Gestación subrogada: ¿altruismo?

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Ilustración sobre la gestación subrogada | Fuente: Periódico La Tercera

Es un debate que siempre está ahí, pero cada poco tiempo sale al estrado. Los últimos protagonistas de la polémica han sido la actriz Priyanka Chopra y el cantante Nick Jonas, que recientemente anunciaron por redes sociales que han tenido su bebé vía gestación subrogada.

La gestación subrogada es un tema complejo que implica diversas cuestiones relacionadas con las desigualdades de clase social, localización geográfica y género, el supuesto libre consentimiento y el derecho de igualdad, entre muchas otras. A su vez conlleva riesgos físicos, psicológicos y simbólicos para las mujeres. Consiste en una técnica de reproducción asistida por la cual la persona que desea tener un hijo no lleva a cabo la gestación personalmente –ya sea por una decisión personal o por razones médicas–, sino que la concierta con una mujer que, llegado el momento del nacimiento, le entregará al bebé.

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Da igual como quieras llamarlo, gestación subrogada, maternidad subrogada, gestación por sustitución, vientre de alquiler, explotación reproductiva… Sigue siendo el mismo tema bioético controvertido con distintos nombres. En España, el debate había estado “enterrado” –al menos mediáticamente hablando– hasta que un partido se posicionó a favor de la regulación en su campaña política. Cabe decir que dicho partido tildó su proyecto de “prudente y altruista”. Mira que en este país ya nos cuesta ponernos de acuerdo para sacar reformas laborales y educativas, cuanto ni más legislar un asunto donde incurren límites morales, éticos y legales.

Actualmente, España cuenta con la Ley 14/2006, de 26 de mayo, para regular esta práctica. El artículo 10 de esa Ley especifica que está totalmente prohibido el proceso de subrogación materna y estipula que el trámite y ejecución de este proceso es ilegal. A pesar de esto son muchos los españoles y españolas que han recurrido a esta práctica mediante la búsqueda de gestantes en el extranjero, ya que en otros países sí está permitido por método altruista o comercial.

Los dos argumentos por excelencia que esgrimen los partidarios de regular el alquiler de vientres son la autonomía y el altruismo. Ambos tienen algo en común: son fáciles de desmontar. Por autonomía entienden que la mujer que se va a quedar embarazada ha aceptado voluntariamente, existe cierta libertad reproductiva y propiedad del cuerpo. Sin embargo, cómo puede reconocerse una autonomía que nace de un contrato que instrumentaliza a la mujer. No se puede tener por bandera el argumento: “Tú consentiste esto”. Vamos a dejar claro que el derecho a la maternidad o la paternidad a costa de un cuerpo ajeno no existe. Ese derecho que defienden los partidarios a decidir sobre el propio cuerpo desaparece cuando esa decisión está marcada por la necesidad.

Lo mismo ocurre con el argumento de que se hace por altruismo, que además es una observación cínica y oscura. ¿Se puede considerar altruismo la gestación subrogada cuando son muy pocas las mujeres dispuestas a gestar un bebé sin una compensación económica? La respuesta a la pregunta la dejo para la reflexión de la lectora o lector de este artículo de opinión.

Cuestiones como esta de la gestación subrogada se frivolizan y minimizan porque es mucho más fácil que escuchar lo que tienen que decir las mujeres. Y créanme, tienen mucho que decir. Además, no queremos poner en peligro la genuina conciencia de los clientes, por supuesto que no. En cualquier caso, abogo por oponernos a cualquier forma de injusticia global y frenar realidades ocultas como la mercantilización de los cuerpos de las mujeres. Siempre está bien recordar que no estamos aquí para que alguien satisfaga un deseo –que puede ser legítimo y comprensible–, pero no quita que siga siendo un deseo.

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