Valorar las cosas buenas en el momento es de las cosas que más me cuestan. Solo nos damos cuenta de lo que tenemos, o en los peores casos, de lo que hemos tenido, cuando ya no podemos disfrutarlo
¿No te ha pasado que cuando estás constipado y no puedes respirar bien piensas “¡qué poco valoro el respirar sin problema cuando estoy bien!”? Pues esto pasa con todo. No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Es algo que se dice mucho y está muy normalizado, pero no sé por qué si es un error gravísimo. Yo no quiero ser así.
Pero sí lo he sido. Las personas a las que peor he tratado en mi vida con malas contestaciones inmerecidas han sido las que más me han querido nunca. Irónico y vergonzoso a partes iguales. La confianza y la seguridad de dicho vínculo, en este caso con mis padres, que en otras relaciones de mi entorno no llegaba a tal nivel, ha hecho que en ocasiones mi frustración o disconformidad la “pagase con ellos”.
Y todo ello teniendo en cuenta que nos hemos llevado muy bien siempre, nuestra relación ha sido muy cercana y, de hecho, podría considerarlos mis mejores amigos. Sin embargo, el estar fuera de casa me ha hecho valorar mucho más su compañía en mi rutina e, inevitablemente, todo lo que va en torno a su figura, haciéndome reflexionar acerca de lo que he valorado o no lo que día a día me han dado durante 20 años.
Valora lo que tienes y demuestra que lo haces
He puesto mi ejemplo, pero considero que es un problema generalizado. ¿Cuántas veces muestras agradecimiento? ¿Cuántas veces has agradecido los gestos y detalles que pasan desapercibidos (como el hacerte la comida, que ahora yo tanto echo en falta), pero suponen un esfuerzo para ellos y una comodidad para ti? ¿Cuántas veces les das cariño, les dices que los quieres y les demuestras lo importante que es que estén en tu vida?
He resaltado la figura de los padres, pero pasa en todo tipo de relación: también con otros familiares como los abuelos, con las amistades o la pareja. Cualquier tipo de relación debe ser valorada y cuidada a tiempo porque, pequeño spoiler: nadie dura para siempre y nada está asegurado. No hay que dar las cosas por hechas.
Hay veces que, desgraciadamente, necesitas ver el final para ver con claridad, para quitarte las tonterías, para darte cuenta de todos los errores que has cometido (algunos incluso inconscientes, pero no por ello con menos importancia) con el objetivo de, al fin y al cabo, valorar lo que tenemos antes de que sea tarde y cuidarlo, sobre todo cuidarlo.
Necesitamos atención
A veces se dice que el “dinero da la felicidad”. Pese a ser evidente que, para ser feliz, sí necesitas un mínimo de dinero que cubra tus necesidades más básicas, no por el hecho de tener dinero tienes la felicidad garantizada. El dinero no es lo más importante. Si fueras rico, pero no te sintieras querido por nadie, ¿serías feliz? Puede que sí, pero también hay una gran posibilidad de que no ya que el amor genuino y desinteresado jamás estará en venta.
Nos centramos en lo que nos hace falta, aquello que nos podría hacer más feliz, en vez de centrarnos en lo que ya nos hace sentir bien. Las risas, el cariño, el sentirse escuchado y amado son necesidades básicas del humano y la atención, cómo no, va implícita en ello.
Me resulta a veces curioso el término “llamar la atención”. Muy utilizado en ocasiones para dirigirse a personas que han expresado públicamente (ya sea con actos o palabras) su malestar con la vida o para dirigirse a los niños que no paran de hacer cosas para que, como bien dice, les prestes atención.
Puede que te resulte insoportable, pero pregúntate realmente el por qué dicho niño está intentando llamar tu atención de cualquier manera. Tal vez hay algo detrás, tal vez hay sufrimiento escondido, tal vez se siente ignorado en casa y no quiere seguir siendo invisible. ¿A quién no le gusta que le hagan sentir importante, escuchado, que le tengan en cuenta y le presten atención? Eso que tal vez das por hecho porque ya lo tienes, recuerda que hay personas que no cuentan con ello.
Lo más importante
Todo esto es en lo que he estado pensando estas últimas semanas. Supongo que siempre podemos aprender y rectificar. Por mi parte, cada vez tengo más claras mis prioridades, lo realmente importante en la vida.
Terminar dando las gracias a mis personas favoritas, que ya saben quiénes son y a las que les debo gran parte de mi felicidad y mi ser, y en especial, a mis padres.


