaborada por @lu.mahillo

El primer paso es llegar a la línea 1

No obstante, la primera gran parada, y que marca el inicio del recorrido real, es Gran Vía, pero no la subterránea. Un templete es ahora uno de los iconos de la ciudad madrileña y el inicio de la ruta turística en Metro. Se la considera como una de las estaciones más modernas de la red de transporte público madrileño, algo evidente con solo ver los elementos clásicos y modernos que se mezclan en el templete. No es solo cuestión del exterior, sino que la estación de Gran Vía alberga un museo con los restos arqueológicos que aparecieron tras la reforma y ampliación de la misma.

Cogiendo la línea 1 (línea azul para los madrileños castizos) en dirección Valdecarros, en cuestión de minutos, llegamos a Tirso de Molina, una estación en la que los fantasmas son los protagonistas. Merece la pena bajar del metro y acercarse al vestíbulo de Tirso de Molina, cuyos azulejos parecen evocar a los fantasmas.

Continuando en la línea 1, llegamos hasta Pacífico, donde está la Nave de Motores, en el número 9 de la calle de Valderribas, junto a la propia estación. El espacio se construyó entre 1922 y 1923 para mejorar el servicio energético del Metro de Madrid y, desde entonces, mantiene intacto su aspecto original. La nave alberga tres gigantescos motores diésel y otro tipo de maquinaria que se requería para que funcionasen los trenes unas décadas atrás. Un espacio completamente sorprendente.

El círculo vicioso de la línea 6

Tras visitar la Nave de Motores, dejamos la línea 1 atrás para subirnos en la línea 6. Muchos dicen que esta es la línea más terrible del Metro de Madrid por su longitud, pero esconde auténticas joyas entre sus estaciones.

La Prehistoria llega al Metro de Madrid en Carpetana, una estación en la que se encontró un yacimiento paleontológico formado por más de 15.000 restos fósiles de animales prehistóricos. Mandíbulas de caballo primitivo, restos de mastodontes, rinocerostes y tortugas gigantes caminaron sobre Carpetana, al igual que los miles de madrileños que cogen esta línea cada día. Más de 14 millones de antigüedad se recogieron en el museo paleontológico de la propia estación, que le da la bienvenida al visitante con una recreación a tamaño real de un mastodonte.

Unas cuantas estaciones más después y llegamos a Príncipe Pío, una estación bellísima que recrea el ambiente de principios del siglo XX. Merece la pena pasear por sus andenes y sentarse a observar el vaivén de los transeúntes. Además, tiene un centro comercial en su interior, algo que lo convierte en uno de los grandes atractivos de la capital. A pesar de que en esta parada no te sellan el pasaporte de museos, merece la pena bajar y verla.

Desde Príncipe Pío hasta Cuatro Caminos, donde un mural realizado en cemento con tonos negros y grises representa a un toro. Una mirada de piedra atenta los viajeros que corren para coger el próximo metro.

La majestuosa línea 2

Puede hacerse una ruta alternativa para llegar al próximo museo sin tener que pasar por Cuatro Caminos. En Príncipe Pío se puede coger el Ramal y llegar hasta Ópera, donde se puede ver importantes monumentos con un elemento en común: el agua. La otra opción es llegar desde Cuatro Caminos, en la línea 2, tras haber soportado la mirada tan penetrante del toro de piedra. En la estación de Ópera espera un viaje prácticamente submarino. Se puede visitar una parte de la histórica fuente de los Caños del Peral, considerada una de las primeras de Madrid. Además, se encontraba cerca del Acueducto de Amaniel y hay una serie de recreaciones fotográficas expuestas.

El viaje en la línea 2 continua hasta Goya, donde finaliza el recorrido. Caminar por los andenes de esta estación supone adentrarse en la obra de uno de los más reconocidos pintores españoles. El viajero puede hacer un recorrido por las estampas que realizó el artista, como “Los Caprichos” o “La tauromaquia”. Es muy curioso que algunos de los grabados de “Los Caprichos” tienen nombres relacionados con lo que es un viaje en metro como “Subir y bajar” o “Ya tienen asiento”. No obstante, cabe mencionar que los originales de estas estampas están expuestos en la Biblioteca Nacional.

Una vez en Goya, se termina esta experiencia subterránea, hay que completar el Pasaporte de Museos del Metro de Madrid. Solo queda una estación, la cual se queda fuera del itinerario debido a que merece un día dedicado a ella: Chamartín, estación mítica del Metro de Madrid y en la que se puede disfrutar de una exposición de trenes históricos. Andenes en los que se puede oler el ambiente de los años ‘20, cuando el suburbano madrileño abrió sus puertas, son la última parada histórica de Madrid. Pero, hasta que lleguen, recuerden no introducir el pie entre choche y andén.

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