Tras el reciente adiós de Sergio Ramos a la selección española, es la primera convocatoria en la que no hay ni un solo jugador de aquel equipo que conquistó el corazón de todos los españoles haciéndonos campeones del mundo. Carpetazo definitivo a una maravillosa etapa, se acabaron las viejas glorias.
Parece no haber pasado el tiempo desde aquel gol de Iniesta en aquella prórroga de infarto en tierras sudafricanas, pero nada más lejos de la realidad, que un buen trecho de más de diez años nos separan de aquel histórico momento. Sí, ha llovido mucho desde entonces. Tanto, que ninguno de los veintitrés que impulsaron a España a las cotas más altas del fútbol mundial sigue ejerciendo servicio en La Roja.
Los Ramos, los Puyol, los Villa, los Casillas… Todos quedarán eternamente grabados en la retina nacional, grandes héroes dotados del más absoluto talento que serán recordados en los anales de la historia como la generación dorada del fútbol español. Jugadores tocados por una varita que realmente pudieron gozar del sabor de la gloria. Un grupo de futbolistas que valió la primera, y quién sabe si la última estrella sellada en la pechera de la selección de un país. Bendita época para el fútbol español cuando todo era cantar y coser.
Ahora toca amoldarse a los nuevos tiempos que corren, la estrella ya se ha perdido en la densa y profunda oscuridad de la noche, no obstante, con trabajo y dedicación se surcarán los cielos en busca de una nueva que ilumine el camino. Es el turno de una nueva era, de un proyecto que consiga volver a hacer vibrar a todos los españoles con la selección. No es tarea fácil, claro está. Conseguir replicar lo que se hizo en ese periodo de cuatro años es algo francamente complicado. Hay que ser optimistas, pero no sin añadirle una pizca de realismo al asunto. En esto del fútbol se tienen que dar muchas circunstancias para alcanzar el éxito.
No es fruto de la casualidad que según se han ido sucediendo los adioses, los retiros y las renuncias a jugar en la selección, el rendimiento de esta se haya visto notablemente reducido en los torneos futbolísticos más prestigiosos. No es fruto de la más remota coincidencia que la selección española no haya vuelto a pisar unos cuartos de final de una Copa del Mundo, como tampoco lo es, que en todos estos años sigamos buscando con brújula y mapa la forma de emular el tiki-taka de antaño. Todo pasa por algo, y quizás, el fallo esta ahí, en que verdaderamente no acabamos de entenderlo al 100%. Es duro, pero no queda otra que apretar los dientes y mirar al frente, porque es ahí, ahí es donde puede estar la solución para encontrar otra estrella que brille, una que lo haga, incluso más que la anterior.

